Sembrar para destruir.

Arte destruido.

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6 thoughts on “Sembrar para destruir.

  1. Mª Luisa 28 abril, 2017 / 11:19 am

    Es que al final el integrismo se expande como una mancha de aceite, teniendo sus manifestaciones locales; es decir, en occidente son los “demócratas” y en oriente los islamistas.
    Dos collares para un mismo perro: Sión.

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  2. Mª Luisa 28 abril, 2017 / 3:49 pm

    Han borrado mis dos comentarios: a este artículo y al anterior. Me niego a creer que la Inquisición también anda por aquí, sobre todo porque no eran para nada ofensivos ¿¿¿¿¿puede alguien darme una explicación????

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      • Mª Luisa 28 abril, 2017 / 11:31 pm

        Gracias, ya están. Habrá sido algo raro….

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  3. Juan José 29 abril, 2017 / 5:45 pm

    Pues es cierto, los islamistas ( que solo reconocen lo que dice su libro “único”) tendrán un trabajo menos, aunque con lo poquísimo que la gente lee, y lo poco que entiende de lo que lee…
    La quema de libros es algo ciclíco en la Historia, no es exclusivo de nuestra época : con muy buenas intenciones algunos en la alta edad media y el renacimiento (para que no nos desviemos del buen camino marcado por la iglesia), pasando por las prohibiciones del antiguo régimen, hasta llegar a los tiempos que nos tocó vivir la democracia que te dice lo que debes leer y lo que no.
    Nada nuevo bajo el Sol.

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  4. Juan 1 mayo, 2017 / 10:30 am

    Desde luego que es así. En Cataluña concretamente, hay sectores políticos refrendados con votos de ciudadanos catalanes, que promueven el establecimiento del islamismo contra el carácter histórico español de Cataluña: ¡Antes moros que españoles! ¿Por qué es esto así, cuando el Islam solo ha estado históricamente presente en Cataluña como fuerza a combatir? ¿Qué hay de la Barcino romana? ¿No fue Barcelona arrasada por los musulmanes? ¿Qué hay detrás de todo esto? El Sionismo.

    Barcelona, capital del primer proyecto hispánico
    Publicado en “ABC” el 24-02-2014, por Ramón Baiget Viale de Montebello


    Mausoleo de Gala Placidia en Rávena (Italia)

    Ataúlfo y Gala Placidia podrían considerarse como los fundadores del primer intento de un reino godo en Hispania, como unidad política independiente de Roma y, por tanto, como los primeros reyes españoles. Su intento acabó consolidándose, tras el reino de Tolosa, en el gran Reino godo de Hispania, con capital en Toledo. Atúlfo no logró verlo, pero sí Gala Placidia, emperatriz viuda de Roma, al igual que Eurico regresaba a Hispania.

    El hecho de que no llegasen a ver consolidado el primer intento de dar un reino fijo a los godos en Hispania, no resta menos valor histórico a su gesta. Así, una buena parte de la historiografía considera a Ataúlfo y Gala Placidia como los primeros reyes, no sólo porque están en las listas de reyes hispanos en primer lugar y aparecen en innumerables gravados y cuadros de temas históricos, sino porque los historiadores los consideran unos personajes clave en la historia de España.

    El romance de novela entre Ataúlfo y Gala Placidia acentuó su carácter de mito, pero no por ello dejan de ser figuras reales que merecen un mayor reconocimiento y cuya gesta se debería tener más en cuenta de cara a una celebración el año que viene de la creación de España como reino. Si el 415 es el año que en Barcelona ponen la primera piedra del reino godo de España, el 2015 se cumplirá el 1.600 aniversario.

    Así, los datos reales son que en el 415 instauran su primera corte en Barcelona con el acuerdo del Emperador Honorio de Roma y el proyecto que iniciaron acabó consolidándose, muchos años después, tras muchos avatares, territorios cambiantes y guerras. Con Ataúlfo y Gala los Godos como pueblo, que llevaban vagando por toda Europa desde hacía muchas generaciones en busca de un lugar donde asentarse, logran por fin encontrar su sede definitiva, por la que sin embargo aún deberán luchar unos años más.

    Ya se desee considerar el nacimiento de España como unidad política independiente en el 415 o más tarde con las incursiones de Eurico, a caballo entre la Galia e Hispania o, incluso con Leovigildo en Toledo, lo cierto es que España nace como reino de los Godos y lo hace siglos antes de la creación de entidades hispánicas como Castilla, Cataluña, León o Aragón, productos de los avatares, circunstancias y dinastías de la reconquista cristiana, que buscaban la restauración del reino de España.

    Los «spagnuls» de Cataluña

    La huella de los godos en toda España y especialmente en Cataluña es indeleble. Están en el imaginario colectivo, en el arte, como la sede episcopal de Egara (Terrassa) y tras magníficas iglesias, los restos de la primera catedral de Barcelona, e incluso aun en el derecho catalán, en el que se encuentran figuras de clara influencia del derecho godo.

    La nobleza hispano Goda y las familias patricias son las que darán continuidad, tras la invasión musulmana del 711, a la transición y paso de lo que hoy es conocido como Cataluña. Es en la época carolingia en cuya marca Hispánica verá los albores de lo que mucho más tarde será Cataluña. Sus habitantes cristianos y aliados del rey franco contra los invasores musulmanes eran llamados por los francos «les spganuls». En esa continuidad destaca la familia hispano goda de Wifredo el Velloso que bajo los reyes carolingios consolida su dinastía condal. Muchas de las familias de la alta nobleza catalana medieval se preciaban de tener origen godo. Fuera ello o no cierto en todas, lo que demuestra es el interés legitimador y de prestigio que ellos veían de fundar sus raíces en el reino godo de Hispania.

