La invención de los “Delitos de Odio”por Pedro Varela. (“Cartas desde prisión” nº56 Febrero 2012)

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Una de las varias proposiciónes de diseño para la portada del libro de Pedro Varela “Cartas desde Prisión” secuestrado en 2016.

 

LA INVENCIÓN DE LOS “DELITOS DE ODIO” (I)

Los inspiradores del fiscal Aguilar y sus planes

 

Me preguntáis por el fiscal Aguilar y sus motivaciones. Pero no vale la pena perder mucho el tiempo con él. Más interesante resulta estudiar de dónde surge la ingeniería jurídica, ideológica y del lenguaje que impone esta legislación política, y poner al descubierto a quienes realmente promueven estos peligrosos cambios. El fiscal de ultraizquierda es sólo un ejecutor —servicial, entusiasta y militante, es cierto— de los amos que tiran la piedra y esconden la mano.

Intentemos, con nuestra carta de hoy, seguirle el hilo a quienes inventan los llamados “delitos de odio” y “discurso del odio”. El fiscal motorizado no es más que la terminal local de los que mandan.

Autores ya mencionados en estas páginas han tratado esta temática en sus obras. Tanto Israel Shamir en sus escritos, como el desaparecido Dr. William Pierce en sus programas radiofónicos, o el propio congresista Dr. David Duke en sus videodocumentales, han abordado la cuestión que nos ocupa. A ellos me remito con agradecimiento para ofreceros el presente resumen, que podéis ampliar leyendo sus magníficos libros de próxima aparición.

¿Qué y quién define “delitos de odio”?

Para llegar donde estamos hemos sufrido un asalto insistente al espíritu de nuestra Carta Magna a manos de académicos y juristas izquierdistas que quieren limitar lo que podemos decir y también cercenar los medios para proteger nuestro derecho a decirlo. Es por lo que cualquier cuestionamiento de los temas tabúes del Sistema, como dudar de las más delirantes afirmaciones sobre el Holocausto, realizar cualquier comentario sobre el evidente poder del lobby judío en los medios de comunicación de masas y la Alta Finanza internacional, mostrar la más mínima investigación científica de las evidentes diferencias raciales, cualquier afirmación pública que pudiera ofender al movimiento feminista y homosexual o a los inmigrantes extra-europeos, la menor insinuación a la importancia de cierta homogeneidad étnica para mantener la estabilidad social…; todo ello conlleva una respuesta tan intolerante, tan de mente estrecha y tan rencorosa de esa coalición, que prácticamente nadie se atreve a abrir la boca, y mucho menos a editar libros o publicar artículos de prensa que cuestionen en lo más mínimo sus dogmas.

El más pequeño comentario sobre uno cualquiera de los pilares de su plan para deconstruir Occidente supone un ataque a su condición.

Esa reacción fanática puede interpretarse como un signo de que aún temen a la población mentalmente despierta si un día llega a enfadarse en serio. Están atemorizados ante la posibilidad de que demasiados se den cuenta de lo que pretenden y se levanten decididos. Por eso se irritan cuando alguien como quien esto suscribe les pierde el temor y el respeto, que no se merecen. Así que es fundamental para ellos mantener confusos, desmoralizados y a la defensiva a nuestros pueblos y sus élites pensantes. Nuestra tarea cultural es, pues, levantar a nuestra gente contra esa coalición insana, ayudarle a que se informe lo suficiente para empezar a reflexionar por sí misma, aclararle las ideas, ayudarle a enderezar su pensamiento, imprimirle coraje moral y prepararla para que pase a la ofensiva.

La perversión de la ley

Cuando el propio establishment se pone fuera de la ley, muchos de estos depredadores pueden hacer de las suyas en la sociedad sin miedo a la ley —de hecho bajo la protección de la ley, con la cooperación del establishment legal—. Pero los ciudadanos no son libres de protegerse de ellos. La “forma” de la ley —la ficción de legalidad— protege a los depredadores, pero no a sus víctimas. Lo que estamos desarrollando hoy en Occidente es de hecho la peor de las situaciones posibles, donde el establishment legal, corrupto en su raíz, ha formado una alianza con los elementos antisociales más destructivos de nuestra sociedad; tenemos la colaboración de gobiernos crecientemente impopulares y los medios de comunicación de masas con los sionistas y grupos con intereses especiales que cuentan con obtener beneficios a expensas del público en general.

La base para esta nefasta colaboración es la continua desposesión de la mayoría blanca-europea por la coalición de homosexuales, feministas, pobres foráneos utilizados como carne de cañón biológico-social, y, por supuesto, los sionistas al mando de la coalición (1)

Nuestro corpus legislativo tradicional, la ley que se desarrolló con nuestra civilización, era un inconveniente para ellos. No era favorable a los homosexuales y otros desviados. No preveía cuotas de contingentes de no blancos a ser importados para la sustitución de nuestros no nacidos, no defendía la cultura de la muerte que supone la promoción legal del aborto de los por venir, y no observaba un estatus especial para los judíos que les otorgara la exención de toda crítica.

