Auschwitz: Los Hechos y la Leyenda, por Robert Faurisson.

faurisson
El profesor Robert Faurisson.

A comienzos de 1940, Auschwitz no era todavía más que una ciudad de la Alta Silesia alemana, habitada por 13.000 habitantes. En mayo de 1940, en las afueras de Auschwitz comenzo a edificarse, sobre el emplazamiento de un cuartel de artillería del ejercito polaco, un “campo de transito” para 10.000 detenidos polacos. En los años siguientes, con el agravamiento de la guerra, Auschwitz se convirtio en el centro de un conjunto de cerca de cuarenta campos y subcampos y la capital de un enorme complejo agricola e industrial (minas, petroquímica, fábricas de armamento…) donde trabajaban numerosos detenidos, polacos y judíos en particular, junto a trabajadores civiles. Auschwitz fue, a la vez o sucesivamente, un campo de prisioneros de guerra, un vasto campo de transito, un campo hospital, un campo de concentracion y un campo de trabajos forzados y de trabajo libre. No fue nunca un “campo de exterminio” (expresion inventada por los Aliados). A pesar de las drásticas medidas de higiene y de la multiplicidad de los edificios y de los barracones hospitalarios, a veces provistos de los últimos perfeccionamientos de la ciencia medica alemana, el tifus, que era endémico en la población judía polaca y entre los prisioneros de guerra rusos, causo, con la fiebre tifoidea y otras epidemias, estragos en los campos y en la ciudad de Auschwitz en el seno de la población concentracionaria, incluso entre los médicos alemanes, y en la población civil. Es asi como, durante toda la existencia del campo, estas epidemias, aliadas, para algunos, a terribles condiciones de trabajo en esta zona pantanosa, al hambre, al calor y al frío, causaron, del 20 de mayo de 1940 al 18 de enero de 1945, la muerte de probablemente 150.000 detenidos (1).

 

El rumor de Auschwitz

Como es normal en tiempo de guerra y de propaganda de guerra, se desarrollaron múltiples rumores a partir de estos hechos dramáticos. Sobre todo hacia el final de la guerra y sobre todo en los medios judíos en el  exterior de Polonia, se contó que los alemanes mataban en Auschwitz  millones de detenidos de manera sistemática, en base a una orden recibida de Berlín. Según estos rumores, los “nazis” habían instalado “fábricas de la muerte”, especialmente para los judíos; disecaban a los detenidos vivos (viviseccion) o bien los quemaban vivos (en fosas, en altos hornos o en crematorios); o también, antes de quemarlos, gaseaban a los judíos en mataderos químicos llamados “cámaras de gas”. Se encuentran aqui ciertos mitos de la primera guerra mundial (2).

El apuro de los liberadores sovieticos

Los soviéticos ocuparon Auschwitz el 27 enero 1945. Lo que descubrieron era talmente contrario a lo que propalaba la propaganda, este campo era todo lo contrario de un “campo de exterminio”. También durante varios dias, Pravda  permaneció silencioso y, en ese momento, ninguna comisión de investigación aliada fue invitada a ir para constatar sobre el terreno la verdad de Auschwitz. Por fin, el 1 de febrero, Pravda salió de su silencio. No fue más que para poner en la boca de un prisionero, y de uno solo, las palabras siguientes:

“Los hitlerianos mataban por medio de gas a los niños, a los enfermos, así como a los hombres y mujeres no aptos para el trabajo. Incineraban los cadáveres en hornos especiales. En  el campo había doce de estos hornos”.

Se añadía que el número de muertos se evaluaba en “millares y millares” y no en millones. Al día siguiente, el gran reportero oficial del diario, el judío Boris Polevoi, afirmó que el medio esencial utilizado por los alemanes para exterminar a sus víctimas era… la electricidad.

“Se utilizaba una cadena eléctrica donde centenares de personas eran matadas simultáneamente por una corriente eléctrica; los cadáveres caían sobre una cinta lentamente movida por una cadena y avanzaban así hacia un alto horno”.

