Sembradores de odio

Dolores Ibárruri, la Pasionaria, durante su discurso celebrado en el campo de Mestalla el 23 de agosto de 1936
Dolores Ibárruri, la Pasionaria, durante su discurso celebrado en el campo de Mestalla el 23 de agosto de 1936.

Hace veinte años conocí a un francés, ya entrado en la cincuentena e hijo de republicanos españoles exiliados, con quien tuve frecuentes conversaciones sobre la Guerra Civil, epicentro de su interés por la historia de España por evidentes motivos paternales. De previsible formación izquierdista, se aferraba al esquema habitual de una república democrática asaltada por la barbarie fascista. Además, para un nacido en Francia, la república representaba, lógicamente, el orden, la ley, el ejército, la patria, la grandeur, por lo que mis intentos por explicarle que a la Segunda República española le faltó todo eso y le sobró revolución, caos, crimen y disgregación nacional se estrellaron una y otra vez contra los prejuicios mamados desde su republicana cuna.

Hasta que un día algún conocido, igualmente izquierdista pero en versión hispánica, le prestó unos viejos volúmenes encuadernados de El Socialista y Renovación, órganos del PSOE y de las Juventudes Socialistas. Aquel fue su camino de Damasco, pues pudo tocar con sus manos y comprobar con sus ojos, en la fuente original, la zafiedad ideológica, la verborrea furiosa, la violencia, los insultos, las amenazas, el odio desatado en que consistía la izquierda española de hace ochenta años. Y comprendió de golpe que aquello no tenía nada que ver con el republicanismo francés y que servidor no debía de andar muy desencaminado cuando intentaba explicarle que la Segunda República española no había sido otra cosa que una revolución bolchevique fracasada.

La interpretación marxista de aquel régimen consiste en justificar la radicalización de los partidos de izquierda porque las circunstancias sociales de la España de aquellos días eran de una pobreza, una desigualdad y una opresión inaguantables. Todo ello habría llevado a los izquierdistas a procurar la liberación de los parias de la tierra y a los marqueses, obispos y fascistas a pedir socorro a los militares para reinstaurar la opresión.

Pero los hechos desmienten el esquema marxista: España no era, ni mucho menos, el país más pobre de Europa; aquella época no fue, ni de lejos, la de mayor pobreza de la historia de España; la desigualdad social en España no se alejaba mucho de la existente en muchos otros países europeos; los españoles, salvo algunas excepciones en las zonas rurales de las provincias del sur, no sufrían de ninguna opresión equiparable, por ejemplo, a la sufrida por el campesinado ruso en los años inmediatos a 1917; y el sistema político español anterior a 1931, aun con todos sus defectos, no destacó, entre los demás países europeos, ni por su injusticia ni por su carácter liberticida. Por no hablar del resto del mundo, evidentemente, a años luz de Europa.

Y sin embargo, España, entre desórdenes, injusticias, desmanes, atentados, huelgas, revoluciones y crímenes políticos, acabó desembocando en el caos que prendió la chispa de la guerra civil. ¿Por qué no sucedió en otros países europeos o incluso en otros países de otros continentes? En primer lugar, no es cierto que no sucediera en otros países, pues a punto de sucumbir a la revolución comunista, como prolongación de la rusa, estuvieron Alemania, Finlandia y Hungría, y todos ellos acabaron resolviéndolo a tiros al precio de muchos miles de muertos.

Lo que sí es cierto es que España fue el único país europeo que siguió aquel mismo camino dos décadas después de la gran revolución bolchevique de 1917. Y el motivo fue la inaudita violencia, de palabra y obra, de unos dirigentes izquierdistas que no se cansaron de sembrar el odio, de apelar a la violencia, de predicar venganzas, de organizar revoluciones, de anunciar exterminios, de promover asesinatos, de desear guerras civiles. Eso sí, una vez derramada la gasolina y prendida la mecha, todos ellos, sin excepción, pusieron pies en polvorosa y traspasaron a los españoles las consecuencias de su incendio. Es fácil constatarlo: échese un vistazo a la prensa izquierdista de la época y compárese con lo que se publicaba en la derechista. No hay mejor método para comprender lo que sucedió en 1936, ese 1936 que la izquierda de hoy, sobre todo desde el infausto ZP, ansía resucitar ante la bobalicona parálisis de los gobernantes supuestamente derechistas.

