Descubren que los supervivientes del Holocausto sufren daños cerebrales

cerebrosano_thumbCientíficos checos encontraron una reducción de volúmen de la materia gris en el cerebro de las víctimas sobrevivientes del Holocausto. Cuando compararon los datos con los de sus compañeros, encontraron diferencias en áreas del cerebro asociadas con el trabajo de la memoria, el aprendizaje, la motivación y las emociones. Para los presos que tenían más de 12 años al momento de salir del campo de concentración este efecto fue más pronunciado que para los que tenían menos de 12 años. Los científicos presentaron los resultados de su estudio en un artículo publicado en EurekAlert, según recoge la autora original de este artículo Yana Berman y Paula Dumas para Periodista Digital

La tragedia del Holocausto
Según varias estimaciones, durante la Segunda Guerra Mundial, entre 15 y 20 millones de personas fueron encerradas en 42.000 campos de concentración y guetos, y alrededor de tres millones de ellos murieron. Algunos de los prisioneros fueron asesinados en cámaras de gas, mientras que otros fueron mantenidos como esclavos, obligados a hacer un trabajo duro diariamente. Muchos de los presos murieron de hambre, y los experimentos médicos realizados por los nazis también a menudo terminaron en la muerte.

Por supuesto, la reclusión en el campo de concentración afectó a la salud mental y física de los prisioneros sobrevivientes. El neurofisiólogo checo Ivan Rektor de la Universidad Masaryk y sus colegas decidieron verificar si ese estrés severo influyó en la estructura cerebral de los sobrevivientes del Holocausto.

Cómo el cerebro reacciona al estrés 
Los científicos estudiaron las resonancias magnéticas de cerebro de 46 sobrevivientes del Holocausto, cuya edad promedio en el momento de la prueba fue de 79.5 años. El grupo experimental fue dividido en dos partes, según la edad en el momento de la liberación en 1945, mayores y menores de 12 años. El grupo de control incluyó a 28 personas, entre las que no había ningún prisionero de campos de concentración. La edad promedio de los participantes del grupo de controlfue de 80 años.

Resultó que los ex prisioneros de los campos de concentración tenían menos sustancia gris en varias partes del cerebro. En particular, la cantidad de materia gris disminuyó en:
— la corteza orbitofrontal, responsable del aprendizaje; — el cortex del cíngulo anterior, asociado con los procesos de toma de decisiones, la memoria y la atención;
— la corteza insular, responsable de la formación y el procesamiento de las emociones;
— el giro frontal superior que sirve para procesar nuestra memoria.

Los científicos revelaron que la disminución más pronunciada en el volumen de sustancia gris se observó en los ex presos que tenían más de 12 años en el momento de su liberación. Es probable que esto se deba al tiempo que pasaron en el campo de concentración o la percepción del estrés experimentado. Estudios anteriores han demostrado que, por ejemplo, el estrés a una edad temprana afecta significativamente la cantidad de materia gris en el cerebro.

Genes de sobrevivientes 
Ahora los autores del estudio también están explorando el posible impacto del Holocausto en los hijos y nietos de los prisioneros de los campos de concentración.

Como muestran los resultados preliminares, en los niños de ex presos se debilitan los vínculos entre las partes del cerebro responsables de la memoria y del procesamiento emocional. En el futuro, los científicos planean encontrar en los descendientes de las víctimas del Holocausto los biomarcadores de resiliencia psicológica, o la capacidad de recuperación de las personas ante situaciones adversas. Así los autores quieren comprobar si podemos heredar esa resiliencia.

Fuente: https://www.periodistadigital.com/ciencia/ser-humano/20190703/holocausto-ocasiono-perdida-volumen-materia-gris-supervivientes-noticia-689403979321/

 

Artículo complementario

Enfermedades genéticas judías

Bernardsachs
Bernard Sachs

Cuando un grupo humano pequeño se desvincula reproductivamente del resto de la población general, puede originar una población con características genéticas propias debido al azar. Los genes de ese pequeño grupo original serán los que predominen en la población a lo largo de las generaciones, siempre y cuando el aislamiento reproductivo se mantenga. Eso puede ocurrir, como ya hemos comentado, en islas. Pero también puede ocurrir cuando las causas del aislamiento reproductivo son otras, como pueden ser los motivos religiosos.

