“¿SOY ACASO UN CRIMINAL?” (Cartas desde prisión / Pedro Varela) II

52085_bhakti_suratto_gelar_lomba_puisi_sastra_hijau_via_zainbie_com_777x325CARTA Nº 2

CARTAS DESDE LA PRISIÓN DE STEYR (Austria) 1992

“¿Soy acaso un criminal?”

16 de Noviembre 1992

“Los ideales son como las estrellas.
No los alcanzamos nunca,
Pero como el marino en alta mar
Dirigimos nuestro curso hacia ellos”.
[CARL STURZ]

Son muchos los que me preguntan qué delito he cometido, pues como es sabido, en prisión sólo entran delincuentes,¿no? Mi único crimen ha sido pronunciar un discurso. “¿Qué puede haber dicho Pedro Varela que sea considerado criminal?” —se preguntan
algunos—. He vuelto a releer varias veces este antiguo textoy no he podido encontrar ningún contenido criminal o inmoral, antes al contrario. Así que no entiendo porque he sido internado en prisión, o tal vez sí. El poder supone que si alguien no dice algo directamente negativo sobre la personalidad de Adolf Hitler —y como todo el mundo sabe “Hitler era un criminal”—, debe ser por lo tanto también un criminal. Pero con ello confunden causa y efecto.
¿Por qué suponen que si he dicho algo positivo sobre él soy tan asesino como él se supone que fue? ¿Por qué no deducen lo contrario, esto es, que si existen personas decentes que tienen opiniones positivas sobre esta personalidad histórica, tal vez tuvo Hitler, simplemente, facetas positivas?
En cualquier caso resulta muy cuestionable que cualquier tipo de discurso, sea cual fuere, tenga como consecuencia la persecución,

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Detención y encarcelamiento del orador.