Pero aquél no fue el único caso de siembra de odio en la historia reciente de España. ¿Por qué surgió el terrorismo etarra? ¿Porque las muy industrializadas y prósperas provincias vascas sufrían un paro inaguantable, a diferencia del resto de España, donde todo el mundo trabajaba? ¿Porque los muy acomodados vascos se morían de hambre, a diferencia del resto de España, donde todos reventaban de colesterol? ¿Porque sufrían una opresión política inhumana, a diferencia del resto de España, donde disfrutaban de un régimen político distinto? No, el motivo fue que muchos vascos prestaron oídos a quienes, siguiendo la estela de aquel gran mentecato de Sabino Arana, se inventaron soberanías originarias, invasiones visigóticas, hidalguías universales, invasiones castellanas, fueros inmemoriales, invasiones españolas, paraísos democráticos, invasiones franquistas y mil patrañas más. Y como los creadores de esas patrañas exigían odio mortal al eterno enemigo español, muchos ignorantes fanáticos les hicieron caso y empezaron a asesinar.

Lo mismo ha sucedido en Cataluña, la acaudalada Cataluña, la próspera Cataluña, la protegida locomotora industrial de España, la mimada por el desarrollismo franquista, la privilegiada por el régimen del 78. Pues desde aquel gran odiador inaugural que fue Prat de la Riba, el catalanismo lleva un siglo sembrando el odio a España y los españoles con constancia digna de mejor causa. Que si el Cid, que si Olivares, que si la invasión española de 1714, que si Franco, que si España nos roba…, el catálogo de imposturas para lavar el cerebro y envenenar los corazones de los catalanes no tiene fin. Y el resultado es el que forzosamente tenía que ser dada la ausencia de contestación vigorosa por parte de quienes tenían que haberla dado: cientos de miles de catalanes odian su condición de españoles y se la quieren quitar de encima.

Olvídense de interpretaciones marxistas: no se trata de problemas económicos, ni de enfrentamiento de clases, ni de conflictos coloniales, ni de opresiones nacionales, ni de ninguna de las mentiras con las que se intenta tapar la realidad. Los culpables de los graves problemas de España desde hace un siglo tienen nombres y apellidos.

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10 thoughts on “Sembradores de odio

  1. Jesus 5 junio, 2017 / 4:36 pm

    Bastante de acuerdo. La II Republica fue incapaz de contener el extremismo y la violencia de las facciones marxistas y anarquistas contra catolicos e identitarios transversales, aunque reprimio a sangre y fuego cualquier amago popular de cuestionar la propiedad de la tierra, o mejorar las condiciones laborales. La Republica no mostro ninguna compasion en Casas Viejas o en Asturias.

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    • Frel 6 junio, 2017 / 12:32 pm

      Así es, la II República fue una república burguesa que se dedicó a atacar por un lado a la identidad cultural y religiosa de España y por otro lado atacó a cualquier intento de revolución social o autogestión obrera, fue una república burguesa y masónica que no cuestionó la propiedad privada especulativa. La misma de la fotografía, la “Pasionaria” afirmó en 1936 que arrebatar el poder a la burguesía era de locos, con lo cual el engaño a los trabajadores fue mayúsculo(Comunistas burgueses como los llamaba George Orwell)..No sólo lo de Casas Viejas con los campesinos, también la huelga de la Telefónica de 1932 organizada por la CNT, el gobierno de “izquierdas” de la república encarceló a muchos obreros anarquistas a raíz de dicha huelga. Lo de Asturias de Octubre de 1934 fue una huelga política que organizó el PSOE contra el gobierno de la CEDA(Coalición radical-cedista) por el hecho de que la derecha estuviera en el poder, no fue por otro motivo, fue un golpe contra la propia república, en dicha huelga no hubo reivindicaciones laborales de ningún tipo, nuevamente la izquierda engañó a los trabajadores, utilizó a los mineros para llevar a cabo dicha huelga, incluso facciones anarquistas crearon una comuna parecida a la que hubo en París en 1871. Obviamente los que pagaron el pato fueron muchos de estos trabajadores utilizados sin escrúpulos por la izquierda, en especial por el PSOE.. Por eso no se entiende la propaganda de carácter progresista que desde después del franquismo se le está dando a dicho régimen republicano, lo ponen como si hubiera sido la panacea de la democracia y del progreso, de hecho la izquierda continúa utilizando la bandera “tricolor”, obviamente yo me río bastante cuando lo veo.

