14 respuestas a “ÉL VIVE

  1. Antoine74 30 abril, 2019 / 7:48 am

    Sólo muere aquello que se olvida.
    ADOLF HITLER ¡¡¡PRESENTE!!!

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  2. Juan José 30 abril, 2019 / 9:45 am

    Somos nuestros actos, y los suyos (incluido el último, no debía ser de otra manera) permanecerán siempre en el recuerdo.

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  3. Ignacio 30 abril, 2019 / 2:37 pm

    Yo me compre hace poco de segunda mano el libro de lew besymenski “la muerte de Hitler” de la edicion de 1970 y es un libro excelente y lleno de datos.
    Este hombre fue el oficial sovietico del Smersch que realizo un arduo trabajo para averiguar la muerte del Führer y la familia goebbels
    Pruebas físicas de la muerte del Führer casi no existen, el cadáver tenia quemado casi totalmente toda la parte derecha, los restos del supuesto craneo que los rusos tienen en moscu pertenecen a una mujer, ademas el agujero de bala esta en la frente cuando en si de verdad te quieres suicidar te tendrías que pegar el tiro al lado del cráneo, pero la prueba mas fiable que ofrece el libro es la dentadura del Führer. El doctor lew besymenski consiguio dos radiografiás de la cabeza de Hitler tomadas en Lötzen en septiembre 1944, en las radiografiás se pueden ver su mandíbula superior e inferior. El dentista del Führer Hugo blaschke dibujo de memoria la dentadura de Hitler haciendo resaltar un puente de oro insertados para reemplazar tres dientes de la mandíbula inferior derecha y el dibujo coincidía exactamente con las radiografías.
    Para mi la prueba definitiva de la muerte del Führer es que el ordeno a los soldados alemanes que lucharan hasta el final y que el moriría combatiendo con ellos, ademas yo no me lo imagino huyendo de berlin para tener una nueva vida en nueva suabia mientras su pais estaba totalmente destrozado.
    Cuando le llego el telegrama a Doenitz con la noticia de la muerte del Führer, el almirante que lo conocia muy bien creyó que había muerto en combate y asi lo publico en su comunicado oficial. Al día siguiente todos los periódicos españoles publicaron la amarga noticia.
    “En medio del ocaso de una lucha gigantesca, muere soldado entre sus soldados el Führer aleman Adolfo Hitler, sum muerte militar sin tacha bajo la tragedia espantosa de Alemania merece doble respeto porque ha sido metralla comunista quien ha sesgado su vida”
    Xavier de echarri, director del periodico “Arriba”

    En lo referente a Nueva Suabia si que es un hecho histórico real porque los informes del ejercito de estados unidos están publicados y relatan dos combates nocturnos en el mar con un enemigo desconocido y con tecnología superior, en los combates llegaron a morir 1600 soldados, ademas la prueba irrefutable es que en 1945 desparecieron como el viento miles de personas y objetos en Alemania
    http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-137/1465293/

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  4. Juan José 30 abril, 2019 / 3:08 pm

    «si todos los judíos fueran como él, no habría una cuestión judía»

    Eduard Bloch, el médico judío al que Hitler ayudó a abandonar Alemania en 1940.

    En marzo de 1941 hacía aproximadamente año y medio que había estallado la Segunda Guerra Mundial pero aún faltaban ocho meses para que Pearl Harbor fuera atacada provocando la entrada de EEUU en la contienda. Por eso la revista Collier’s Weekly, uno de los semanarios más importantes y leídos del país en aquella época, publicó un ensayo en dos partes con un título bastante llamativo: My patient, Hitler (Mi paciente, Hitler). Su autor, como puede deducirse, fue uno de los médicos del Führer pero lo verdaderamente curioso está en que era judío y el propio canciller le ayudó a abandonar Alemania.

