ARTICULO 20 DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

ARTICULO 10 DEL CONVENIO DE ROMA PARA LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS EXPRESA:

Libertad de expresión:

  1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras. El presente artículo no impide que los Estados sometan las empresas de radiodifusión, de cinematografía o de televisión a un régimen de autorización previa.
  2. El ejercicio de estas libertades, que entrañan deberes y responsabilidades, podrá ser sometido a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones previstas por la ley, que constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad nacional, la integridad territorial o la seguridad pública, la defensa del orden y la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, la protección de la reputación o de los derechos ajenos, para impedir la divulgación de informaciones confidenciales o para garantizar la autoridad y la imparcialidad del poder judicial.

EN TEORÍA, CLARO.

Julio Anguita, adiós a un hombre honesto.

A izquierda y a derecha, las valoraciones sobre Julio Anguita en el día de su muerte se parecen mucho: íntegro, coherente, referente, luchador por la igualdad y la justicia social…

En un presente donde el sectarismo político alimenta el debate o se alimenta de él, la marea de reacciones ante la desaparición del histórico dirigente comunista viene compacta, sin aristas. Lo mismo que el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias habla de la pérdida de un “referente ético”, el alcalde popular de Córdoba, José María Bellido, lamenta un día “muy triste” por el adiós de un “referente político querido por todos los cordobeses”.

CASTIGADOS SIN TWITTER DURANTE SEIS DÍAS.

Comprobamos que cada vez que aparece en Twitter el nombre de Hitler o la esvástica nos quitan el acceso.

Es una obsesión, porque ni tan siquiera ven el video o el twitt, solo el titular ya les vale. Naturalmente a parir no le vamos a poner, pero estamos convencidos de que si lo hiciéramos también lo vetarian.

Censurar un video donde solo aparecen imágenes del Carnaval de Hamburgo de 1937 ya es de por sí demencial, aunque más enfermizo es eliminar y castigarnos por un poema de Hitler a su madre.

Si esto no es una dictadura que baje Dios y lo vea y, de paso, que castigue a toda la chusma inculta que manda en los medios y no permite la libertad de expresión, ni de opinión.

Como diría Fernando Fernan Gómez, (admirado actor, aunque fuera comunista) : A LA MIERDA!!

Úrsula Haverbeck de 91 años de edad, sigue en prisión

Manifestación en Alemania reclamando la inmediata puesta el libertad de Úrsula Haverbeck

Aunque los prisioneros comúnmente son liberados después de cumplir dos tercios de su sentencia, la justicia alemana decide no liberar a la escéptica del Holocausto Ursula Haverbec de 91 años de edad.

Un tribunal alemán decidió el miércoles que esta famosa anciana nacionalsocialista, que cumple una condena de dos años por “negación del Holocausto” no debe ser puesta en libertad antes de tiempo.

Ursula Haverbeck fue declarada culpable de “incitación” por un tribunal en la ciudad norteña de Verden en 2017 y comenzó a cumplir su condena el año pasado.

Haverbeck ha afirmado repetidamente que Auschwitz era solo un campo de trabajo. Ha sido condenada varias veces, pero durante mucho tiempo evitó la prisión debido a largas apelaciones. El máximo tribunal de Alemania desestimó su caso contra la condena de Verden.

Una cifra que no es nada

El Historiador israelí Joel Rappel descubre que la cifra de los”seis millones” de víctimas del holocausto fueron inventadas durante una conferencia sionista en 1944

El director de archivos del Centro Elie Wiesel de la Universidad de Boston e historiador del Instituto de Investigación Sobre el Holocausto de la Universidad de Bar-Ilan, Joel Rappel, descubrió el origen de “los seis millones”: Fue en una reunión de organizaciones sionistas en 1944 en lo que ahora se conoce como el Estado de Israel.
Durante años, partidarios de las “confesiones” sobre Auschwitz de Rudolf Höss reafirmaron su discurso sobre la cifra de los seis millones fue ante otras “confesiones”, esta vez las de Adolf Eichmann, quien fue secuestrado por el Mossad y obligado a participar en Israel en un juicio televisado en1962.
Según documentos de los archivos sionistas centrales, la primera mención de la cifra se hizo el 19 de enero de 1944 en una reunión de líderes sionistas en Palestina, más de un año antes del fin de la guerra en Europa y un año antes de la entrada del ejército rojo.