La propaganda soviética estaba desconcertada y pudo mostrar solamente en sus películas las personas muertas o moribundas que los alemanes, en retirada, habían dejado sobre el terreno. Había también, como muestran los noticiarios de la época sobre la liberación del campo, numerosos niños vivos así como adultos con buena salud. La propaganda judía vino entonces en socorro de la propaganda soviética.

Una de las fábricas existententes en el complejo industrial de Auschwitz, la Factoría Buna Werke de la IG Farben . (En la mayoría de ocasiones hay fotografías que no se publican.)

La propaganda judía a finales de 1944

En la primavera de 1944, dos judíos evadidos de Auschwitz se habían refugiado en Eslovaquia. Allí, con ayuda de correligionarios, comenzaron a poner a punto una historia de los campos de Auschwitz, de Birkenau (campo anejo de Auschwitz) y de Majdanek, descritos por ellos como “campos de exterminio”. El más conocido de estos judíos era Walter Rosenberg, (alias Rudolf Vrba), que vive todavía hoy en Cánada. Su relato,  altamente  fantasioso, pasó enseguida, siempre en medios judíos, a Hungría, a Suiza y, por fin, a los Estados Unidos. Tomó la forma de un informe mecanografiado publicado por el War Refugee Board en noviembre de 1944, con el sello de la presidencia de los Estados Unidos; el War Refugee Board debía su creación a Henry Morgenthau Junior (1891-1967), secretario del Tesoro, que iba a hacerse célebre por el “plan Morgenthau” que, si hubiese sido seguido por Roosevelt y Truman, habría conducido al aniquilamiento físico, después de la guerra, de millones de alemanes.

Este informe sirvió de matriz a la “verdad” oficial de  Auschwitz.  Los  soviéticos se inspiraron en él para su documento URSS-008 de 6 mayo 1945 al que, en el proceso de Nüremberg, se otorgo, como a su informe sobre Katyn, el estatuto de documento “de valor autentico”, que estaba prohibido discutir. Según este documento, los alemanes habían matado en Auschwitz a más de 4.000.000 de personas, especialmente gaseándolas con el insecticida llamado “Zyklon B”. Esta “verdad” oficial iba a hundirse en 1990.

La confesion de Rudolf Höss

El 15 abril 1946, uno de los tres comandantes sucesivos de Auschwitz, Rudolf Höss (no confundir con Rudolf Hess) “confeso” bajo juramento, ante sus jueces y ante los periodistas del mundo entero, que, en el tiempo  de  su mando, es decir del 20 mayo 1940 al 1 diciembre 1943, al menos 2500 detenidos de Auschwitz habían sido ejecutados por el gas y que al menos otros 500 habían sucumbido de hambre y enfermedades, lo que hacía un total de al menos 3000 muertos durante este solo periodo. Ni un momento R. Höss fue interrogado o contra interrogado sobre la  materialidad de  los hechos extraordinarios de los que informaba. Fue  entregado  a  los polacos. Bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas, redactó con lápiz una confesión en buena y debida forma. Tras lo que fue  colgado  en  Auschwitz el 16 abril 1947. Curiosamente, hubo que esperar hasta 1958 para tener comunicación, parcial, de esta confesión conocida por  el gran público  con el título de Comandante de Auschwitz .

Imposibilidades fisicoquimicas

La descripción, extremadamente vaga y rápida, de la operación de gaseamiento de los detenidos, tal como la relata R. Höss en su confesión escrita, era imposible por razones de física y química. No hay que confundir un gaseamiento de ejecución con un gaseamiento suicida o accidental: ¡En un gaseamiento de ejecución se quiere matar sin querer morirse el que lo provoca!. El Zyklon B es un insecticida a base de ácido cianhídrico, utilizado desde 1922 y todavía hoy. Es de una gran peligrosidad. Se adhiere a las superficies. Es difícil de evacuar. Es explosivo. Los americanos utilizaban el gas cianhídrico para la ejecución, en ciertos estados, de sus condenados a muerte. Una cámara de gas de ejecución es necesariamente muy sofisticada y el procedimiento es largo y peligroso. Ahora bien, R. Höss, en su confesión, decía que el equipo encargado de extraer los cadáveres de una cámara de gas, entraba en ella, tras el funcionamiento temporal de un simple ventilador, comiendo y fumando, es decir sin una máscara antigás. Imposible!!. Nadie habría podido penetrar así en un “océano” de ácido cianhídrico para manipular allí a millares de cadáveres intoxicados con cianuro, ellos mismos se hubieran convertido en intocables al estar impregnados de un violento veneno que mata por contacto. Incluso con máscaras antigás con filtro especial para el ácido cianhídrico, la tarea habría sido imposible pues estos filtros no podían resistir en caso de respiracion profunda debida a un esfuerzo físico.

