Heidegger sobre Hitler

 “Martin y Fritz Heidegger. Correspondencia 1930-1949”, Editorial Herder.

“Martin Heidegger a Fritz y Elisabeth Heidegger. Friburgo, 18 diciembre 1931:

Parece que Alemania despierta, y comprende y empuña su destino.

Deseo de verdad que examines a fondo el libro de Hitler, que es muy flojo en los primeros capítulos autobiográficos. Ninguna persona perspicaz pondrá en duda que este hombre tiene un extraordinario y seguro instinto político, y lo ha tenido ya cuando nosotros estábamos obnubilados. Al movimiento nacionalsocialista se le añadirá en el futuro otras fuerzas diferentes por completo. Ya no se trata de pequeña política de partido; más bien, está en juego la salvación o el ocaso de Europa y de la cultura occidental” p. 27.

“Fritz Heidegger a Martin y Elfride Heidegger. Messkirsch, 21 diciembre 1931:

Muchísimas gracias por el variado regalo de Navidad… Al principio me quedé un poco sorprendido por el regalo del libro de Hitler, pero te lo agradezco” p.29.

“Martin Heidegger a Fritz y Elisabeth Heidegger. Friburgo, 28 octubre 1932:

Te envío el nuevo discurso de Hitler” p.39.

“Martin Heidegger a Fritz y Elisabeth Heidegger. Friburgo, 13 octubre 1933:

Se muestra día a día hasta qué punto crece la grandeza de Hitler como hombre de Estado. El mundo de nuestro pueblo y del Reich está en vías de transformación y todo el que tiene todavía ojos para ver, oídos para oír y un corazón para actuar se siente arrastrado y llevado a un auténtico y profundo enardecimiento. Encontramos de nuevo en torno a nosotros una gran realidad, y a la vez estamos en el gran aprieto de construir esta realidad dentro del mundo espiritual del Reich y dentro de la misión secreta de la esencia alemana” p.43.

“Martin Heidegger a Fritz y Elisabeth Heidegger. Friburgo, 4 mayo 1933:

No has de considerar todo el movimiento desde abajo, sino desde el Führer y sus grandes fines. Ayer me hice del Partido, no solo por persuasión interna, sino también debido a la conciencia de que solo por este camino es posible una purificación y un esclarecimiento de todo el movimiento” p.45.


Carta póstuma de Franco a los socialistas.

Estimados y fieles seguidores:

De Sánchez no digo nada porque no merece ni una letra ya que no fue nada , y  nunca será nada más que un traidor incluso a los propios socialistas.

Pero que diría hoy Juan Rodríguez García-Lozano, abogado y asesor jurídico del Ayuntamiento de León durante mi mandato, del enfermizo desprecio de su hijo, José Luis Rodríguez Zapatero, hacia una vida de rectitud al servicio de España, sin vencedores ni vencidos. O hacia la de su bisabuelo, el teniente de Infantería Sebastián Rodríguez, que en 1934 colaboró bajo mis órdenes para sofocar la revolución golpista convocada por el PSOE y la UGT.De qué torcidos valores transmitidos por sus progenitores podría quejarse la esposa de Zapatero, Sonsoles Espinosa Díaz, hija de un apreciado oficial de Intendencia y profesor en la Academia de Intendencia de Avila durante muchos años.

Qué cuentas familiares pendientes podría reclamar Alfredo Pérez Rubalcaba, hijo de un gran suboficial del Ejército del Aire durante mi mandato.

Qué malsanos recuerdos de aquella España conserva María Teresa Fernández de la Vega Sanz, hija de Wenceslao Fernández de la Vega y Lombán, delegado provincial de Trabajo en Zaragoza al servicio del régimen anterior y que fue condecorado con la Medalla al Mérito en el Trabajo, en el 32º aniversario del Alzamiento Nacional, el 18 de julio de 1971.

Qué tribulaciones juveniles hicieron tanta mella en Manuel Chaves, hijo de Antonio Chaves Pla, coronel de Artillería y a quien tuve el gusto de condecorar personalmente cuando era comandante y estaba al frente de las tropas nacionales en el norte de África y que por cierto ,su madre fue jefa de la Sección Femenina de Falange Española y de las JONS en Ceuta.

Qué aciago episodio en la relación paterno-filial se cruzó en el camino de José Antonio Griñán, hijo de mi querido Octaviano Griñán Gutiérrez, destacado miembro de mi guardia personal en el Palacio de El Pardo.

Qué cálidos recuerdos de su feliz niñez sería capaz de reivindicar hoy José Bono Martínez, hijo de un honrado alcalde falangista de El Salobre, en Albacete. 

O la ex ministra socialista Leire Pajín, nieta de los jefes del Movimiento falangista en Sabero (León) y que su abuelo paterno, Teófilo Pascual Pajín Tejerina, llegó incluso a recibir un premio de los Sindicatos Verticales franquistas en reconocimiento a su labor como administrativo de una mina. 

O Mariano Fernández Bermejo, ex ministro socialista de Justicia, hijo de un alcalde franquista, que era también jefe local de falange en Arenas de San Pedro (Ávila). 

O Carmen Romero, exesposa de Felipe González e hija del que fuera coronel médico del Ejército del Aire y concejal de Sevilla, Vicente Romero y Pérez de León, que luchó con honor y valentía en el bando nacional durante la guerra civil.

Aquellos españoles sirvieron a España con lealtad y devoción porque, felizmente para todos, estaban al servicio de un ideal supremo que aglutinaba a todos nuestros compatriotas, sin banderías ni bandos, sin discutir los unos con los otros, sin hechos diferenciales, sin ayudas a los de fuera antes que a los de casa, sin separatistas, sin bandas criminales internacionales, sin familias desestructuradas, sin impuestos abusivos, sin feministas rabiosas, sin políticos insaciables, sin el desdoro como forma de conducta, sin libertinaje. 
Lo que hicieron esos españoles, y los millones de españoles cuya memoria se pretende hoy proscribir del patrimonio emocional colectivo, fue trabajar para dar vida a la nación, aprovechando el agua que pudimos mediante la creación de pantanos, proyectando industrias derivadas del campo, buscando los hombres más idóneos para aumentar la producción. 
De ese modo es como levantamos un país: con honradez, con orden, con trabajo, con disciplina y con paz. 

Justamente los valores que vosotros, socialistas, no representáis ni habéis representado nunca, siendo ésta la causa principal de vuestro odio, de que pretendáis exhumar mi cadáver y enterrar al mismo tiempo el amoroso recuerdo de una España de la que no merecéis ni el aire que respiráis por traidores, que os empequeñece por no tener ni el más mínimo ápice de verguenza y os envilece tanto por envidiar a gentes de bien llena de unos valores humanos y éticos que jamás vosotros  tendréis ni en vuestros mejores sueños.
No sois dignos ni de lástima.

“Firmado” 
Francisco Franco Bahamonde