Eliezer Unger, un judío polaco que ayudó a dirigir la organización juvenil sionista religiosa Hashomer Hadati, es la fuente principal en la evaluación del número de judíos “asesinados” en los campos. Unger afirmó haber escapado del gueto de Varsovia a través de Europa del Este y, después de llegar a Palestina, declaró su intención de “conmocionar al mundo entero, a toda la humanidad y a nuestros hermanos, los hijos de Israel en particular”Unger no tenía evidencia de lo que estaba afirmando, pero si creía que las afirmaciones del rabino Stephen Wise, en los medios internacionales en 1943, de que dos millones de judíos fueron asesinados tuvieran suficiente impacto en la sociedad mundial y Unger se reunió con grupos judíos para acordar un número de víctimas más “comercial”. Unos días más tarde apareció un artículo en que, por primera vez,aparecía la cifra de seis millones, precediendo así a las confesiones de
los líderes alemanes, extorsionados bajo tortura después de la guerra. No
no parece, sin embargo, que Unger mencionara nada acerca de las cámaras de gas. El artículo de “Haaretz” termina especulando sobre el tema ya que el fiscal general de Eichmann, Gideon Hausner, dijo sobre la cifra de seis millones: “En la conciencia de la nación,el número de seis millones se ha convertido sagrado No es tan obvio demostrarlo. No siempre hemos retenido esta cifra en nuestros documentos oficiales, pero ahora ya no podemos ir en contra, se ha convertido en un mito”.

Después de décadas de bombardeos mediáticos, juicios y persecuciones a los revisionistas del Holocausto, parece que la comunidad judía
ahora se ve obligada a recalibrar su discurso, ceder y comenzar a admitir que los seis millones no son nada, aparte de un cifra simbólica de la propaganda sionista. Un golpe al mito en su conjunto.

https://national-justice.com/israeli-historian-discovers-6-million-holocaust-figure-was-invented-zionist-conference-two-years

Portada de la sexta edición del libro de Joaquín Bochaca “El mito de los 6.000.000”. Los ejemplares de esta edición fueron secuestrados y destruidos por la llamada “fiscalia del odio” a las órdenes del Sr. Miguel Ángel Aguilar

Henry Kissinger propone un Nuevo Orden Mundial pospandemia

Henry Kissinger, ex secretario de Estado norteamericano e histórico monje negro del poder global, con sus 96 años, publicó una nota en el Wall Street Journal, titulada: “La pandemia de coronavirus alterará para siempre el Orden Mundial”. En la misma afirma sin ambages: “Cuando termine la pandemia de Covid-19, se percibirá que las instituciones de muchos países han fallado. La realidad es que el mundo nunca será el mismo después del coronavirus”. En su opinión, el combate de tipo sanitario no debe descuidar la conformación del próximo Orden Mundial: “El esfuerzo de crisis, por extenso y necesario que sea, no debe desplazar la urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden posterior al coronavirus”. 

En su estilo globalista, pone en duda la capacidad de los norteamericanos de gobernarse a sí mismos, duda extensible al resto de naciones: “La administración de los Estados Unidos ha hecho un trabajo sólido para evitar una catástrofe inmediata. La prueba final será si la propagación del virus puede ser detenida y luego revertida de una manera y en una escala que mantenga la confianza del público en la capacidad de los estadounidenses para gobernarse a sí mismos”.

Por si esta idea no queda clara, explica: “Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional superar el virus. Abordar las necesidades del momento debe, en última instancia, combinarse con visión y programa de colaboración global”.