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    • Frel 6 junio, 2017 / 12:47 pm

      Más que incapaz de contener lo que hizo en gran parte fue promoverlo ya que los incívicos e incontrolados que atacaban a dichos símbolos religiosos e identitarios gozaban de bastante impunidad.

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  2. Juan 5 junio, 2017 / 9:49 pm

    Libertad Digital, 2017-05-14

    Las Cortes proclaman el derecho a profanar tumbas por motivos políticos

    Por Federico Jiménez Losantos

    NI UNO SOLO DE LOS 350 DIPUTADOS DEL CONGRESO VOTO “NO” A LA MOCION PARA DESENTERRAR A FRANCISCO FRANCO DEL VALLE DE LOS CAIDOS.

    NI UNO.

    Aunque no había ninguna posibilidad de que la moción fuera derrotada, nadie se atrevió a desafiar al partido, nadie rompió la disciplina de voto, nadie se atrevió a expresar con su voto lo que piensan e incluso dicen en privado, nadie, ni uno solo de esos 350 representantes de la Soberanía nacional, de todos los españoles, tiene la menor objeción a desenterrar, como forma de infamarlo, un cadáver, que lleva enterrado cuarenta y dos años, que fue el jefe militar y político del bando nacional y que si media España ha temido mientras estuvo en el poder, la otra media ha adorado durante casi cuatro décadas.

    El anterior Jefe del Estado fue enterrado en el Valle de los Caídos por decisión de su “sucesor a título de rey” Juan Carlos I de Borbón y del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, último secretario general de FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), el partido único creado por Franco y más conocido como Movimiento Nacional o ‘el Movimiento’. El Rey y Suárez fueron los principales artífices de la transición a la Democracia, en primer lugar mediante la votación en Cortes y posterior referéndum de la Ley para la reforma política que permitió la legalización de los partidos políticos, el Comunista incluido; después, con la celebración de elecciones libres en junio de 1977 y, por último y fundamental, con el debate, votación en Cortes y aprobación mediante referéndum nacional de la Constitución de 1978, redactada por consenso de los principales partidos y que, con sus 39 años de vigencia, es ya la más duradera de nuestra asendereada Historia.

    Ni una sola oveja abandonó el rebaño

    Nadie, ni uno solo de los 350 diputados, quiso recordar lo que Franco ha significado y todavía significa para buena parte de los españoles desde hace ochenta o cuarenta años, según se valore su vida o su herencia. Nadie se atrevió a decir que fueron los franquistas los que dejaron pacíficamente el Poder para compartirlo con otras fuerzas políticas, previa aprobación de una amnistía general para todos los delitos cometidos por cualquiera de los bandos durante la Guerra y la Dictadura posterior. Nadie puntualizó que el desenterramiento de Franco significará el entierro del prestigio exterior de España, basado en la pacífica Transición de la Dictadura a la Democracia.

    Tampoco nadie llamó la atención sobre el hecho de que ningún país europeo se dedica a sacar a los muertos de sus fosas por razones políticas. El regicida y dictador Cromwell tiene una estatua frente al Parlamento que asaltó con su tropa y cerró. Macron, liberal modelo para Rivera, que quiere, el muy cateto, hacer de Cuelgamuros otro Árlington, no tiene proyecto alguno para desenterrar al genocida Napoleón, ni a Pétain, ni a De Gaulle. Ningún país civilizado se plantea en el Parlamento profanar tumbas por motivos políticos. Eso supondría cambiar la política por el canibalismo.

    Por cierto, que el diccionario define así canibalismo: 1/ “acción o costumbre humana de comer carne de seres de su misma especie, generalmente de forma colectiva y siguiendo un ritual”. 2/ “Crueldad o ferocidad extrema de una persona con sus semejantes, en especial en el ámbito político”. ¡Perfecta definición para la necrofagia antifranquista!