La diáspora del pueblo hebreo ha ocurrido durante varios episodios históricos. Tras dos principales rebeliones contra el poder del emperador romano, muchos judíos abandonaron Judeay se instalaron en diferentes regiones del imperio romano, formando grupos más o menos aislados en sus lugares de destino. Por ejemplo, los judíos asquenazíes se instalaron en Europa central y del este (asquenazí significa literalmente “alemán”), donde sus comunidades generaron incluso un idioma propio, el yidis.

Es conocida la capacidad de los judíos de conservar sus costumbres ancestrales, como religión e idioma. En muchas ocasiones eran comunidades que impedían los matrimonios con gentiles (no judíos), por lo que quedaban de una forma u otra, genéticament aislados. Este efecto fundador ha originado que los judíos asquenazíes tenga características genéticas propias, algunas de ellas lamentablemente graves.

La enfermedad de Tay-Sachs es un rasgo autosómico recesivo mortal, que afecta a 1 de cada 360.000 personas de la población general. Se caracteriza por una degeneración progresiva de las células nerviosas, que provoca degeneración física y mental a partir de los seis meses de edad. El resultado suele ser la muerte antes de los cuatro años.

La enfermedad fue descrita por Warren Tay y Bernard Sachs en 1881. Sachs, neurólogo judío del hospital Monte Sinaí de Nueva York, ya determinó en 1887 que esta enfermedad era más frecuente en los judíos de origen asquenazí de Estados Unidos. De hecho, es 100 veces más frecuente que en el resto de la población.

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El Centro de Genética Judía de Chicago

En 1969, John S. O’Brien descubrió que la enfermedad estaba provocada por una deficiencia en la enzima hexosaminidasa A, y demostró que los enfermos podían ser diagnosticados por un ensayo enzimático. Posteriormente se pudo determinar los niveles de enzima en sangre que identificaban los heterozigotos portadores, sanos pero capaces de transmitir la enfermedad a su descendencia, y se desarrollaron ensayos prenatales. De esta forma en los años 1970 comenzó un escrutinio general de personas susceptibles de ser portadoras del alelo de la enfermedad. Más de 300.000 personas fueron analizadas en los primeros 10 años del escrutinio, y se descubrieron 268 parejas que no tenían todavía ningún hijo pero que al ser ambos portadores, tenían un alto riesgo de tener un descendiente enfermo (un 25%).

Durante los años 1980 se descubrió que la enfermedad está causada por una mutación en el gen HEXAlocalizado en el cromosoma 15, y que codifica para la enzima hexosaminidasa A. Cuando esta enzima está ausente, se acumulan lípidos en el cerebro, afectando a su funcionamiento normal. El descubrimiento del gen permitió el desarrollo de una prueba de ADN para facilitar el diagnóstico y la identificación de portadores.

El escrutinio general empezado en los años 1970 ha producido una reducción de la incidencia de la enfermedad de un 90%. Adicionalmente, se ha descubierto que otros grupos también sufren esta enfermedad con mayor frecuencia que la población general, como los cajunes de Luisiana o los canadienses de origen francés.

El Einstein Victor Center para las enfermedades judías reconoce otras 18 enfermedades genéticas prevenibles que son más frecuentes en comunidades asquenazíes de todo el mundo , y recomienda encarecidamente a los jóvenes de ascendencia judía que se realicen el escrutinio para todas ellas. 1 de cada 4 judíos es portador de al menos una de las enfermedades descritas, y mientras no haya cura para la mayoría de ellas, el análisis es la mejor arma para combatirlas.

Fuente: https://blogs.ua.es/genetica/2014/07/30/enfermedades-geneticas-judias/