Kissinger pone el ejemplo del año 1944, el año en el que se empieza construir un nuevo orden global postguerra, el año de los Acuerdos de Bretton Woods, del nacimiento de instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y se sientan las bases para la ONU: “La atmósfera surrealista que ofrece la pandemia de Covid-19 me recuerda cómo me sentí cuando era joven en la 84a División de Infantería durante la Batalla de las Ardenas. Ahora, como a fines de 1944, existe una sensación de peligro incipiente, dirigido a ninguna persona en particular y que golpea al azar y devastadoramente”, expresó Henry Kissinger.

El monje negro del poder real global precisa 3 puntos que deberán considerarse:

I- Programas de vacunación masivas

“Los triunfos de la ciencia médica, como la vacuna contra la poliomielitis y la erradicación de la viruela, o la emergente maravilla estadística-técnica del diagnóstico médico a través de la inteligencia artificial, nos han llevado a una complacencia peligrosa. Necesitamos desarrollar nuevas técnicas y tecnologías para el control de infecciones y programas de vacunación a escala de grandes poblaciones”.

II- La crisis económica que vendrá será mucho peor que la de 2008, el caos es “inminente”

“Los líderes mundiales han aprendido importantes lecciones de la crisis financiera de 2008. La actual crisis económica es más compleja: la contracción desatada por el coronavirus es, en su velocidad y escala global, diferente a todo lo que se haya conocido en la historia. Y las medidas necesarias de salud pública, como el distanciamiento social y el cierre de escuelas y negocios, están contribuyendo al dolor económico. Los programas también deberían tratar de mejorar los efectos del caos inminente en las poblaciones más vulnerables del mundo”.

III- En el Nuevo Orden Mundial post-coronavirus deberán tenerse en cuenta los “principios liberales de la Ilustración”, en un nuevo contrato social que recupere el equilibrio “entre el poder y la legitimidad”

“La leyenda fundadora del gobierno moderno es una ciudad amurallada protegida por poderosos gobernantes, a veces despóticos, otras veces benevolentes, pero siempre lo suficientemente fuertes como para proteger a las personas de un enemigo externo. Los pensadores de la Ilustración reformularon este concepto, argumentando que el propósito del estado legítimo es satisfacer las necesidades fundamentales de las personas: seguridad, orden, bienestar económico y justicia. Las personas no pueden asegurarse esos beneficios por sí mismas. La pandemia ha provocado un anacronismo, un renacimiento de la ciudad amurallada en una época en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de personas. Un retroceso mundial del equilibrio entre el poder y la legitimidad hará que el contrato social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional”.

Y por último advierte con el “incendio del mundo” si esto este Orden Mundial post-coronavirus no se concreta: “El desafío para los líderes es manejar la crisis mientras se construye el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo”

Texto completo de la nota de Kissinger:

La pandemia de coronavirus alterará para siempre el orden mundial – Los Estados Unidos deben proteger a sus ciudadanos de la enfermedad al comenzar el trabajo urgente de planificar una nueva época

La atmósfera surrealista de la pandemia de Covid-19 me recuerda cómo me sentí cuando era joven en la 84ta. División de Infantería durante la Batalla de las Ardenas. Ahora, tal como a fines de 1944, existe una sensación de peligro incipiente, dirigido no a ninguna persona en particular, sino que golpea al azar y con devastación. Pero hay una diferencia importante entre ese tiempo lejano y el nuestro. La resistencia estadounidense fue entonces fortificada por un más elevado propósito nacional. Ahora, en un país dividido, es necesario un gobierno eficiente y con visión de futuro para superar los obstáculos sin precedentes en magnitud y alcance global. Mantener la confianza pública es crucial para la solidaridad social, para la relación de las sociedades entre sí y para la paz y la estabilidad internacionales.

Las naciones son coherentes y prosperan con la creencia de que sus instituciones pueden prever calamidades, detener su impacto y restaurar la estabilidad. Cuando termine la pandemia de Covid-19, se percibirá que las instituciones de muchos países han fallado. Es irrelevante si este juicio es objetivamente justo. La realidad es que el mundo nunca será el mismo después del coronavirus. Discutir ahora sobre el pasado sólo hace que sea más difícil hacer lo que hay que hacer.