    Otra vuelta de tuerca a la Desmemoria Histórica

    En fin, nadie se atrevió a salir de la ovina obediencia a unos jefes políticos que, salvo en un caso, han demostrado una vileza sólo superada por la estupidez. La excepción es Pablo Manuel Iglesias, que es el único que ha actuado de acuerdo con su canto a la Guerra Civil y su plan para que España sea una dictadura como la de sus criminales padrinos de Venezuela. Los tres que dicen que defienden el orden constitucional -PP, PSOE y Cs- se han comportado como golpistas históricos, “asaltatumbas” y “matadifuntos”. Si la Ley de Memoria Histórica de Zapatero, firmada por Juan Carlos I para hacerse perdonar su corrupción, fue un delito de lesa patria, su ampliación arbitraria, siniestra, sin paralelo en Europa, es un delito de lesa humanidad.

    Porque el Parlamento -no sé si los 350 lobos, cabras y, sobre todo, ovejas eran conscientes de ello- ha proclamado su derecho a imponer qué tumbas pueden ser vaciadas y profanadas por razones políticas. Esta vez, por consenso o consensuada abstención, es decir, por lealtad perruna al que pastorea el sueldo de sus necrófagas señorías. Mañana, igual que ha votado desenterrar a Franco, votará asaltar otra tumba; y podrá decidirlo un voto.

    Si las Cortes se han atrevido a votar algo sobre lo que no habían avisado en sus programas electorales, ni tienen derecho moral alguno a hacerlo, mañana o pasado volveremos a la terrible costumbre leninista de sacar a los generales y soldados “blancos” de sus tumbas y quemarlos muertos, ya que no les fue suficiente derrotarlos vivos, para sembrar el terror entre el pueblo llano, atónito ante el sacrilegio. Franco fue el general “blanco” que, a diferencia de los Kolchak y Denikin, consiguió derrotar a los comunistas. Cuarenta años después de muerto, los hijos de Largo Caballero, el “Lenin español”, han acaudillado heroicamente el asalto a su tumba. Les faltó aplaudirse unos a otros para darse ánimos, porque eso de provocar a los difuntos es actividad, no diré deporte, de muchísimo riesgo.

    El Terror político al rojo vivo

    En realidad, la votación y la unanimidad de los votantes obedecen a lo que Lenin instauró hace cien años desde su llegada al Poder: el Terror Rojo. En la España actual, el temor al ‘Qué-dirán-en-la-Sexta’ es superior a cualquier consideración ideológica o moral. De ahí la incomprensible, pero inolvidable, votación a favor de la profanación de la tumba de Franco, de Rivera y los ex-respetables diputados de Ciudadanos. De ahí la abstención del PP -incluido Pablo Casado- porque le da igual lo que aprueba o no, o sí, depende, según. A Rajoy pueden llamarle ladrón, pero franquista, jamás. ¡Soraya, dile a Mauricio que le diga a Ferreras que eso no lo toleramos!

    De los 350 “matamuertos” de las Cortes, no sé cuántos antifranquistas lo eran en vida de Franco. Muerto, ya se ve que todos. Los que lo fuimos antes de que Franco fuera enterrado, con el mismo derecho a que respeten sus huesos que todos los españoles, podemos recordar el peligro y el miedo que pasamos en compañía de casi nadie. Por eso, aquella mínima mayoría, que aún nos felicitamos por la democracia y la reconciliación nacional, sólo podemos sentir el más absoluto de los desprecios viendo gruñir al unísono, cuarenta años tarde, a tanto cerdito con tantísima nostalgia de jabalí.

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  3. Jesus 6 junio, 2017 / 2:40 pm

    Lo que esta ocurriendo en Venezuela, una guerra terrorista-sionista de baja intensidad, no va a pasar aqui en España.
    Tanto el gobierno como la oposicion acatan la autoridad mundial del sionismo, promulgando leyes que mutilan la libertad de expresion de los españoles. Por contra, Chavez rompio relaciones diplomaticas con Israel y expulso a su embajador.
    En lo demas, estoy completamente de acuerdo con Federico J. Losantos.

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    • Frel 12 junio, 2017 / 11:52 am

