SALVEMOS OTRO AÑO A NUESTRA LIBRERÍA EUROPA. ¡¡RESISTAMOS!!

Pedro Varela nos pide de nuevo ayuda para colaborar en el pago a Hacienda de los 750 € de IRPF anuales del alquiler del local de Librería Europa (aún clausurada).
El pasado año se pudo reunir (CON VUESTRA AYUDA) el dinero para el mismo fin. Esperamos conseguirla de nuevo, para continuar teniendo la esperanza de una próxima reapertura.
Hay que aguantar como sea, no dejemos que nuestro bastión caiga en manos de los enemigos de la libertad de expresión y que los libros, que aún quedan dentro, acaben en la hoguera como los que fueron secuestrados.
No importa la cantidad, somos muchos los comprometidos. Sabemos que podemos hacerlo entre todos, de nuevo.

La Cta. bancaria es:

cta correcta
Como referencia podéis añadir en vuestras transferencias :

PAGO IRPF LOCAL LIBRERÍA

Defenestrado un Nobel por ratificar que los genes hacen a los negros menos inteligentes.

James Watson, premio Nobel de Medicina, sigue asegurando que la genética hace que las personas negras sean inferiores intelectualmente a los blancos.

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James Watson

James Watson ganó el Premio Nobel de Medicina en 1962 por sus descubrimientos sobre el ADN. En la década de los 50 y junto a Francis Crick, descubrió la estructura de doble hélice del ADN, lo que le catapultó al premio. Sin embargo, sus declaraciones racistas medio siglo después han hecho que los laboratorios para los que trabajó le retiren sus títulos honoríficos.

En una entrevista en el ‘Sunday Times’ en 2007, Watson había asegurado que “era inherentemente pesimista con respecto a las perspectivas de África” porque “todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra, mientras que todas las pruebas dicen que en realidad no.

Una década después, James Watson ha vuelto a ser protagonista por el mismo motivo. En un documental de la PBS, la televisión pública de Estados Unidos, titulado ‘American Masters: Decoding Watson’, el Nobel se ha ratificado en las declaraciones que hizo en 2007.

Watson asegura que sus puntos de vista no habían cambiado con respecto a lo que dijo hace más de una década y eso ha llevado a los laboratorios Cold Spring Harborretirarle los títulos honoríficos que le había concedido previamente por sus investigaciones.

En un comunicado que recoge la CNN, el laboratorio explica que “rechaza inequívocamente las opiniones personales infundadas que expresó el doctor James D. Watson”, a la vez que califica sus declaraciones como reprobables y sin sustento científico. Además, “el laboratorio condena el uso indebido de la ciencia para justificar los prejuicios”, en referencia a los comentarios “racistas” vertidos por Watson.

Noticia de “ecodiaro.es” del día 2 de diciembre de 2014

El descubridor del ADN subasta su medalla de Premio Nobel para recaudar dinero.

El biólogo estadounidense James Watson, uno de los descubridores de la estructura del ADN, subastará la próxima semana su medalla del Premio Nobel tras ver como sus ingresos se desvanecían en los últimos años como consecuencia de unas declaraciones “racistas”.

La medalla de oro que obtuvo en 1962 y varios históricos documentos propiedad de Watson serán puestos a la venta el próximo jueves por la casa Christie’s de Nueva York, que espera recaudar entre 2,5 y 3,5 millones de dólares.

Se trata de la primera vez en toda la historia en que un ganador del Premio Nobel subasta en vida la medalla del prestigioso galardón.

Watson, de 86 años, prevé donar parte de lo recaudado a proyectos de investigación científica, instituciones académicas y otras causas benéficas, según la casa de subastas.

En declaraciones publicadas por el ‘Financial Times’, Watson asegura que sus ingresos descendieron de forma dramática desde que en 2007 se hicieron públicas unas declaraciones en las que sugería que de manera general las personas de raza negra tienen menos inteligencia que los blancos.

La polémica generada por sus palabras le obligó a abandonar su puesto de rector emérito y miembro de la junta directiva del Laboratorio Cold Spring, así como cargos en otras instituciones. “Me convertí en un paria y fui despedido de los consejos de empresas, así que no tengo ingresos más allá de los académicos”, dijo Watson al periódico británico.

El biólogo estadounidense, uno de los científicos más conocidos de todo el mundo, confió además en que la subasta le ayude a volver a la vida pública, tras años apartado de conferencias y otros actos.

Watson aseguró al ‘Financial Times’ no ser “racista de un modo convencional” y reconoció que fue “estúpido” por su parte no darse cuenta de que sus comentarios sobre la población africana saldrían a la luz y tendrían consecuencias. Watson es el único superviviente del grupo de científicos que descubrió la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN) en los años 50 y junto a sus compañeros fue reconocido en 1962 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Nota. Preguntamos:

Si las declaraciones de un descubridor del ADN y Premio Nobel de Medicina, no son válidas: apaga y vámonos.

 

LA TRAMPA DE LA DIVERSIDAD

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Acabamos de leer “La trampa de la diversidad” (Ediciones Akal), un lúcido ensayo que ha provocado gran polémica en ámbitos intelectuales izquierdistas. Su autor, Daniel Bernabé, sostiene que las llamadas ‘políticas de la diversidad’, que con tanto ardor defiende la izquierda, constituyen en realidad una artimaña del neoliberalismo para «fragmentar la identidad de la clase trabajadora». Es la misma tesis que hemos sostenido en infinidad de artículos desde hace años, citando a pensadores tan ilustres como Pasolini o Hobsbawn (a los que, misteriosamente, Bernabé no cita).