El coronavirus ha golpeado con una escala y ferocidad sin precedentes. Su propagación es exponencial: los casos estadounidenses se duplican cada 5to. día. En este escrito, no hay cura. Los suministros médicos son insuficientes para hacer frente a la creciente ola de casos. Las unidades de cuidados intensivos están al borde, y más allá, de sentirse abrumadas. Las pruebas son inadecuadas para la tarea de identificar el alcance de la infección, y mucho menos revertir su propagación. Una vacuna exitosa podría demorar entre 12 y 18 meses.

La Administración estadounidense ha hecho un trabajo sólido para evitar una catástrofe inmediata. La prueba final será si la propagación del virus puede ser detenida y luego revertida de una manera y en una escala que mantenga la confianza pública en la capacidad de los estadounidenses para gobernarse a sí mismos. El esfuerzo de crisis, por extenso y necesario que sea, no debe desplazar la urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden posterior al coronavirus.

Los líderes están lidiando con la crisis en gran medida a nivel nacional, pero los efectos de disolución de la sociedad del virus no reconocen las fronteras. Si bien el asalto a la salud humana será, con suerte, temporal, la agitación política y económica que ha desatado podría durar por generaciones. Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional superar el virus. Abordar las necesidades del momento debe, en última instancia, combinarse con una visión y un programa de colaboración global. Si no podemos hacer las dos cosas a la vez, enfrentaremos lo peor de cada una.

Extrayendo lecciones del desarrollo del Plan Marshall y el Proyecto Manhattan, Estados Unidos está obligado a realizar un gran esfuerzo en tres dominios.

Primero, apuntalar la resiliencia* global a las enfermedades infecciosas. Los triunfos de la ciencia médica, como la vacuna contra la poliomielitis y la erradicación de la viruela, o la emergente maravilla estadística-técnica del diagnóstico médico a través de la inteligencia artificial, nos han llevado a una complacencia peligrosa. Necesitamos desarrollar nuevas técnicas y tecnologías para el control de infecciones y vacunas proporcionales en grandes poblaciones. Las ciudades, los estados y las regiones deben prepararse constantemente para proteger a su gente de las pandemias mediante el almacenamiento, la planificación cooperativa y la exploración en las fronteras de la ciencia.

Segundo, esforzarse por sanar las heridas de la economía mundial. Los líderes mundiales han aprendido importantes lecciones de la crisis financiera de 2008. La actual crisis económica es más compleja: la contracción desatada por el coronavirus es, en su velocidad y escala global, diferente a todo lo que se haya conocido en la historia. Y las medidas necesarias de salud pública, como el distanciamiento social y el cierre de escuelas y negocios, están contribuyendo al dolor económico. Los programas también deberían tratar de mejorar los efectos del caos inminente en las poblaciones más vulnerables del mundo.

Tercero, salvaguardar los principios del Orden Mundial liberal. La leyenda fundadora del gobierno moderno es una ciudad amurallada protegida por poderosos gobernantes, a veces despóticos, otras veces benevolentes, pero siempre lo suficientemente fuertes como para proteger a las personas de un enemigo externo. Los pensadores de la Ilustración reformularon este concepto, argumentando que el propósito del Estado legítimo es satisfacer las necesidades fundamentales de las personas: seguridad, orden, bienestar económico y justicia. Las personas no pueden asegurar estas cosas por sí mismas. La pandemia ha provocado un anacronismo, un renacimiento de la ciudad amurallada en una época en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de personas.

Las democracias del mundo necesitan defender y sostener sus valores de la Ilustración. Un retiro global del equilibrio del poder con la legitimidad hará que el Contrato Social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, esta cuestión milenaria de legitimidad y poder no puede resolverse simultáneamente con el esfuerzo por superar la plaga Covid-19. La restricción es necesaria en todos los lados, tanto en la política nacional como en la diplomacia internacional. Se deben establecer prioridades.

Pasamos de la Batalla de las Ardenas a un mundo de creciente prosperidad y mayor dignidad humana. Ahora vivimos un período de época. El desafío histórico para los líderes es manejar la crisis mientras se construye el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo.

Fuente: http://kontrainfo.com

*La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. Sin embargo, el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los 65.