Soy de la opinión de que la libertad de expresión ofrece seguridad, pues incluso a los locos se les debe permitir expresarse, de forma que sean reconocidos como tales. Pero si aquellos que toman la palabra muestran sinceridad y conocimiento, no van a confundir al público, antes al contrario lo conducirán por el camino de la verdad.
Puedo imaginarme que algunos lectores no estén de acuerdo conmigo. Es comprensible. Pero eso no quiere decir que no pueda entablar conversación con ellos o que nunca lleguemos a entendernos.
Tolerancia es un signo de sinceridad e inteligencia, pero también de convicción y seguridad en sí mismo. Fanáticos, en un sentido peyorativo de la palabra, son
aquellos que nunca están dispuestos a cambiar de tema, a mejorar sus conocimientos
y son incapaces de escuchar a los demás.
Con la expresión de mis pensamientos—y recuerdo bien cuales eran mis sinceras
intenciones—, sólo deseaba sembrar el amor entre la gente y despertar el deseo
de luchar de forma activa por ideales, esparciendo empatía y comprensión entre
las personas, fomentando el progreso de la Humanidad.
Algunos no entenderán cómo se puede contribuir con un discurso de este tipo a la verdad y la humanidad. Pero es porque, simplemente, carecen de la necesaria antena para captar mi mensaje. Un dicho español afirma que no hay nadie que no sea tenido por loco por alguien.
Bien, pongamos que soy uno de esos “locos”. Pero es sólo cuestión de tiempo que llegue a entenderse lo que afirmaba Leibnitz: “Los hombres son diferentes, pero la verdad es sólo una, y todos los que la buscan, da igual en que campo, se ayudan mutuamente”.
En el texto que sigue queda reflejado el idealismo que iluminaba nuestra juventud. Y la juventud suele despreciar las consecuencias de sus actos, en ello se encuentra precisamente su fuerza. Pero no olvidemos que el idealismo de la juventud posibilita la sabiduría de la madurez, y “un alma que a esa edad no deja entrever alguna esperanza de sus fuerzas, no ofrecerá más tarde prueba alguna de las mismas” (Montaigne).
De ahí que hoy no pueda criticar al joven Pedro Varela de entonces, incluso si, según el jurado en el proceso, hubiese sido mejor para mí. No me arrepiento de haber sido como era y como tal vezsiga siendo hoy. Da igual cuantas buenas cualidades poseamos, el
mundo de hoy sólo tendrá en cuenta nuestras opiniones punibles.
Igual es cierto que en cuestiones propias nadie puede ser juez de sí mismo. Pero me sigo sintiendo inocente; aunque se crea que castigar a un culpable sirve de ejemplo al populacho, lo cierto es que condenar a un inocente es cuestión que afecta a toda persona honesta
(La Bruyère). Un amigo me escribe: “quien se ve obligado a combatir convicciones políticas con la prisión, se juzga a sí mismo”. Yo os pregunto: en el supuesto de haber pronunciado un discurso laudatorio sobre Stalin, causante principal de la muerte de 40
millones de personas —como reconoce todo investigador serio—,  ¿me habría ocurrido lo mismo? ¡Evidentemente no!
Pero no hay que olvidar que los héroes del Este son tenidos por criminales en el Oeste (Hönecker, Ceaucescu, Tito, Husak, Jaruzelski, Ulbricht, etc.) y los héroes de ayer son los criminales de hoy (Churchill, Truman, Eisenhower, “Sir Bomber” Arthur Harris, etc.). La historia nos muestra, pues, que las personalidades históricas no pueden ser juzgadas con prisas si no deseamos cometer errores.
La Iglesia Católica, con una historia de vicisitudes sin fin dos veces milenaria (a pesar de lo cual se mantiene en pie), puede enseñarnos porque se pronuncia de forma tan extremadamente lenta incluso en asuntos de su propia incumbencia. No raramente ha necesitado cientos de años para sentenciar sobre la santidad de sus propios héroes
(Francisco de Asís, Santa Teresa de Ávila, Juana de Arco y ahora Isabel de Castilla…); pero también, es cierto, hasta rehabilitar a sus “enemigos” de entonces. Exactamente 350 años tras su muerte, es decir hace relativamente poco, el físico italiano Galileo Galilei (1564-
1642) ha sido finalmente rehabilitado. A la Iglesia se le puede achacar lo que se quiera, pero en absoluto que no haya sido prudente y sabia.
Exactamente lo contrario que nuestros actuales políticos. Tienen siempre prisa por demonizar hoy a sus enemigos de antaño, pero un día se avergonzarán de haberlo hecho.
Sólo una cosa se me podría echar en cara: no es recomendable expresar la propia opinión sobre un personaje histórico demasiado pronto. Es posible. Pero alguien debe empezar a hacerlo, de modo que ese “demasiado pronto” no se eternice. Corremos
de lo contrario el riesgo de llegar demasiado tarde, esto es, cuando ya no queden
auténticos europeos que puedan comprender el mensaje de dicho personaje e interesarse por la auténtica historia europea, extraer lo bueno para nuestro futuro y ayudar a solventar los problemas de nuestra sociedad actual.
Bien, ahora os invito a leer el discurso original que me ha traído a prisión,para que podáis juzgar por vosotros mismos

PEDRO VARELA,
[Prisión Garsten de Steyr (Alta Austria),
Noviembre de 1992]

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2 thoughts on ““¿SOY ACASO UN CRIMINAL?” (Cartas desde prisión / Pedro Varela) II

  1. Ramiro 23 junio, 2017 / 5:08 pm

    1. – Pedro, celebro que hayas vuelto a publicar, o re publicar, este texto, que es bien elocuente e instructivo.
    El que quiera entender, QUE ENTIENDA.

    2. – Tendrías que volver a publicar la cuenta de apoyo a la que únicamente tengas acceso tú, pues muchos pensamos que es preferible ayudarte a tí que gastar algún dinero en chorradas y consumismo absurdo.

    Ánimo y adelante, que están rodeados…

    Le gusta a 1 persona

    • Belinda López 26 junio, 2017 / 10:23 am

      Para ayudar a Pedro en una cuenta que él maneja, tienes la de ING que está publicada en este blog, PAYPAL: casabig@tuta.io.
      Y un APARTADO DE CORREOS: 34010 E- 08080 Barcelona

      Me gusta

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