    Los godos encuentran su tierra soñada

    Un pueblo en busca de una tierra hasta que la encuentra definitivamente en Hispania. Pueblo de la zona del Báltico, hacia el siglo III estaban en la zona de la actual Ucrania formando dos reinos: visigodos y otrogodos. Pueblo con empuje, iba invadiendo diferentes zonas del Imperio.

    Por esa presión, el emperador Aureliano les cede Dacia en el 271, zona al norte del Danubio con el Mar Negro a su derecha, más o menos la actual Rumanía y Moldavia, convirtiéndolos en colaboradores ocasionales del emperador romano.

    En el 332 el emperador Constantino los eleva a reino federado con Roma, época en la que se convierten al cristianismo, en su herejía arriana. De Dacia pasan a Transilvania y de allí a la zona entre los ríos Danubio y el Dniester y los ostrogodos entre el Dniester y el Don.

    Por la presión y derrota de los Hunos en el 377, los pueblos godos piden establecerse al otro lado del Danubio, en territorio romano. Allí empezaron los roces con quejas contra el Imperio por el trato recibido. Empiezan a invadir regiones del Imperio y se van instalando de forma precaria. Tracia, Panonia, y acaban derrotando al emperador Valente en Adrianápolis 378. Esta derrota es el punto de inflexión ya que se dan cuenta que el imperio ya no tiene capacidad de reacción ni de rehacerse.

    Alarico, rey de los Godos ayuda al emperador Teodosio (padre de Gala) y reclama ser nombrado Magister Militum, un alto cargo militar del imperio. Ni Teodosio ni sus hijos Arcadio y Honorio, que dividen el imperio entre oriente y occidente, se lo conceden.

    Barcino ofrece seguridad

    Ataca Constantinopla en el 397, se instalan en Ilira, hoy Albania y ex Yugoslavia, pero ya inquietos tenían otras ideas. En el 408 se establecen en Toscana. Roces con el Senado y diferencias irreconciliables con el Emperador Romano de Occidente , Honorio, hace que los Godos impusieron un breve «anti» emperador Átalo y tomaran Roma en el verano del 410, haciendo prisionera a la princesa Gala Placidia, hermana de Honorio. Tras arrasar Roma, se dirigen al sur con la intención de ir a las provincias romanas de África, el granero del Imperio. A fines del 410, muere Alarico y le sucede Ataúlfo.

    En tres largos años los godos van aun buscando una tierra y se instalan en la Galia. Se casa Ataúlfo con Gala en el 414. Se instalan en Burdeos, emplazamiento bastante inseguro para el pueblo. En el 415 deciden, por acuerdo con el emperador Honorio, instalarse en Barcelona con el objeto de, como reino federado, expulsar a los invasores de las provincias romanas de la Península, los suevos, vándalos y alanos.

    En el 418 y con el acuerdo con Roma se trasladan a la zona de Aquitania y fundan el reino de Tolosa. Ya en el 454 los godos empiezan a establecerse de nuevo en la Tarraconense al mando del rey Eurico y ya no sólo por acuerdo con el Emperador, es una segunda fase del asentamiento de los Godos en Hispania. Este paso a la Península se consolida definitivamente al caer el reino de Tolosa a manos de Clodoveo Rey de Francos que toma Tolosa en el 508. Tras un ligero interregno Leovigildo logra establecer y consolidar un reino godo definitivo en Hispania, con corte en Toledo.

    Invasión musulmana

    La historiografía española tiene una deuda con la fascinante época goda, la menos desarrollada frente a otras épocas que han causado más interés. La gran sociedad y cultura godas, que con el tiempo se mezcla con la romana de la península, dio grandes figuras del pensamiento, santos y magníficos edificios, todo ello truncado con la invasión musulmana.

    La importancia del reino Hispánico de los Godos, tratado entre otros por Ramón de Abadal y de Vinyals ha suscitado la investigación por parte de los historiadores europeos del periodo romano. Sin duda hay que estudiar más el paso de la entidad de tipo «provincia» romana a la entidad de tipo «reino independiente» federado con Roma.

    Como dice Abadal, la diversidad étnica, cambios de frontera, no desmerece que se considere al reino godo de Hispania la primera realidad política de unidad que no volverá a consolidarse de nuevo hasta el matrimonio de los Reyes católicos, en el que se refuerza el camino al Estado moderno y a la monarquía única.

    Esta apreciación nos debe hacer pensar en valorar y estudiar más la presencia goda en España. El gran legado artístico, legal, social, literario y hasta político, merecería un tratado en sí.

    Roma entregó Hispania

    El nuevo reino de Hispania resolvía dos grandes problemas para el acosado imperio, recientemente dividido en dos: Oriente y Occidente. Por un lado, encargaban al pueblo godo la expulsión de Hispania de los invasores Suevos, Vándalos y Alanos a cambio de obtener su anhelado reino y, por otro lado, dando Hispania a los Visigodos, Roma se deshacía de su permanente amenaza. Los Visigodos habían invadido el imperio y la misma Roma, que saquearon e incendiaron en el año 410, al mando de Alarico.

    Los godos invadían con su pueblo a cuestas en busca de un establecimiento que hacía años reclamaban al imperio, creando serios problemas, arrasando cosechas y ciudades para su mantenimiento. Intentaron su establecimiento en la península itálica y en el norte de áfrica, granero del imperio, lo que hubiera sido letal para Roma. Hispania era la solución mejor para ambas partes.

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