Por ello, los miembros de dicha coalición contra natura han estado trabajando duramente con el objeto de cambiar y corromper nuestro sistema legal y reemplazarlo con leyes más favorables para ellos. Y cuando el proceso de cambio y corrupción no es lo suficientemente rápido, pasan a otros métodos más expeditivos.

Los derechos que son indeseables para esta gente por la amenaza que suponen a su poder y a sus planes, son aquéllos que se especifican en la Constitución: nuestros derechos a la libertad de expresión e información. Son los derechos a los que más temen. Y ésos son los derechos contra los que usan medios extra-legales —y a veces incluso ilegales—. Es ese miedo a ser puestos en evidencia lo que les lleva a utilizar artimañas contra mí y otros críticos del establishment en el futuro.

Su última línea de defensa es la fuerza del Estado, la represión utilizando las instituciones del mismo. Si no pueden conseguir que te sientas mal —utilizando los habituales insultos arrojadizos— y calles, se vuelven hacia los políticos y les presionan con griterío histérico exigiéndoles leyes que hagan que calles.

Internet es casi el único lugar que queda donde uno puede discutir temas políticamente sensibles de forma abierta. Y eso vuelve locas a las grandes organizaciones sionistas de censura extra gubernamental. De ahí que se encuentren implementando la llamada “firma digital” para el “nuevo internet”, que acabará con el internet que conocemos. Nos lo venden asegurando que así será más seguro —para sus planes— pero “olvidan” añadir que eso supondrá una gran pérdida de libertad.

Puede que alguno piense: “Malo para la sociedad, pero no me afecta a mí”. Si eso es lo que pensáis, estáis equivocados —añade certeramente el Dr. Pierce (2)—. Si no te preocupa la política, la política acabará ocupándose de ti. Lo que está sucediendo tendrá consecuencias muy concretas, inmediatas y desagradables para muchos de nosotros.

Pronto darán una nueva vuelta de tuerca para abolir la libertad de expresión en Occidente. Nos dirán que es por nuestro bien. Pero es por su propio beneficio, no por el nuestro.

¿Cómo actúan? Ellos tienen un objetivo y para alcanzarlo diseñan los diversos peldaños previos para conseguirlos, al modo de una escalera.

Lógicamente no empiezan proponiendo a los cuatro vientos darle la vuelta a la sociedad como un calcetín o declarando poner todas nuestras tradiciones y valores patas arriba. Gradualmente se lo trabajan durante un período de 20 años, arrastrando a la gente paso a paso. Es como la conocida parábola de la rana. Si la pones de sopetón en una olla con agua hirviendo, dará un brinco y se salvará. Si por el contrario la metes en agua fría y pones las llamas a fuego lento, acabará cocinada.

Pongamos un ejemplo claro para todos citado por el Dr. Pierce. “Uno puede ver el mismo tipo de progresión en el asunto de la discriminación entre homosexuales y la mayoría heterosexual. Hace diez años la gente de la antidiscriminación ofrecía una visión cuidadosamente limitada de lo que quería alcanzar con lo de terminar con la discriminación relativa a los homosexuales. Decían que simplemente querían liberarse de las leyes que hacían ilegal la actividad homosexual. Simplemente querían que los homosexuales pudieran tener sus bares “gay” y sus saunas “gay”, y que pudieran besarse y sobarse en público sin ser molestados por la policía. Luego quisieron leyes que hicieran ilegal el rechazar dar trabajo a un homosexual o el rechazar alquilar un apartamento a una pareja homosexual. Un poco más tarde quisieron que las Fuerzas Armadas abolieran sus reglas contra los homosexuales en el servicio militar. Y ahora están exigiendo una falta total de discriminación entre homosexuales y heterosexuales, y también un final para la discriminación entre la homosexualidad y la heterosexualidad como paradigmas, como modelos de vida. Ahora la posición políticamente correcta es que la homosexualidad es una orientación y un estilo de vida tan natural y aceptable como la heterosexualidad y que no deberíamos distinguir de ninguna manera entre ambas” (3)-

Como es sabido, los peldaños han continuado avanzando para exigir los matrimonios homosexuales, posteriormente la adopción de bebés para parejas homosexuales y acabarán solicitando legalizar la pederastia para una más democrática liberación de los placeres individuales.