      Pero Hugo Chávez tenía fuertes contradicciones, como por ejemplo hacerse una fotografía(Muy orgulloso) delante de un retrato de Simón Bolívar “El libertador”, el lacayo de la masonería británica y francesa, el cual era un terrateniente que tenía esclavos trabajando para él, heredó de su padre tanto la tierra como los esclavos, o sea, era un capitalista esclavista. La llamada “Revolución Bolivariana” incluye el llamado “horror a la oligarquía”, es decir, defender la pertenencia de la tierra para los campesinos que la trabajan, la contradicción es bien clara(Yo lo llamaría también hipocresía), por eso cuando hablan de la Revolución Bolivariana o de la República Bolivariana de Venezuela es absurdo, dan ganas de reírse.
      Por otro lado Hugo Chávez se hacía llamar patriota socialista, hay que acordarse cuando este individuo llamaba “fascista” a Aznar(A un liberal), algo absurdo, puesto que un fascista es un socialista con inquietudes patrióticas, en teoría el fascista era él como buen patriota socialista que se consideraba. De esta forma se demuestra que Hugo Chávez utilizaba la palabra “fascista” para descalificar a sus adversarios(Muy probablemente desconocía el significado de dicho vocablo), utilizando de forma borreguil la neolengua del sistema heredada del stalinismo y utilizada sobre todo como sabemos por amplios sectores de la izquierda e incluso por algún que otro de la derecha liberal.
      Por lo demás, al margen de esa guerra terrorista-sionista de baja intensidad, en caso de que sea así, me gustaría saber si el actual presidente de Venezuela, el señor Maduro, su familia, amigos y todo el séquito de políticos están padeciendo las consecuencias de dicha guerra de baja intensidad, o es solamente la ciudadanía de la calle la que lo está padeciendo(Como ocurre en Cuba). Además hay que tener en cuenta que los EE.UU. es el principal socio comercial de Venezuela desde hace años, al negocio del petróleo me refiero.
      Para finalizar comentar las contradicciones y la hipocresía de los sectores de la izquierda española que apoya al régimen de Venezuela, se sabe que estos “bolivarianos” en Venezuela hacen constantes alusiones a la patria, al patriotismo cuando aquí gran parte de la izquierda es profundamente enemiga del concepto de patria, odia a su propia nación, a España. Como se ve la contradicción y la hipocresía son flagrantes.

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  4. Juan José 7 junio, 2017 / 3:18 pm

    Pero los mamarrachos de derechas seguirán votando al PP;es menos malo que el PSOE, dicen.
    Y cuelan con el aborto del PP,con la desmemoria histérica del PP, con todo lo que les haga.
    ¿Que esas leyes eran del PSOE?
    Pues con su mayoría absoluta las dejaron sin modificar,igual que estaban.
    Que no se quejen………
    Por otro lado, este señor ( es un decir) glorifica la traición del borbón ( cosa hereditaria en su dinastía), la democracia de pacotilla española y la constitución del 78, hechos vomitivos que no deberían ser festejados por hombres de bien.

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    • Frel 12 junio, 2017 / 10:43 am

      Pero ¿Qué se puede esperar del PP?, un partido como los demás controlado por las oligarquía financiera internacional, por este nefasto sistema de partidos y esa nefasta división Izquierda- derecha, este es el motivo por el cual cuando obtuvo mayoría absoluta no derogó ninguna de esas leyes. Al igual que las leyes de ideología de género(Incluyendo la ley integral de violencia de género, también votada a favor por el PP)con todo el daño que está causando a la sociedad. Estas leyes están impuestas por dichas élites y todos los partidos obedecen al amo sin rechistar, son muchos años de partitocracia para saber quien está detrás de este sistema y quien manda, a estas alturas quien no lo vea es porque no quiere.
      El PP al igual que el resto de los partidos son un fraude total.

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      • Juan José 13 junio, 2017 / 6:50 am

        ¿y qué se puede esperar de la gente de derechas? NADA bueno.

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  5. Juan José 10 junio, 2017 / 5:34 pm

    (Es la cuarta vez que intento publicar este comentario, disculpas si parezco reiterativo)

    Los mamarrachos de derechas seguirán votando al PP , es menos malo que el PSOE, dicen…
    Pero tragan con la ley del aborto, con la desmemoria histérica, y con todo lo que le echen.
    ¿que esas leyes eran del PSOE?
    Pues con su mayoría absoluta podían haberlas derogado, que los de derechas “de toda la vida” no refunfuñen tanto.
    Por otro lado, este señor (por decirlo suave) es uno de tantos demócratas-liberales tan a gusto con “su”$istema, glorificando la traición ( eso es genético en los borbones) del borbón, la estúpida democracia española, o tantas otras ideales tan ajenos y extraños al Nacional Socialismo o al Nacional Sindicalismo. NIngún hombre de bien debería festejar hechos como este artículo casposo y derechista.

    (¿Se publicará esta vez?)

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