    Eduard Bloch nació el 30 de enero de 1872 en la ciudad bohemia de Frauenberg, actualmente llamada Hluboká nad Vltavou y perteneciente a la República Checa pero por entonces del Imperio Austrohúngaro. Era el menor de cinco hijos de una familia no rica pero sí lo suficientemente acomodada: su abuelo Joachim trabajó para el príncipe Jan Adolf II de Schwarzenberg y su padre fue uno de los primeros licenciados universitarios judíos en filosofía de la Universidad Carolina de Praga, la misma en la que Eduard ingresó para estudiar medicina cuando llegó a la edad adulta.

    Escudo del Imperio Austrohúngaro/Imagen: Hugo Gerhard Srtöhl en Wikimedia Commons
    Al acabar la carrera tuvo que hacer el servicio militar, coincidiendo con la guerra que las potencias europeas declararon a los otomanos para liberar Creta y convertirla en un protectorado internacional antes de entregársela a Grecia. Bloch fue destinado como oficial médico al hospital de la guarnición de Linz en 1899, donde permaneció hasta su licenciamiento en 1900. Se trasladó entonces a Dresde para trabajar de asistente sanitario externo en una clínica para mujeres pero no tardó en regresar a Linz y abrir su propia consulta.

    Como médico privado tuvo bastante éxito y prosperó, estableciéndose en una casa barroca en el número 12 de Landstrasse, la principal avenida de la ciudad, que también le servía de vivienda. No sólo a él sino a su familia, ya que se casó con su novia Lilli Kafka, que en 1903 le dio dos hijas, Emilie y Trude (diminutivo de Gertrude). Su disposición a atender no sólo a los pacientes acomodados sino también a los más humildes le hicieron ganarse el apodo de Doctor de los pobres; los visitaba a domicilio en su coche de caballos y procuraba cobrarles de forma acorde a su condición.

    Vista actual de Linz/Imagen: Thomas Ledl en Wikimedia Commons
    En ese contexto llegó el año clave, 1904, en el que tuvo que curar a un joven de quince años, huérfano de padre que, frágil y cetrino, estaba postrado en cama a causa de una afección que primero se creyó pulmonar pero luego resultó ser un simple resfriado derivado en amigdalitis. El muchacho se restableció; se llamaba Adolf Hitler y su familia continuó acudiendo a Bloch hasta el punto de que tres años más tarde, en marzo de 1907, tuvo que atender a su madre Klara cuando enfermó de gravedad.

    Se trataba de un cáncer de mama que, dadas las limitaciones de la cirugía del momento y el fracaso de la operación a que la sometió un colega, intentó curar con yodoformo, un antiséptico que era el único tratamiento que quedaba y que resultaba doloroso y molesto por el olor que desprendía. En realidad el yodoformo no hizo sino envenenar a Klara y acelerar su muerte, que se produjo a los nueve meses, pero Bloch intentó paliar el dolor durante el proceso con inyecciones de morfina y Adolf, que acababa de alcanzar la mayoría de edad, le quedó eternamente agradecido; máxime cuando el doctor, consciente de la mala situación económica de los Hitler, les cobró lo mínimo y a veces hasta les atendió gratis.

    Klara Pölzl, madre de Adolf Hitler/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons
    A partir de ahí sus vidas discurrieron por caminos diferentes pero la gratitud del joven se manifestó de nuevo en 1908 por correspondencia, al enviarle una postal con un paisaje realizado por él mismo, pues había empezado su vida como artista profesional en Viena. Más delante le enviaría otras tarjetas pintadas, siempre con la frase «En agradecimiento eterno» o algo similar. Con la subida de los nazis al poder un particular le ofreció un dineral por ellas, aunque a él no le pareció ético venderlas. Pero eso fue luego. De momento, Bloch no podía ni imaginar el sorprendente futuro que le esperaba al mozo y seguramente le olvidó durante un tiempo, ya que se presentaron cosas en principio más graves en qué pensar.

    Y es que en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y decidió colaborar alistándose como médico militar. De nuevo le destinaron al hospital de Linz, aunque esta vez como médico principal. Su mujer, Lilli, también se presentó voluntaria y ejerció de enfermera de la Cruz Roja en el mismo sitio, repartiendo sus funciones entre la atención a los heridos y a los pobres. Acabada la contienda, Bloch recibió el nombramiento de consejero de salud, un título recién creado para los que destacaron en el ámbito sanitario en aquellos difíciles tiempos.

