Los mal llamados “delitos de odio”

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Detalle de una pancarta con la leyenda “Refugees Welcome” -“Refugiados, bienvenidos”, colocada en la fachada del Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid.

Siempre se había dicho que el pensamiento no delinque. A efectos penales solo deben contar las acciones que causan daño. Pero ahora se nos ha colado la extraña doctrina de que uno puede ser condenado por sentir odio hacia una persona o idea. Aquí viene lo bueno, pues no se trata de odio a cualquier persona o idea, sino solo las que no se consideran progresistas. Donosa parcialidad, enemiga del Derecho, pero es la que se impone como legítima. Por ejemplo, el machismo, la xenofobia o la llamada homofobia (rechazo de los homosexuales) son consideradas ideas punibles por parte de la izquierda. Me adelanto a precisar que también acepta esa aberrante doctrina una buena parte de la derecha, ahora tan acomplejada.

Si uno se atreve a enfrentarse dialécticamente contra ciertas prácticas del islamismo, eso es incitación al odio. Por ejemplo, la costumbre de la ablación del clítoris. Sin embargo, si uno ridiculiza las imágenes o las tradiciones católicas, tal conducta se considera plausible por los sectores dominantes de la opinión. Aun en la catolicísima COPE he oído (ahora dicen “escuchado”) que la historia del bautismo de Jesús en el río Jordán es una “leyenda”. Muchísimo más grave es que una drag queen (un maricón exhibicionista y grosero) se apreste a dar clases de Religión en un colegio, además de posar como Jesucristo en la cruz. Una conducta así me parece que sería odio con recochineo, pero socialmente se ve con cierta simpatía, o por lo menos originalidad, en aras de la dichosa libertad de expresión.

Aun así, entiendo que el odio sin más no debe ser objeto de sanción penal; bastaría con que la sanción fuera por parte de la sociedad. Es más, sostengo que en la España actual aflora el odio por todas partes, quizá como consecuencia de unas malas relaciones sociales. El odio se asocia normalmente al rencor y a la envidia. Son los hilos con los que se ha tejido durante siglos el tapiz español. Defínase uno como progresista o equivalente y ya son odiosos y odiadores todos los demás, vulgarmente los “fachas”.

Parece fácil tachar de xenófobo (desprecia a los extranjeros pobres) a Donald Trump por su extravagante idea del muro a lo largo del Río Grande. Pero ¿no son más o menos equivalentes otros muros, como las vallas de Ceuta y Melilla o las trabas que ponen los ingleses a los extranjeros que quieren trabajar en su país? El Ayuntamiento progresista de Madrid hace alarde del welcome refugees en la pancarta que ostenta la fachada del palacio de Cibeles. Pero ¿cuántos inmigrantes extranjeros trabajan en ese palacio, excluidos los empleados de la limpieza? Me gustaría que la alcaldesa proporcionara esa estadística. No debe de ser difícil de computarla.

Es fácil ver la paja del odio en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo grave es que con esa doctrina del odio como materia penal retrocedemos a los tiempos de la Inquisición o aún peores. Convendría que los eminentes juristas arrojaran alguna luz sobre tal retorcimiento de nuestro Derecho. Más que las leyes, debe preocupar la mentalidad prevalente sobre el particular, que a mí me parece sencillamente degenerada.

Amando de Miguel

http://www.alertadigital.com/2017/06/16/los-mal-llamados-delitos-de-odio/
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6 thoughts on “Los mal llamados “delitos de odio”

  1. signasupervestes 19 junio, 2017 / 7:57 pm

    Esa ley de Delito de Odio va contranatura, y además es imprecisa, ambigua y partidista ( política ) no he visto una sobreprotección, sin embargo, para los valores que custodian las raices de la democracia : la patria, la nación.
    Así, no se detecta patriafobia, p. p. un ej., si cabe el decirlo de esa manera, lo que ya sobreabunda en algo que es ilegítimo y excesivamente adulterado no menos que polémico.
    No podemos esperar más de un sistema que se basa en fomentar las mentiras y hechos ficticios como verdades absolutas.

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  2. Juan José 20 junio, 2017 / 2:57 pm

    Toda esa parafernalia de los delitos de odio está pensada para los disidentes del $istema, si eres politicamente correcto, no tienes nada que temer.
    Es igual que la que se lía cada vez que muere un torero; parece que está mal visto sentirse aliviado cuando un torturador deja de torturar. En muchos casos es odio, en otras ( como en mi caso y en el mucha gente) es saber que al menos un perturbado asesino a sueldo no podrá joder mas.

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  3. Mª Luisa 21 junio, 2017 / 4:26 pm

    Me gustaría saber cuántos refugiados tiene alojados en su casa la Carmena……

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    • Frel 22 junio, 2017 / 8:23 pm

      En los dos chalets de lujo que tiene en uno de los barrios más lujosos de Madrid, ni siquiera se cruzará con “refugiados” por la calle, estos son solidarios solo con el dinero de los demás…así son de hipócritas…

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  4. Juan 24 junio, 2017 / 5:31 pm

    “Siempre se había dicho que el pensamiento no delinque” dice Amando de Miguel en el comienzo del artículo. Hasta ahora no a los efectos legales, pero en potencia sí para el católico en los actos de “pensamiento, palabra, obra y omisión”. Me decía un carmelita hace muchos años que “el pensamiento va y viene, no se está quieto, y el consentimiento es otra cosa”, es decir, que se peca, no por el pensamiento, sino por el consentimiento en el pensamiento, que es un acto libre de la voluntad.

    Los problemas espirituales han surgido de la aceptación de otras creencias, de la tolerancia religiosa, de tal modo que en nuestro tiempo se ha llegado al inmanentismo en el que la creencia de cada uno es válida si le satisface y a nadie más le importa. Esto ha degradado la moral de la sociedad, de forma que la política (no la ideología atea que es su soporte) ha entrado a legislar directamente en sustitución de la creencia. El resultado está a la vista.

    Hoy, 24 de junio, festividad de San Juan Bautista (el mayor de los varones nacidos de mujer, aunque el menor del Reino de los Cielos es mayor que él), siendo amigo del rey Herodes, fue sacrificado por decir la Verdad.

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  5. Juan José 26 junio, 2017 / 8:36 am

    Habla la fe.
    La Historia dice que esa festividad de san juan bautista ya existía con anterioridad: Jano abre las puertas de los hombres, coincidiendo con el solsticio de verano. En el siguiente solsticio de invierno, Jano abre las puertas de los dioses, y, ! oh caUsalidades de la vida ! , el cristianismo celebra al otro Juan. Curioso. Da que pensar, Plantea interrogantes.
    Cuando surge una nueva religión, surge tambien el problema de conseguir la mayor cantidad de adeptos posibles en el mínimo espacio de tiempo, ya que si no es así, corre el riesgo de desaparecer.
    El cristianismo recicla las antiguas festividades paganas, dándole denominación cristina, para así atraer prosélitos. No inventa nada en este sentido, participa de Ideas Religiosas presentes en la Humanidad desde hace milenios.
    Todo lo demás es fe, no Historia.
    Y en cuanto a que fue sacrificado por decir la verdad, los integristas fanatizados católicos, protestantes o calvinistas quemaron, torturaron y vejaron a miles de personas que no coincidían con la “verdad” oficial que esos mismos talibanes establecieron como única.
    Así que menos victimismo.
    Hoy en día tambien padecemos la inquisición de la verdad única; se queman libros, se veja a los disidentes, se les persigue; nada nuevo bajo el Sol.

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