Una ejecución como muestra

El día 8 de mayo, día de la "liberación" Los prisioneros de la división francesa Carlomagno son interrogados en Bad Reichenhall el día del armisticio y luego fusilados en violación del derecho internacional. El más joven tenía 17 años. 
Le habían respondido al oficial francés que los acusó de ponerse el uniforme de los "Boches" [cerdos alemanes] que también ellos usaban el uniforme yanqui.
El oficial era el general Jacques-Philippe Leclerc, quien ordenó la ejecución de sus compatriotas. La ejecución tuvo lugar sin juicio el 8 de mayo de 1945 a las 17:00 h.

8 de mayo de 1945, el comienzo de la más cruel ignominia del siglo XX

Enjambres de refugiados que hablaban 20 idiomas distintos se vieron obligados a gestionar una red de transporte que había sido bombardeada, sembrada de minas y abandonada debido a seis años de guerra. Se reunían en ciudades que los bombardeos aliados habían destruido por completo y en las que no había alojamiento ni siquiera para la población local, y mucho menos para la enorme afluencia de recién llegados.»

Y en todos aquellos rincones de Europa ocurrió lo mismo, meses y años después de que aquel psicópata nazi se hubiera suicidado, y mientras los líderes del mundo libre organizaban oficialmente la paz: «Las mujeres y los niños fueron tratados como botín de guerra. Fueron esclavizados de un modo que no se había visto en Europa desde la época del Imperio romano».

Esto ya no fue cosa de civiles, sino de soldados. Los ejércitos aliados liberaron el territorio, las ciudades, los pueblos, pero no salvaron a la población del sufrimiento. Al contrario, mostraron cuán profunda puede ser la ruina del alma humana. No hubo ninguna empatía hacia los ciudadanos de los territorios liberados.

Los soldados del Ejército Rojo violaron por sistema a las mujeres que se les cruzaban en su camino hacia Berlín.

Los soldados británicos y americanos, también, aunque quizás los estudios dirán que menos. La razón es que tenían un recurso más “civilizado” que les faltaba a los soviéticos: el chantaje. Sexo a cambio de las raciones que estaban destinadas a la población, pero que, a causa de la degradación moral que sucede a toda catástrofe en cualquier tiempo y lugar, se desviaban hacia el mercado negro. Los occidentales siempre han sabido cómo someterse a las leyes del mercado para evadir responsabilidades.https://www.youtube.com/embed/wfkDaX1bfuE?feature=oembed

En octubre de 1943, Norman Lewis, de la Sección 91 de la Seguridad Zonal Británica, llegó a una plaza de las afueras de Nápoles, recién liberada por el ejército aliado. Allí había un camión lleno de provisiones estadounidenses, y un enjambre de soldados se estaba llenando las manos con latas para precipitarse acto seguido y en completo desorden en un edificio municipal. Lewis les siguió y anotó en su diario, según lo reproduce Lowe: «Había una fila de señoras sentadas a intervalos de un metro más o menos con la espalda apoyada en la pared. Esas mujeres estaban vestidas con ropa de calle y tenían el aspecto normal del ama de cada casa de clase trabajadora, limpia y respetable, que hace la compra y chismorrea. Al lado de cada mujer se alzaba un montoncito de latas, y enseguida se hizo evidente que era posible hacer el amor con cualquiera de ellas en aquel lugar público añadiendo otra lata al montón. Las mujeres se mantenían muy quietas, no decían nada, y sus rostros eran tan inexpresivos como máscaras. Podrían haber estado vendiendo pescado, salvo que ese lugar carecía de la emoción de una lonja. No había gestos explícitos, ni insinuaciones, ni incitación, ni siquiera la exhibición más discreta y fortuita de la carne. Los soldados más audaces avanzaban a empujones hacia delante, las latas en la mano, pero ahora, ante estas proveedoras de la familia que vienen aquí impulsadas por sus despensas vacías, parecían flaquear. Una vez más, la realidad se impuso al sueño, y cundió el desánimo. Hubo algunas risas de vergüenza, chistes que no hicieron gracia, y una tendencia visible a escabullirse discretamente. Al final, un soldado un poco achispado, azuzado todo el tiempo por sus amigos, puso su lata de víveres al lado de una mujer, se desabrochó y se sentó sobre ella. Inició un movimiento lento de caderas y no tardó en acabar. Un momento después estaba de pie abrochándose de nuevo. Fue algo para olvidar lo antes posible. Podía haber estado entregándose a un castigo en vez de a un acto de amor.»