Una respuesta de 34 “historiadores”

En Le Monde  de 29 diciembre 1978 y de 16 enero 1979, yo exponía brevemente las razones por las cuales, conociendo los lugares y el pretendido procedimiento seguido, estimaba que los gaseamientos de Auschwitz eran técnicamente imposibles. El 21 febrero 1979, siempre en Le Monde, apareció una declaración de 34 historiadores que concluía así: “No hace falta preguntarse como, tecnicamente, tal crimen en masa ha sido posible. Ha sido posible tecnicamente porque ha tenido lugar”. En mi opinión, los “exterminacionistas”, como yo los llamo, firmaban una capitulación incondicional. En el plano de la ciencia y de la historia, el mito de las cámaras de gas acababa de recibir un golpe fatal. Desde esta fecha, ninguna obra exterminacionista ha venido a aportar aclaraciones sobre este punto, y sobre todo no la de Jean-Claude Pressac, falazmente titulada  Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers (3). Para comenzar, ha acabado el tiempo en que los historiadores osaban decirnos que era auténtica una cámara de gas presentada a los turistas como “en estado original”, “en reconstitución” o “en estado de ruina” (las ruinas pueden ser parlantes). Las pretendidas cámaras de gas de Auschwitz no eran más que cámaras frías para la conservación de cadáveres en espera de su cremación, tal como lo atestiguan los planos que descubrí en 1976.

En marzo de 1992, yo lanzaba en Estocolmo un desafío de alcance internacional: “¡Muestrenme o dibújenme una cámara de gas nazi!” Precisaba que no estaba interesado por un edificio que supuestamente contenía una cámara de gas, ni por una pared, ni por una puerta, ni por cabellos, ni por calzado. Yo quería una representación completa del arma del crimen, de su técnica, de su funcionamiento. Añadía que, si se pretendía ahora que los alemanes habían destruido esta arma, era preciso que se me dibujara esta arma. Yo rehusaba creer en una “realidad material” desprovista de representación material.

El Holocaust Memorial Museum

El 30 agosto 1994 visité el Holocaust Memorial Museum de Washington. No encontré allí ninguna representación fisica de la mágica cámara de gas. Ante cuatro testigos, en su oficina, pedí entonces a Michael Berenbaum, Research Director del museo, que me explicara esta anomalía. Después de un arrebato violento, acabo por responderme que ¡”se había tomado la decisión de no dar ninguna representación física de una cámara de gas nazi”! Trató de invocar la existencia en su museo de una maqueta artística del crematorio II de Birkenau. Sabía que esta maqueta, que por otra parte no reproducía en su libro-guía del museo (4), no era más que una creación artística sin relación con la realidad.

El hundimiento exterminacionista

Al Sr. Berenbaum tuve la ocasión de recordarle algunos acontecimientos desastrosos para la causa exterminacionista. En 1968, en su tesis, la historiadora judía Olga Wormser-Migot había reconocido que existía un “problema con las cámaras de gas” y había escrito que Auschwitz I ya no existía la cámara de gas (¡esa “cámara de gas” visitada por millones de turistas!)(5). En 1983, un británico, por otra parte defensor de la leyenda del exterminio, revelaba como Rudolf Höss, antes de testificar ante el Tribunal de Nuremberg, habia sido torturado por miembros judíos de la Seguridad militar británica, y después había “confesado” a fuerza de patadas, puñetazos, latigazos, de exposición al frío y de privación de sueño (6).