Como Bernabé señala en algún pasaje de su libro, «si todos somos una suma inacabable de especificidades, entonces no puede haber un nosotros». El posmodernismo habría sido, a juicio de Bernabé, el clima cultural que ha favorecido esta lacra: «Sin horizonte al que dirigirnos ni pasado del que aprender, sin posibilidad de afirmar lo cierto o lo falso, sin espacio para los conceptos válidos universales», el neocapitalismo habría podido realizar más fácilmente una serie de transformaciones económicas –desindustrialización, deslocalización, externalización, etcétera– que favorecieron la atomización laboral. Ciertamente, es mucho más sencillo desarrollar una conciencia de explotación laboral en el obrero que trabaja en una fábrica junto con otros cinco mil obreros que en el falso autónomo que reparte pizzas a domicilio en bici, requerido por una aplicación para teléfonos móviles. Y, a la vez, es mucho más sencillo encauzar la insatisfacción de este falso autónomo hacia reivindicaciones que lo hagan sentirse ‘distinto’, permitiéndole huir de su grimoso horizonte laboral. Con inteligencia ladina, a este falso autónomo se le puede infundir una ‘identidad aspiracional’ que lo haga sentirse orgulloso de ser homosexual, animalista y (risum teneatis) de clase media, en contraposición al trabajador de la fábrica, al que se caracterizará como heteropatriarcal, taurino y de clase baja. Esta capacidad del neocapitalismo para instilar ‘identidades aspiracionales’ entre los trabajadores más explotados, evitando que se organicen, supo aprovecharla, por ejemplo, Margaret Thatcher, que –como nos recuerda Bernabé– no tuvo empacho en mostrarse favorable a la despenalización de la homosexualidad o el aborto, a cambio de desactivar la acción colectiva de los trabajadores y de reducir a fosfatina conquistas laborales logradas en décadas anteriores.

Con la ayuda lacayuna de una izquierda traidora, el neocapitalismo ha logrado convertir a la clase trabajadora en un archipiélago de ‘consumidores de singularidades’ entre las que ocupan un lugar preponderante las ‘opciones sexuales’ y las ‘identidades de género’. Por supuesto, Bernabé no defiende que tales grupos no deban disfrutar de derechos civiles; pero advierte que la exaltación de la diferencia es la mejor coartada para los gobiernos rehenes de la plutocracia, que así pueden posar de progresistas ante la galería. Y no se le escapa tampoco a Bernabé que este mercado de la diversidad, como siempre ocurre entre los productos que compiten, provoca fricciones y contradicciones cada vez más ásperas entre las distintas identidades: así ha ocurrido recientemente, por ejemplo, con los llamados ‘vientres de alquiler’, que han enfrentado a feministas y homosexuales.

Y, entretanto, nadie clama contra los recortes salariales.

Especialmente sagaz se muestra Daniel Bernabé cuando denuncia que esta traición de la izquierda ha dado alas a las nuevas derechas, más o menos extremistas o alternativas, que se benefician de la fragmentación ocasionada por las políticas de la diversidad, apelando a los perdedores de la globalización, a la vez que pueden azuzar los miedos de cada grupo nacido de esta fragmentación, adaptando su mensaje a sus particularidades. El encono con que algunos capitostes izquierdistas han descalificado La trampa de la diversidad nos prueba que su autor ha acertado a meter el dedo en la llaga, aunque sólo sea someramente. Así, por ejemplo, Bernabé no se atreve a recordar que estas ‘políticas de la diversidad’ son opíparamente subvencionadas por organismos públicos y privados; y que el ardor con que son defendidas desde la izquierda traidora es directamente proporcional a la cantidad de dinero que tales organismos invierten en ellas. Tampoco se atreve Bernabé a penetrar en la razón última por la que el capitalismo fomenta estas políticas de la diversidad, utilizando a la izquierda como su perro caniche. Pero para atreverse a dilucidar esa razón última hay que aceptar primero –como nos enseñaban lo mismo Proudhon que Donoso Cortés– que detrás de toda cuestión política subyace un problema teológico.

Juan Manuel De Prada

Holocausto, últimas cifras: ¡¡1.320.000 de judíos asesinados en tres meses!!

O”Cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv reveló que entre agosto y octubre de 1942, el régimen “nazi” asesinó a 1.32 millones de judíos.

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El equipo liderado por Lewi Stone, de la Universidad de Tel Aviv, determinó que la mayoría de los asesinatos de la conocida como “Operación Reinhard” ocurrieron en solo tres meses: agosto, septiembre y octubre de 1942.

De los 1.7 millones de víctimas durante esa operación de exterminación de judíos por parte del régimen comandado por Adolf Hitler, que duró hasta el 1943, 1.32 millones fueron asesinados en esos tres meses, es decir:

¡¡15.000 ASESINATOS DIARIOS!!

Yitzhak Arad, riéndose.

El informe no solo indica que la tasa de homicidios durante esa operación ha sido subestimada con el paso de los años, sino que también proporciona nuevos datos sobre la “profunda eficiencia”, según los autores, de los campos de exterminio nazis y la manera sistemática en que las comunidades judías fueron exterminadas.

Para conseguir una estimación fidedigna, el historiador Yitzhak Arad recopiló datos del ferrocarril nacional alemán Deutsche Reichsbahn, que desempeñó un papel fundamental en el transporte de millones de víctimas judías a los campos de exterminio.

Nota: Datos otorgados por la Universidad de Tel Aviv, recopilados por historiador judío. Fuente totalmente imparcial, ni Comisión de Investigación Internacional, ni puñetas.