    Hitler hacia 1905, retratado por un compañero de estudios
    Durante un par de décadas todo transcurrió sin mayor novedad, salvo por el detalle de que los Bloch eran judíos y su situación, ya de por sí incomoda en una Centroeuropa de creciente antisemitismo, empeoró a partir de 1933, cuando los nazis subieron al poder. A priori no tenía por qué afectarles, ya que ellos vivían en Austria, pero en marzo de 1938 se produjo el Anschluss, es decir, la anexión del país por Alemania, y todo cambió. La comunidad hebrea empezó a sufrir persecuciones legales y físicas.

    La relación de amistad entre Bloch y Hitler se había mantenido intacta hasta entonces. De hecho, el segundo le había vuelto a enviar una postal el año anterior y en la conferencia de Nuremberg, tras preguntar por Linz y el médico, le definió como edeljude, judío noble, añadiendo que «si todos los judíos fueran como él, no habría una cuestión judía». Esas postales y el libro de casos clínicos fueron las cosas que la Gestapo exigió a los Bloch que devolvieran cuando les hicieron una sorpresiva visita en su casa, por lo demás correcta y sin mayores consecuencias (hasta les dieron un recibo). Quedaba claro que la policía política tenía órdenes específicas de no molestarles, algo insólito en el país a esas alturas y más teniendo en cuenta que acogían en su casa a otros judíos.

    El Dr. Eduard Bloch en su consulta, foto tomada en 1938 por orden de Martin Bormann para el archivo personal de Hitler/Imagen: Bundesarchiv, Bild, en Wikimedia Commons
    Sin embargo, una cosa es que no se les presionara directamente y otra la legalidad. Las leyes prohibieron a los judíos ejercer la medicina salvo entre ellos, así que Bloch, por muy ventajoso que fuera su estatus hasta entonces -y lo era, pues quedó exento de marcar su hogar con las señales amarillas destinadas a los de su fe y de que se marcara su cartilla de racionamiento con la J-, entendió que convenía cambiar de aires. Como no era fácil aprovechó la inmejorable influencia que tenía en el gobierno y escribió a Hitler a través de su hermana Klara pidiéndole ayuda. Éste ordenó que se le facilitasen los trámites para salir del país y, mientras, la Gestapo se preocupó de que nadie les molestara. Martin Bormann se encargó personalmente de supervisarlo todo.

    Gracias a ello, los Bloch pudieron vender su casa a precio de mercado en lugar de por el valor meramente testimonial y abusivo a que se vieron obligados otros judíos por su traslado forzoso a Viena, e incluso se les autorizó a viajar con una insólita cantidad de dinero, 16 reichmarks, frente a la decena reglamentaria para los hebreos. Finalmente, a finales de noviembre, los Bloch, su hija Gertrude y su yerno, el Dr. Franz Kren (al que se liberó tras una detención), pudieron partir hacia Lisboa, donde se embarcaron rumbo a EEUU a bordo del transatlántico español Marqués de Comillas, asentándose en el neoyorquino barrio del Bronx.

    El transatlántico Marqués de Comillas/Imagen: De la Mar y los Barcos
    Como cabía esperar, su llegada levantó cierta expectación y tuvo que someterse a un interrogatorio por parte de la OSS (Office of Strategic Services, servicio de inteligencia antecedente de la CIA), que buscaba información sobre la infancia y juventud del canciller alemán. Fue ahí cuando publicó el citado ensayo My patient, Hitler, considerado hoy una valiosa fuente primaria historiográfica y en el que dejó una descripción de su antiguo paciente que rompía con la imagen estereotipada que hasta el momento manejaban los periodistas estadounidenses, la de un histriónico colérico, mal educado y tendente al desaliño.

