Permitido mentir en las novelas sobre el “holocausto”.

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Ahora que el trasvase eterno entre realidad y ficción se exhibe con más fuerza, cuando las historias basadas en hechos reales pueblan los estantes de las librerías y las listas de ventas y triunfan en los premios de prestigio, una nueva polémica llega a la literatura. ¿Hay alguna línea roja en las novelas que se nutren de la historia? ¿Qué ocurre si los hechos narrados son momentos terribles del pasado reciente? ¿Se puede inventar cuando se habla de protagonistas del Holocausto? Una serie de tuits del Memorial de Auschwitz desaconsejando la lectura de la novela El tatuador de Auschwitz (Heather Morris) para aquellos que quisieran comprender la realidad del campo de “exterminio” ha provocado una riada de reacciones.

250xEl tatuador de Auschwitz lleva a la ficción la vida de Ludovit Eisenberg –conocido luego como Lale Sokolov– y Gita Furman, dos judíos eslovacos que vivieron en el campo una sobrecogedora historia de amor y supervivencia. Para su elaboración, Morris contó con los testimonios de Eisenberg. Conviene señalar que desde el Memorial de Auschwitz no se analiza la novela desde el punto de vista literario. “El número de errores diferentes que hay en el libro, no solo al narrar hechos sino en la descripción de la realidad de Auschwitz, a veces crean más confusión que comprensión. La interpretación de la vida de estos dos prisioneros difumina la autenticidad de sus experiencias”, señala Pawel Sawicki, jefe de prensa y educador del campo. “Su conexión con la historia auténtica es muy débil”, precisa Wanda Witek-Malicka, investigadora del Memorial de Auschwitz. “El libro debería verse solo como una impresión acerca de lo que allí ocurrió, prácticamente vacío de valor documental”.

Sin embargo, lo que se cuenta en una novela tiene que ser verosímil, no cierto. Quizás el problema radica entonces en el lema “basada en una inolvidable historia real”, incluido en la portada del libro. “Basado en hechos reales es la etiqueta más idiota de la historia de la humanidad. Toda la literatura desde Homero hasta hoy está basada en hechos reales. La ficción pura no existe, es un invento de los que no saben qué es la ficción”, afirma el escritor Javier Cercas, quien en la “novela sin ficción” El impostor ahonda en la figura de Enric Marco, un hombre que se hizo pasar durante años por superviviente del campo de Flossenbürg. “Para juzgar cómo se ha mezclado tengo que leer la novela porque todo depende de cómo se haga. Shakespeare lo hacía de maravilla”, remata el autor de Anatomía de un instante.

“Nadie ha dicho que todo lo que pone fuera así, como ninguna historia basada en hechos reales. Es una aproximación emocional, no factual”, defiende Elena Ramírez, directora de ficción internacional de Planeta, editores del libro en español. “La espina dorsal en la que se basa es un testimonio de lo que recuerda una persona. Heather ha hecho muy bien lo que tiene que hacer y el Memorial de Auschwitz también”, remata.

Las implicaciones del “Holocausto” y su intensa representación en la cultura incluye innumerables matices, zonas grises. “Ficción es La lista de Schindler y sin embargo ha ayudado a entender los hechos y su significado (?). Creación artística es Shoah, de Claude Lanzmann, el filme más importante sobre Auschwitz”, resume Mate.

El problema sigue abierto y puede que, como decía Oscar Wilde, la verdad sea solo una cuestión de estilo (?). “Algunos de los visitantes de Auschwitz creen que lo que han leído es verdad. Por eso esto es un caso distinto a la pura ficción basada en el Holocausto. En estos casos debe haber más responsabilidad en la investigación minuciosa de los hechos”, remarca Sawicki. ¿Puede dar la ficción una idea equivocada de un hecho? “Si presenta un relato inventado como realmente ocurrido, estafa al lector. Pero puede contribuir poderosamente al conocimiento de los hechos si desentraña de alguna manera su significado”, subraya Mate. El debate sigue abierto hasta que llegue el próximo éxito basado en hechos reales.

4 respuestas a “Permitido mentir en las novelas sobre el “holocausto”.

