Pedro Varela, ejemplo de resistencia.

Peter Barcelona CEDADE Octubre 1974
Pedro Varela Geiss, a la edad de 16 años. ( Fotografía de su carnet de miembro de C.E.D.A.D.E., en octubre de 1974.)

Era aún un chaval cuando mi insaciable pasión por los libros y mi curiosidad por la Historia me llevó a leer libros disidentes, algunos llamados negacionistas o revisionistas, prohibidos en algunos países que se hacen llamar democráticos, bajo el pretexto de que incitan al odio, y tan sólo por cuestionar la abrumadora propaganda que usan los vencedores para que creamos que no existen alternativas al sistema.

El principio fundamental para la ecuanimidad es el de atender a los argumentos de las diferentes partes de un conflicto o controversia; principio que se vulnera sistemáticamente desde el momento en que a una de las partes se la silencia, sea por aislamiento social, asfixia económica, o por la vía de la represión penal cuando  los poderosos ya ni siquiera se molestan en disimular que, bajo sus formas de apariencia democrática, sólo esconden la tiranía del Nuevo Orden Mundial, de ese poder anglosionista que fue el verdadero vencedor de la Segunda Guerra Mundial.

Convendrá conmigo cualquier persona con un mínimo de sentido común y de la equidad, en que a nadie le gustaría ser juzgado en el caso de que el juez sólo escuchara a la parte contraria, que es justo lo que hemos hecho con la Historia reciente; simplemente, dejarle el monopolio de la información a los vencedores. Y aunque ya sabemos el adagio de que la Historia la escriben dichos vencedores, no deberíamos caer en el fácil conformismo de aceptar ovejunamente todo lo que su propaganda pretenda inculcarnos como verdades incontrovertibles.

Todo esto me vino a la memoria cuando leí, hace unos días, una nota sobre las dificultades que atraviesa Pedro Varela, un hombre cuyo principal pecado ha sido la divulgación de la versión disidente de la Historia, y de unas ideas que chocan irreconciliablemente con los poderes hegemónicos en la actualidad. Es la suya una trayectoria de asiduos pasos por la cárcel, cierres de su negocio, y confiscaciones más propias de tiranías bananeras que de un régimen que pretende ser civilizado y regido por el Derecho,  sin haber cometido más delito que vender libros, y divulgar realidades terriblemente incómodas para los beneficiarios de este pensamiento único que hundirán a la civilización europea en un período relativamente corto de tiempo, si los ciudadanos del viejo continente no tomamos conciencia de nuestra identidad y determinación de defenderla.

Pero los autodenominados pomposamente “estados de derecho”, para mantener su paripé democrático, utilizan formas jurídicas un tanto chocantes para justificar el encarcelamiento de un librero, o el de los escritores que han sufrido prisión por escribir textos revisionistas.

Así, se han ido sacando del sombrero fórmulas penales bajo el concepto de “delito de odio”, que curiosamente sólo opera para reprimir pensamientos contrarios al sistema, y no se activa cuando los verdaderos propagadores de odio se despachan a gusto en cualquier medio de comunicación.

En España, sólo la defensa de la patria, o la constatación de las realidades más incómodas de la inmigración ilegal, como el aumento de la delincuencia o del bajo número de inmigrantes que cotizan -curioso modo de pagar nuestras pensiones- activan las alarmas de la “justicia” y su celo en la persecución de dichos delitos.

Daría lugar a un interesante debate jurídico el planteamiento de hasta qué punto algo tan abstracto como los sentimientos pueden generar un tipo delictivo,  y cómo ciertas expresiones se pueden catalogar de modo objetivo como odio. En todo caso, hay gente ocupando altos cargos que ha llegado a propugnar el fusilamiento de sus rivales políticos sin que se activen esas diligentes alarmas de la peculiar justicia española. Se ve que incitar al asesinato no es odio, mientras que decir que más de la mitad de los delitos los comete un colectivo minoritario, aunque sea cierto, sí lo es.

Ya puestos, incluso decir que los niños tienen pilila y las niñas no, ha sido catalogado por algunos como expresión de odio.

Ya veremos cuánto tardan en procesarnos por decir que la hierba es verde.

No tengo el gusto de conocer personalmente a Pedro Varela, un auténtico ex preso político, pero sí fui su cliente en mi juventud, comprando magníficos libros de su extraordinaria Librería Europa. También he leído algunos de sus textos y escuchado sus interesantísimas conferencias. Hombre de una cultura extraordinaria, y de una honradez a prueba de toda persecución, ejemplifica como pocos la falsedad de una democracia que, sin pudor, sin recato, sin la más mínima vergüenza, persigue con saña a los que no se pliegan a sus miserables designios.

Pero, sobre todo, pone en evidencia la hipocresía de quienes esgrimen con tanta facilidad valores como la libertad, mientras sólo esconden el más inicuo espíritu liberticida.

https://latribunadeespana.com/opinion/autor/199-sergioperezcampos

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6 respuestas a “Pedro Varela, ejemplo de resistencia.

  1. DB 6 febrero, 2019 / 11:09 pm

    Tiene toda la razón el Sr. Pérez Campos en su artículo, el cual ya había leído en La Tribuna de España.

    Es un gusto leer éste blog al regresar a España después de varios años viviendo fuera.

    Sr. moderador, le mandaré un correo mañana cuando pueda.

    Un saludo al Sr.Varela.

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  2. Juan José 7 febrero, 2019 / 12:11 pm

    Pues si, es tal y como lo escribe, una acertada exposición.

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  3. Frel 8 febrero, 2019 / 12:55 pm

    Un texto de lo más elocuente, dice verdades como puños y si alguien se molesta por decir la verdad es su problema.

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  4. María Jesús 12 febrero, 2019 / 9:24 am

    Muy buen artículo. Pedro Varela, un gran luchador. Dios le premiará tanta injusticia y persecución del Sistema como está sufriendo por la Verdad.

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