En 1985, en el primer proceso de Ernst Zundel en Toronto, el testigo n· 1, Rudolf Vrba, y el historiador “estrella” de la tesis exterminacionista, Raul Hilberg, se hundieron ante el contra interrogatorio llevado por el abogado Douglas Christie, al que yo asisti (7).

En 1988, el historiador judío americano Arno Mayer, que afirmaba creer en el genocidio y en las cámaras de gas, escribía: “Las fuentes sobre el estudio de las cámaras de gas son raras y están sometidas a caución” /…/.

Dicho eso, de 1942 a 1945, ciertamente en Auschwitz, pero probablemente también en todas partes, las causas llamadas ‘naturales’ mataron más judíos que las causas ‘no naturales’, como subalimentación, enfermedades, epidemias, agotamiento)(8). En 1992 Yehuda Bauer, profesor de la Universidad hebrea de Jerusalén, calificaba de “silly” (inepta) la tesis según la cual la decisión de exterminar a los judíos había sido tomada el 20 enero 1942 en Berlín- Wansee (9).

En 1993, J.C. Pressac evaluaba el número de muertos de Auschwitz (judíos y no judíos) en un total de 775 y, en 1994, en una cifra comprendida entre 630 y 710 (10). Este mismo año, el profesor Christopher Browning, colaborador de la Encyclopedia of the Holocaust , declaraba: “Höss siempre fue un testigo muy débil y confuso” y tenía el aplomo de añadir: “Es por eso por lo que los revisionistas lo utilizan todo el tiempo, así tratan de lanzar el descredito sobre la memoria de Auschwitz en su totalidad” (11). En Auschwitz, hasta el comienzo de 1990, todo el mundo podía constatar que, sobre diecinueve placas de metal del gran monumento de Birkenau, estaba inscrito en diecinueve idiomas que 4.000.000 de personas habían muerto en este campo ahora bien, esas placas fueron retiradas hacia abril de 1990 por las autoridades del museo de Auschwitz que, todavía hoy, no saben por qué cifra deben reemplazar la falsa ante la cual han venido a inclinarse todos los grandes de este mundo, incluso el Papa Juan Pablo II. En apoyo de su tesis, los revisionistas disponen de tres peritajes diferentes (F. Leuchter, G. Rudolf, W. Luftl) y el comienzo otro polaco que se está realizando actualmente, mientras que los exterminacionistas no se atreven a realizar ni uno solo.

Todos los supervivientes judíos de Auschwitz y, en particular, los “niños de Auschwitz”, es decir, aquellos que nacieron en el campo o que vivieron allí sus primeros años, son pruebas vivientes de que Auschwitz no pudo ser nunca un campo de exterminio. No solamente no ha existido ni una orden, ni un plan, ni traza de una instrucción o de un presupuesto para esta vasta empresa que habría sido el exterminio sistemático de los judíos, no solamente no existe ni un informe de autopsia que establezca la muerte de un detenido por un gas venenoso, ni un peritaje oficial del arma del crimen, sino que tampoco existe ningún testigo de las cámaras de gas a pesar de lo que algunos autores de best-sellers querrían hacernos creer. En La Nuit , testimonio autobiográfico publicado en 1958, Elie Wiesel no menciona ni una sola vez las cámaras de gas de Auschwitz; ¡dice que los judíos eran extermlnados en hogueras o en hornos crematorios! En enero de 1945, los alemanes le dejaron escoger, así como a su padre, entre esperar a los soviéticos sobre el terreno o partir hacia el corazón de Alemania. Tras madura reflexion, el padre y el hijo decidieron huir con sus “exterminadores” alemanes antes que esperar a sus liberadores soviéticos. Esto se encuentra con toda claridad en La Nuit , que basta leer con atencion (12).