Aquellos soldados habían sido una vez ciudadanos corrientes, trabajadores y granjeros que vivían en ciudades y pueblos de los países más civilizados del mundo. No eran psicópatas. La experiencia de la muerte despertó en muchos “un placer perverso, incluso una euforia, ante su propia ruptura de los códigos morales”. «En toda Europa, millones de personas hambrientas estaban dispuestas a sacrificar todos los valores morales en aras de su siguiente comida […] de modo que un soldado británico podía decir de la mujer alemana que dormía con él, le hacía la compra y remendaba su ropa que Era como mi esclava”.

Las violaciones no fueron un fenómeno exclusivo de las regiones devastadas por el combate. En Reino Unido, por ejemplo, “los delitos sexuales, entre ellos la violación, aumentaron casi un 50% entre 1939 y 1945”. Incluso los países neutrales, como Suecia y Suiza, experimentaron un aumento de actividades delictivas relacionadas con el robo y la violencia.

En los territorios de combate, tampoco fue un asunto exclusivo de los soldados. El asesinato, el robo y la vejación de mujeres y niñas se convirtieron en parte de la rutina. No había castigo, y muchos se complacían en ello: «Cuando uno de los corresponsales de guerra compañero de Vasili Grossman violó a una chica rusa que llegó a sus habitaciones escapando de la turba de soldados borrachos que había fuera no lo hizo porque fuera un monstruo, sino porque fue incapaz de ‘resistir la tentación’”.

Tras la guerra, en Viena, los registros médicos señalan 87.000 mujeres violadas. En muchos casos, eran violaciones en serie, de diez a veinte soldados por turno que dejaban a la víctima moribunda. En otros casos, como en Prusia, las jóvenes eran retenidas en cuarteles donde se las violaba de sesenta a setenta veces al día. El acoso duró hasta finales de 1948.

«Una generación completa de jóvenes alemanas ‒escribe Lowe‒ aprendieron a pensar que era del todo normal acostarse con un soldado aliado a cambio de una tableta de chocolate. […] En Hungría había decenas de chicas de tan sólo trece años que ingresaban en el hospital aquejadas de enfermedades venéreas. En Grecia se registraron casos como ésos en niñas de sólo diez años.»

Aquellos a quienes los gobiernos aliados llamaron su “mejor generación”, los héroes que acabaron con el nazismo, fueron, muchos de ellos, “ladrones, saqueadores y maltratadores de la peor especie. Cientos de miles de soldados aliados, sobre todo los del Ejército Rojo, eran también violadores en serie”.

«Después de su servicio militar ‒añade Lowe‒, estos hombres se diluyeron de nuevo en la comunidad de Europa, pero también regresaron a Canadá, América, Australasia y otros países de todo el mundo. El efecto, si lo hubo, que estos hombres tuvieron sobre las actitudes hacia las mujeres en sus propios países después de la guerra podría ser objeto de un estudio muy interesante.»https://www.youtube.com/embed/4ONdVO0igTk?feature=oembed

La degeneración no se redujo a las cuestiones personales. Dice Lowe que algunas de las peores atrocidades de la guerra no tuvieron nada que ver con el territorio, “sino con la raza o la nacionalidad”. La Segunda Guerra Mundial fue un burbujeo de conflictos locales en que cada cual aprovechó para solventar rencillas históricas. Los ucranianos asesinaron a los polacos, los rusos querían matar de hambre a los ucranianos y bielorrusos, los búlgaros se cebaron con los griegos que encontraban a su paso. Si por los húngaros hubiese sido, no habría quedado un serbio vivo.