    A cambio ofreció un retrato amable y positivo: un joven bien alimentado que vestía los clásicos pantalones cortos tiroleses de cuero y era ávido lector de Fenimore Cooper y Karl May, aunque no muy brillante académicamente, siendo Historia la única asignatura por la que mostraba interés, junto con el arte. Un chico profundamente melancólico y ensimismado que no pudo evitar que brotaran lágrimas de sus ojos cuando se le informó del cáncer de su madre.

    Otra foto de Eduard Bloch/Imagen: Bored Bug
    El texto de Bloch levantó cierto revuelo y la reseña que hizo del profundo amor que Hitler demostró hacia su madre dio origen a que algunos lo interpretaran como algo patológico, hallando en el frustrado tratamiento que Bloch aplicó a Klara la causa de su odio visceral a los judíos; no obstante, la mayoría de los historiadores opinan que asumió el antisemitismo posteriormente, en el humillante período de entreguerras que siguió al Tratado de Versalles. En cualquier caso, la medicina había quedado ya atrás porque a Bloch, que tenía sesenta y nueve años cuando dejó Austria, no se le reconoció el título en EEUU.

    Un cáncer de estómago acabó con su vida el 1 de junio de 1945, casi exactamente un mes después de que Hitler se suicidara en su búnker de Berlín.

    Fuentes: My patient, Hitler (Dr. Eduard Bloch en Collier’s Weekly)/Hitler: The man behind the monster (Michael Kerrigan)/Explicar a Hitler: Los orígenes de su maldad (Ron Rosenbaum)/Hitler’s Vienna. A portrait of the tyrant as a young man (Brigitte Hamann)/Wikipedia

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  5. Cesar 1 mayo, 2019 / 12:24 am

    El video ruso no lo miré. Me da asco.

    En cuanto a Adolf Hitler basta decir que con todas las barbaridades y hasta ridiculeces que se han dicho de él durante décadas, ocupa más páginas de libros y de internet que Churchill, Stalin, Mussolini, Roosevelt, De Gaulle , Eisenhower, y muchos más personajes de la época.

    Me parece que eso dice algo, ¿no?

    P/D Don Acacio. Me gusta mucho el diseño.

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    • Ignacio 1 mayo, 2019 / 6:45 pm

      Cesar, entiendo tu postura aunque en mi caso lo que me produce la vision del documental es Sentimiento de dolor en el alma y cuando veo la escena del soldado Melitón Kantaria colocando la bandera del ejercito rojo en el reichtag siempre me sale un suspiro de afliccion.
      Aun asi el documental merece la pena hay escenas tremendas como:

      *los soldados del ejercito rojo tienen que entrar casa por casa para conquistar berlin, en una zona llena de ruinas por los bombardeos se ven varios soldados rusos heridos.

      * los civiles berlineses tienen que cortar carne de caballo cruda para comer

      * los soviéticos metieron decenas de lanzacohetes katiuskas sin importarles destrozar completamente la ciudad, de echo se ve a dos soldados cargando katiuskas al lado de la misma puerta de branderburgo, la noche del 30 de abril se produjo un intenso combate en el edificio y en la plaza del reichtag y en ese combate cayo el coronel senogan un famoso comisario politico del ejercito rojo.

      *La escena de la capitulación del 8 de mayo en el barrio de karlshorst, el mariscal Keitel tiene una mirada y una postura altiva y arrogante que demuestran que nuncan han sido vencidos ni moralmente ni espiritualmente.

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  6. Carlos 1 mayo, 2019 / 5:22 am

    El suceso que comenta Ignacio de Nueva Suabia que ocurrió después de terminar la guerra: ¿Donde se puede encontrar información de él? Saludos,

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  7. Ignacio 1 mayo, 2019 / 9:09 pm

    Carlos existen varios libros que ponen los documentos reales de la batalla en nueva suabia en 1947, no dicen que el enemigo es alemán, Tan solo dicen que fueron tres dias de combates nocturnos, que fueron en el mar, murieron 1600 marines, el enemigo era desconocido y con una tecnología superior.
    El mejor libro que hay para informarse del tema es “Future Man” del investigador bruno de marques.
    https://brunodemarques.com/tag/dystopian/