  1. Juan 27 noviembre, 2018 / 11:35 am

    ¿QUE ES LA VERDAD?…Esta pregunta la hizo Pilato a Cristo en el pretorio. Para el cristiano-católico, la Filosofía está amortizada por la fe en Cristo, que nos lo da todo hecho, que nos l explica todo. Lo que no se nos da hecho ni ganado es el triunfo; el triunfo hay que merecerlo. “DER SIEG WIRD UNSER SEIN”, pero es necesario merecerlo, por que el Padre Eterno lo ha querido así por medio de Cristo (“Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”), a quien por una parte tiene encomendada la salvación de la Humanidad, así como a la Humanidad ha señalado el Camino, la Verdad y la Vida, la Luz que es Vida en y por sí misma, Luz que las tinieblas nunca sofocarán.

    No es cierto, como dice Guy Sorman, judío de pensamiento liberal clásico, en “ABC”, que quizá la Verdad, como afirmaba Oscar Wilde, sea una cuestión de estilo, aunque hoy más que nunca así lo parece, y tampoco es cierto, no tiene por qué serlo, que cada vez que un gobierno, en cualquier época y en cualquier lugar, ataca la propiedad privada, la iniciativa personal o la estabilidad monetaria y las sustituye por alguna fantasía paradisíaca, gana el infierno de la miseria, la iniquidad y la corrupción, pero lo cierto de este mundo es que la Economía resulta ser más poderosa que la Filosofía, por que entre otras cosas, hemos de comer todos los días:

    Por qué no soy un economista liberal

    “ABC”, 28 de noviembre de 2017

    Un diario chileno, especializado en asuntos económicos, me preguntaba hace poco qué pensaba de los excelentes resultados del crecimiento alemán y de la relación entre este crecimiento y la política de Merkel. Mi respuesta fue que la canciller alemana gobernaba bien porque gobernaba poco: los empresarios y los consumidores se inscriben a largo plazo cuando saben que el Estado no va a interferir continuamente en sus decisiones. Cuando leí esta entrevista en la página de internet de “Pulso”, constaté la fidelidad de la transcripción, pero me sorprendió que el periodista considerara necesario calificarme de “economista liberal”. ¿Por qué era necesario el adjetivo “liberal”? Al añadir esta etiqueta, ¿no se corre el riesgo de reducir mis declaraciones a un nicho ideológico y limitar así mi legitimidad? Me confié al periodista, que se excusó (equivocadamente) y respondió que había copiado mis datos biográficos de Wikipedia.

    Aunque ofrece un enorme servicio, Wikipedia no es una fuente segura: es un campo de batalla ideológico donde las noticias biográficas, igual que las informaciones más o menos científicas, cambian a diario según el humor de los colaboradores voluntarios y militantes. Sin embargo, tranquilicé al periodista chileno: no, no consideraba que liberal fuera un insulto. Pero señalé que cualquier economista es necesariamente liberal o no es economista.

    Me explico: consideren a un economista no liberal, socialista o estatista, por ejemplo; ese economista es en realidad un ideólogo, un soñador, un utopista. Está permitido, evidentemente, pero no es científico. De hecho, todos los conocimientos acumulados por los economistas demuestran que la economía libre, también conocida como economía de mercado o economía liberal, es la única que produce buenos resultados, a la vez por medio del crecimiento y la redistribución. No ser liberal, por el contrario, supone negar los hechos o, todavía más a menudo, no amar la realidad. En efecto, la realidad en economía es ingrata y testaruda: cada vez que un gobierno, en cualquier época y en cualquier lugar, ataca la propiedad privada, la iniciativa personal o la estabilidad monetaria y las sustituye por alguna fantasía paradisíaca, gana el infierno de la miseria, la iniquidad y la corrupción.