La mentalidad de los izquierdistas

En el núcleo de la personalidad izquierdista hay un grado excesivo de egoísmo —afirma Pierce— (4), que en los peores casos llega al narcisismo —a nivel local contamos con casos preclaros, como los jueces Santiago Vidal y Baltasar Garzón o nuestro ya habitual fiscal estrella Miguel Angel Aguilar—. Este egoísmo excesivo es una característica infantil. O lo que es lo mismo, es una característica normal en niños, pero cuando se da un crecimiento saludable retrocede al madurar el individuo. Una educación permisiva retarda el proceso normal de maduración.

Otro elemento importante de la personalidad de izquierda —relacionado con el egoísmo— es el resentimiento emparejado con la envidia. De ahí que anteriormente se la haya definido como la ideología del resentimiento. El izquierdista encuentra muy desagradable la noción de que haya gente más brillante que él, con mejor aspecto, más emprendedora, con más valores morales, con más cultura, con mayor capacidad artística, más capaz o con más éxito. Cualquier cosa superior les fastidia, la excelencia les fastidia, lo que no se deja nivelar igualitariamente les subleva.

Para ellos todo el que quiera, pueda o pretenda destacar entre el hombre-masa es contemplado como una amenaza, como una molestia irritante. Esta envidia y resentimiento es una forma de posponer hasta la vida adulta el tipo de resentimiento que un niño malcriado e indulgente consigo mismo podría sentir hacia un padre que no le dejara hacer exactamente lo que quiere.

Al igual que los niños mimados o los izquierdistas intolerantes, las feministas, homosexuales o quienes promueven la entrada masiva de inmigrantes extra-europeos ilegales y sin papeles son parte de esta coalición de malcriados que exige, según la campaña imperante, que se promulgue más legislación contra los llamados “delitos de odio”. Con ello la coalición obtendrá sin duda unos cuantos votos más.

¿Qué significa todo esto para el futuro?

Significa que el asalto de dicha coalición —y las instituciones del Estado por ellos conquistadas— contra nuestra libertad no amainará, antes al contrario, se intensificará conforme vean peligrar sus planes y prebendas, se hará más despiadado, más temerario y rozando la ilegalidad si con ello consiguen sus objetivos. El Sistema y los Amos tienen la decisión irrevocable de reprimir la disensión y de intimidar a todo crítico. Los inspiradores de la termitera global y su Nuevo Orden Mundial están decididos a continuar su camino. Han llegado hasta donde están utilizando subterfugios y engaños. Pero en último término, su objetivo de transformar un mundo de pueblos independientes en una única plantación global supondrá cambios radicales y sus trucos quedarán poco a poco en evidencia ante los siervos bajo control. De ahí que necesiten “fiscales del odio” —a quienes auguramos una tristemente magnífica carrera— y un control policial cada vez más crudo y parecido al que los mismos elegidos organizaron en la anterior URSS, que no fue sino el campo de pruebas de lo que nos preparan. Sus métodos son ahora más psicológicos y sofisticados, pero no varían de objetivo: destruir a las naciones y convertirlas en meras esclavas de los divinizados mercados y quienes están detrás.

Para lograrlo necesitan, como hicieron sus predecesores soviéticos, que los disidentes queden convertidos en “delincuentes”. Porque si alguno de estos disidentes ardiera interiormente y contagiara su calor a muchos otros, dicha convicción sin miedo y sin tacha podría acabar movilizando a las personas que les pusiera en evidencia. Sólo la mera idea de tener que rendir cuentas ante la población a la que traicionan les aterra. Quieren poner todos los medios a su alcance para asegurarse de que el plan tiene éxito. De ahí su implementación en todo Occidente de esa nueva figura de comisarios ideológicos a los que denominan “fiscales del odio”. Su misión es acusar a quienes les denuncian de intolerancia, precisamente la que ellos ejercen, auténtica chutzpah (*).

 

PEDRO VARELA  / Prisión de Brians / Febrero de 2012

 

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4 thoughts on “La invención de los “Delitos de Odio”por Pedro Varela. (“Cartas desde prisión” nº56 Febrero 2012)

  1. Pedro Benabarre Graus 10 febrero, 2017 / 12:04 pm

    Es la dura -y cruda- realidad, que muchos ya están empezando a sufrir en sus carnes, como el amigo Pedro.
    ¡Y que todos los disidentes empezaremos a sufrir pronto!

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  2. César 10 febrero, 2017 / 5:07 pm

    En España hay fuerzas de sobra para combatir esto, pero están todas desunidas.

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  3. Juan José 13 febrero, 2017 / 7:01 pm

    Como siempre, alto y claro.
    Y sin tapujos.

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  4. pepito grillo 12 marzo, 2017 / 6:03 pm

    Yo lo llamaría DELITOS DE OPINIÓN, aunque es cierto que es una figura rescata por el odio. en España ha quedado instaurado el delito de opinión, como en las dictaduras más totalitarias. Tenemos una democracia de chichinabo.

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