Al finalizar la guerra, estos conflictos no murieron. Se taparon. Por su parte, para los comunistas de toda Europa, incluida la intelectualidad de franceses tan admirados por la progresía, el terror era la gran oportunidad para que los oprimidos del mundo iniciaran la revolución definitiva, otra de tantas. Atizaron el odio, avivaron la violencia en una Europa que ya no podía más.

«El ambiente de ira y rencor que impregnaba toda Europa inmediatamente después de la guerra ‒escribe Lowe‒ era el entorno perfecto para agitar la revolución. Por muy violento y caótico que fuera, los comunistas no lo consideraban una lacra, sino una oportunidad. […] Amplios sectores de la población culpaban a sus gobernantes de haberles arrastrado a la guerra por encima del abismo. Despreciaban a los empresarios y a los políticos por colaborar con el enemigo. Y, cuando gran parte de Europa se hallaba al borde de la inanición, odiaban a todos los que parecieran haber salido de la guerra en mejores condiciones que ellos. Si los trabajadores habían sido explotados antes de la guerra, la explotación durante la misma llegó a su punto máximo […] el movimiento no sólo atraía por ser una alternativa alentadora y radical a los políticos anteriores desprestigiados, sino que además les daba la oportunidad de descargar toda la ira y el rencor que habían acumulado durante estos años terribles. El odio fue la clave del éxito del comunismo en Europa, como ponen de manifiesto infinidad de documentos que instan a los activistas del partido a fomentarlo.»

Por supuesto, los nacionalistas no se quedaron atrás. La limpieza étnica era un sueño en aquellas condiciones. Si fracasaron en el empeño fue porque el inicio de la Guerra Fría imponía otras prioridades y les obligaba a estarse quietos. Se llevó a cabo un programa de expulsiones y realojamientos que separó a las diferentes etnias entre sí. Luego, se dio por zanjado el asunto.

El odio y la degradación nunca abandonarían Europa, como las generaciones que no conocieron la guerra pudieron comprobar de primera mano en los años 90, cuando reventó Yugoslavia. Es algo que también se puede observar ante el auge de partidos de ultraderecha, que no se enteran de nada porque viven de la irracionalidad más asilvestrada, y que son contestados por una creciente ola de ultraizquierda, que habla, a pesar de sus presuntas novedades, con la boca pastosa de sus antepasados, que no ha leído nada nuevo porque se cree, ingenua, que todavía sirven los discursos amarilleados de sus viejas glorias, a las que sólo el fracaso ha convertido en mártires.

En medio, la satisfacción de aquellos que viven anestesiados por el bienestar, creyentes del mito de una Europa civilizada cuyos países lucharon unidos contra el fascista, la extirpada raíz del mal. Al menos, esa ilusión permitió el intento de una unión europea que ha perdido sus mayúsculas ante la realidad.

Aquí, lo único verdadero y ajeno a los mitos es que el ser humano, así tomado de uno en uno, sigue siendo, como diría un ilustre reportero de guerra, un perfecto hijo de puta.

«Si habéis nacido en un país y en una época ‒escribe Jonathan Littell en Las benévolas‒ en que no sólo nadie viene a mataros a la mujer y a los hijos sino que, además, nadie viene a pediros que matéis a la mujer y a los hijos de otros, dadle gracias a Dios e id en paz. Pero no descartéis nunca el pensamiento de que a lo mejor tuvisteis más suerte que yo, pero que no sois mejores. Pues si tenéis la arrogancia de creer que lo sois, ahí empieza el peligro. Nos gusta eso de oponer el Estado, totalitario o no, al hombre vulgar, chinche o junco. Pero nos olvidamos entonces de que el Estado se compone de hombres, más o menos vulgares todos ellos, cada cual con su vida, su historia, la serie de casualidades que hicieron que un día se encontrara del lado bueno del fusil o de la hoja de papel, mientras que otros se encontraban del lado malo. Muy pocas veces ha escogido uno ese itinerario, ni siquiera hay una predisposición a seguirlo. A las víctimas, en la inmensa mayoría de los casos, nunca las torturaron o las mataron porque eran buenas, y sus verdugos no las torturaron porque fuesen malos».

Rafael García del Valle