    No puedo hacer nada: es así, sin duda, porque los hombres son como son. Como escribía Adam Smith hace más de dos siglos, el panadero no vende su pan a un precio accesible por amor al prójimo, sino por su propio interés. La ciencia económica consiste en adaptarse a esta naturaleza humana y proponer el marco institucional más propicio para que, partiendo de la naturaleza humana, la economía genere lo que Jean Tirole, premio Nobel en 2014, denomina “bien común”. Por eso no me considero un economista liberal, sino un economista sin más, o más modestamente, un analista de la economía real. Los que no aceptan esta economía en sí, esta economía de lo real, esta economía que funciona, están en su derecho: consideran el mercado injusto, inmoral. ¿Por qué no? Se puede debatir sobre ello. Pero no se puede pretender que no es eficaz: quizá no sea demasiado eficaz, pero no hay nada más productivo que el mercado. También esto es así.

    El malentendido, del que esta pequeña entrevista con el periodista chileno es un ejemplo anecdótico, tiene más que ver con el vocabulario. En un universo intelectualmente honesto (un oxímoron, lo reconozco) convendría que a los economistas liberales no se les pusiera a partir de ahora ningún calificativo, igual que un químico, cuando practica la química, no es más que un químico. Corresponde a los liberales encontrar otra denominación para sí mismos: ¿filósofos, quizá? Al fin y al cabo, Karl Marx era filósofo, no economista.

     En su época, los verdaderos economistas se llamaban Stuart Mill o Jean-Baptiste Say, y no eran marxistas. Ahora bien, la casi totalidad de los “economistas” no liberales de nuestro tiempo son, en distinto grado, descendientes de una visión marxista de la sociedad y de la historia: razonan en términos de conflictos inevitables o necesarios en el seno del capitalismo y fantasean con una sociedad perfecta, donde el trabajo, la escasez y las desigualdades desaparecerían; es lo que John Maynard Keynes esperaba también en sus obras de los años treinta. Keynes y Marx, una misma lucha y una misma filosofía: los dos pretendían ser científicos, pero no lo eran, pues anteponían su imaginación al estudio laborioso de los hechos.

    Propongo, pues, sustituir el debate entre economistas liberales y no liberales por otro debate, que sería más claro, entre economistas y filósofos. Desde luego, la Economía no es necesariamente una disciplina superior a la Filosofía y existen tanto malos economistas como malos filósofos. Lo peor es pretender ser algo distinto a lo que realmente se es; en definitiva, la impostura.

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  2. Juan José 27 noviembre, 2018 / 1:07 pm

    Doy gracias a la Divinidad de no ser cristiano.¿Es esto una paradoja?. En absoluto, pero eso solo lo puede comprender una mente abierta y heterodoxa (que es el tipo de mente que surge del estudio de la Filosofía), algo inalcanzable para los seguidores a piñón fijo de cualquiera de las religiones del “libro”. Libro por el que matan, masacran, torturan, manipulan, persiguen, mienten, machacan, a todo bicho viviente que no esté de acuerdo con sus postulados.
    Y pasados los siglos, se olvidan de todas las profanaciones por ellos cometidas con las religiones anteriores a su llegada, y lloriquean lastimeramente cuando la canalla marxista les quema sus iglesias. A esto la Filosofía le denomina Destino, Hado o Karma. No me congratulo de que estos desmanes sucedieran, pero la realidad es esa.
    En cuanto a “pero lo cierto de este mundo es que la Economía resulta ser más poderosa que la Filosofía, porque, entre otras cosas, hemos de comer todos los días” lo único que denota tan aberrante, materialista, avariciosa y anti-tradicional frase, es la valía de la Filosofía frente a los zopencos iletrados que han pretendido entender a tan noble Dama con los ojos desvariados y el cerebro trastornado por ideas únicas que son las únicas reales al estar incluidas en mi libro único y verdadero…porquelodigoyo. Aunque no sé por qué me extraño: es normal que un seguidor de libros judíos sea materialista y avaricioso.
    El artículo que nos ofrece JUAN en su número 666 de “Defendiendo mis ideas derecho-conservadoras-liberales-monárquicas” ignoro lo que pinta en un blog SN. Aunque no me importa los mas mínimo.
    Y punto.

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  3. lahistoriaperseguida 27 noviembre, 2018 / 5:14 pm

    Acacio que tal, me permite dandole previo credito obvio publicarlo en mi blog? Como siempre lo invito a leerlo tambien
    Saludos!

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