La mentira de Auschwitz

En 1980, yo declaraba: “¡Atencion! Ninguna de las 60 palabras de la frase  que voy a pronunciar me ha sido dictada por una opinion política:

El  pretendido genocidio de los judíos y las pretendidas cámaras de gas hitlerianas forman una sola y misma mentira histórica, que ha permitido una gigantesca estafa político financiera cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional y cuyas principales victimas son el pueblo alemán, excluidos sus dirigentes, y el pueblo palestino entero”.

escritoresHoy, no veo que tenga que retirar una palabra de esta declaración a pesar de las agresiones físicas, a pesar de los procesos, a pesar de las multas que he sufrido desde 1978 y a pesar de la prisión, el exilio o la persecución de tantos revisionistas. El revisionismo histórico es la gran aventura intelectual del fin de siglo. Solamente lamento una cosa: no poder, dentro de los limites de este artículo, encontrar el lugar necesario para rendir homenaje a los cien autores revisionistas que, desde el frances Paul Rassinier y pasando por el americano Arthur R. Butz, el aleman Wilhelm Staglich, el italiano Carlo Mattogno y el español Enrique Aynat, han acumulado sobre la realidad histórica de la segunda guerra mundial tantos trabajos de mérito.

Una última palabra: los revisionistas no son ni negadores ni personajes animados de sombrías intenciones. Buscan decir lo que ha pasado Y no lo que no ha pasado. Son que anuncian es una buena noticia. Continúan proponiendo un debate público, a plena luz, incluso si, hasta ahora, se les ha respondido con el insulto, la violencia, la fuerza injusta de  la ley y también por vagas consideraciones políticas, morales y filosóficas. La leyenda de Auschwitz debe, en los historiadores, dejar lugar a la verdad de  los hechos (13).

Robert Faurisson

 

         NOTAS

.Durante la primera guerra mundial los Aliados acusaron a los alemanes de utilizar iglesias como cámaras de gas y de hacer funcionar fabricas de cadáveres. Sobre el primer punto, vease “Atrocities in Serbia. 700Victims” (The Daily Telegraph, 22 March 1916, p. 7) a comparar con “Germans Murder 700Jews in Travelling Gas Chambers”The Daily Telegraph, 25 June 1942, p.5)

  • Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers, New York, Beate Klarsfeld Foundation, 1989 .
  • The World Must Know. The History of the Holocaust As Told  in the US Holocaust Memorial Museum, Boston, Little, 1993, 137-143.
  • Le Système concentrationnaire nazi (1933-1945), Presses Universitaires de France, 1968, p. 157, 541-545.
  • Rupert Butler, Legions of Death, London, Arrow, 1983, páginas 234-238.
  • Barbara Kulaszka, Did Six Million Really Die? Report of the Evidence in  the Canadian “False News” Trial of Ernst Zündel – 1988 , Toronto, Samisdat Publishers, 1992 véase el indice “Vrba, Rudolf” y “Hilberg, Raul”.
  • The “Final Solution” in History , New York, Pantheon, 1988, páginas 362 y 365.
  • “Wansee’s importance rejected”, Jewish Telegraphic Agency, The Canadian Jewish News, 30 January
  • Les Crématoires d’Auschwitz , CNRS editions, 1993, Die Krematorien von Auschwitz , München, Piper Verlag, 1994, página 202.
  • Christopher Hitchens, “Whose History is it?”Vanity Fair , December 1993.
  • La Nuit , éditions de Minuit, 1958, páginas de 128 a130. (Es de destacar que en la edición alemana de esta célebre obra, las palabras “crematorio(s)” u “hornos crematorios” han sido sistemáticamente reemplazadas por la palabra “cámara(s) de gas” (en alemán: “Gaskammer(n)”) a fin de poner gas allí donde E. Wiesel, en 1958, había “olvidado” ponerlo.
  • Die Nacht zu begraben, Elischa, traducción de Curt Meyer-Clason, Ullstein, 1962).

 

“En homenaje al doctor Robert Faurisson, muerto el 21 de octubre de 2018, que dedicó su vida a defender la verdad ”

Fuente: https://redinternacional.net/2019/03/18/auschwitz-los-hechos-y-la-leyenda-por-robert-faurisson/

Anuncios