    Los libros de Felipe botaya tambien son buenos pero no superen a “future man”

    Los soldados norteamericanos que sobrevivieron a la operación high jump murieron de cancer porque hicieron maniobras el desierto de nevada con una bomba atomica de plutonio 😮😮

    El diario de Richard Bird lo tienes aqui y en mi opinión es absolutamente real:

    https://conspiracionmundial.wordpress.com/2009/07/15/la-tierra%c2%a0hueca/

    El secretario de Defensa de los Estados Unidos James Forrestal tenia pensado decir a la prensa y al parlamento que en la antartida existía una civilización avanzada pero el gobierno lo metio en una clínica psiquiátrica y alos pocos dias fue encontrado “suicidado” 😑😑

    Aunque para mi la prueba irrefutable de que el reich quedo vivo es que Doenitz solo firmo la capitualacion de las fuerzas armadas y en ese acuerdo no estaba la capitulación del reich, ademas en 1945 desparecieron miles de objetos y de personas, desparecieron 120 submarinos tipo XXI, desaparecieron aviones a reaccion, desapareció la Blutfahne, desaparecio han kammler… El viento y la tierra se los llevo 🤔🤔

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    • Frel 6 mayo, 2019 / 12:43 am

      La batalla de 1947 se produjo porque el gobierno estadounidense estaba convencido de que había bases alemanas en la Antártida y fueron a combatirlos, pero lo cierto es que los norteamericanos fueron derrotados, según ellos mismos les atacaron objetos voladores muy veloces con una tecnología muy superior.
      Yo he leído uno de los libros de Felipe Botaya sobre el tema, “Antártida 1947” y es interesante, eso sí el diario del almirante Richard Byrd(En caso de ser real) va más allá todavía, durante la batalla de 1947 obviamente él fue testigo de la magnitud del enemigo, de su superioridad tecnológica, además como se sabe fue más allá todavía afirmando que pilotando un avión había localizado una zona interior de la Antártida libre de hielo, con abundante vegetación y agua. En 1954 repitió el viaje en solitario y profundizó más en esa zona que nada tenía que ver con la propia Antártida, había entrado en el interior de la tierra, en la tierra hueca como afirman los defensores de dicha teoría. El gobierno de los EE.UU. no le hizo caso, lo tomaron por un lunático y obviamente lo acallaron.

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  8. Ignacio 6 mayo, 2019 / 7:34 pm

    Muchas gracias por la informacion Frel !!!😃😃 Los oasis y los valles fértiles de la Antártida que vio Richard Byrd son reales y hay decenas de ellos por toda la Antártida

    https://oceanwide-expeditions.com/blog/the-plants-of-antarctica

    https://www.alamy.es/foto-vista-aerea-del-valle-alatna-promontorio-battleship-los-valles-secos-mcmurdo-de-la-antartida-37742445.html

    Para mi el diario de Richard Byrd es real ya que ademas el dijo a la prensa cosas parecidas a la de su diario personal, espero que algun día se cumpla la profecía que le dijo “el maestro” que le recibió.

    En el viaje que realizo en 1954 seguro que descubrió cosas nuevas aunque esta vez no las aireo porque ya vio lo que le paso james forrestal y a los marines que sobrevivieron en la operación high jump.
    El crimen que cometió el gobierno norteamericano con estos soldados demuestra que para los amos del mundo nosotros no somos mas que ganado

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  9. Juan José 7 mayo, 2019 / 5:32 pm

    De todas formas este asunto es raro, la flota yanki estaba compuesta por un portaaviones, dos portahidroaviones, dos destructores y buques menores, demasiado poco poder militar para poder enfrentarse a una fuerza adversa con unas mínimas garantías de éxito, teniendo en cuenta además de que no sabían a lo que se enfrentaban.En cuanto a las bombas, para dar cobertura a este tipo de bomba atómica(tecnología punta en esa época) las fuerzas acompañantes deberían haber sido mucho mayores, ya que los rusos podían haber intentado hacerse con ellas.

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