PEDRO VARELA: VÍCTIMA PRINCIPAL DE LA PERSECUCIÓN EN ESPAÑA ENTRE 1996 Y 2016 (Parte V)

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Portada del libro El pensamiento Wagneriano de Houston Stewart Chamberlain, editado por Ediciones Ojeda.

Cabe suponer que la jueza Pérez Franco no prevaricó y que si hubiera tenido la suficiente erudición sobre los temas que estaba juzgando no hubiera ordenado quemar, por ejemplo, El pensamiento wagneriano (12 ejemplares intervenidos), obra del pensador británico Houston Stewart Chamberlain, porque en la página 83 el autor se atrevió a escribir que “la influencia del judaísmo acelera y favorece el progreso de la degeneración empujando al hombre hacia un torbellino desenfrenado que no le deja tiempo ni para reconocerse ni para tomar conciencia de esta lamentable decadencia…” La cita procede del apartado “hechos probados”, en la angustiosa sentencia de 5 de marzo de 2010.

 

“De la escuela de la guerra de la vida. – Lo que no me mata, me hace más fuerte.” Esta frase de Nietzsche en El crepúsculo de los ídolos es idónea para explicar el estado de ánimo con que salió Pedro Varela de la prisón de Can Brians el 8 de marzo de 2012. “A partir de ahora redoblaré mis esfuerzos”, declaró tras mostrarse decidido a reanudar las actividades en su librería y a seguir luchando contra la represión. Un año más tarde, el 5 de marzo de 2013, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó a España a pagar 13.000 euros a Varela, pues entendió que la Audiencia Provincial de Barcelona debería haberle permitido preparar y ejercer su defensa de manera más efectiva y con mayor plazo de tiempo tras la sentencia del Tribunal Constitucional en 2007. Fue una victoria moral, pues el librero había solicitado 125.000 euros de indemnización. Los magistrados del Tribunal de Estrasburgo consideraron por unanimidad que “sólo se le permitió conocer de manera tardía el cambio de calificación” del delito por el que se le condenó a siete meses de cárcel.

El hecho de que La Librería Europa y su propietario hubieran sido capaces de continuar con los ciclos de conferencias y de reorganizar de nuevo sus actividades comerciales y culturales no gustó a sus enemigos. Una docena de esbirros encapuchados fueron enviados el 11 de marzo de 2014 a la calle Séneca. Estos “valientes” se presentaron en la librería sobre las diez y media de la mañana y a plena luz del día, con la insolencia de quien se sabe impune, comenzaron el ataque: desde la calle rompieron las cristaleras de los escaparates con objetos contundentes y luego arrojaron botes de pintura contra libros y mobiliario. Por fortuna, el personal de la librería no fue agredido. Según testigos presenciales, el grupo era de unas veinte personas, pero sólo los encapuchados actuaron con violencia. Pedro Varela presentó denuncia ante los Mossos d’Esquadra, aunque con pocas esperanzas, por no decir ninguna, de que se detuviera a nadie, pues nunca antes hubo detenciones.

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Última edición del libro Mi lucha, editada por Ediciones Ojeda en 2016.

Alemania, el Estado que persigue a su propia sombra, no podía quedar al margen, sin participar en el acoso al librero y editor español. Su aparición en la persecución se produjo en febrero de 2009, fecha en que el Consulado General de Alemania en Barcelona presentó una denuncia contra Pedro Varela por comercializar Mein Kampf (Mi lucha) sin autorización del Estado de Baviera. La publicación de la obra en Alemania fue delito hasta el 30 de abril de 2015, fecha en que, setenta años después de la muerte de Hitler, el libro quedó bajo dominio público. Con este pretexto, el infatigable Miguel Ángel Aguilar, un jurista “progresista” de la camada de Baltasar Garzón, Santiago Vidal, José María Mena y otros por el estilo, conocido como “el fiscal del odio”, puesto que está al frente del Servicio contra delitos de Odio y Discriminación de la Fiscalía de Barcelona, acusó en septiembre de 2015 a Pedro Varela por un delito contra la propiedad intelectual, delito que, dicho sea de paso, nada tiene que ver con el odio y la discriminación. El fiscal del odio pedía, sumiso, dos años de prisión para Varela, su inhabilitación por tres años como editor y comerciante y una multa de 10.800 euros por editar el libro sin autorización ni licencia, pese a saber que los derechos de la obra pertenecían al Estado alemán de Baviera en virtud de una sentencia de la Cámara de Justicia de Múnich. Además, reclamaba otra multa de 216.000 euros y una indemnización de 67.637 euros al Estado de Baviera.

paula y denaud
Paula Hitler y François Genoud.

Sobre los derechos de la obra de Hitler, sabemos que Paula Hitler, la hermana del “Führer”, había confiado a François Genoud, “Sheik François” (ver nota 19), la gestión editorial de numerosos textos de su hermano, incluido Mein Kampf. El banquero suizo estaba trabajando en la redacción de un acuerdo global con ella para hacerse con los derechos de toda la obra de Adolf Hitler, pero Paula murió en 1960. Ya entonces, las autoridades bávaras, que se habían apoderado del contrato entre Hitler y la casa editorial del NSDAP (Franz Eher Verlag), reivindicaban ansiosas los derechos para el Estado de Baviera.

Sea como fuere, el odio hacia Pedro Varela debería constar entre los hechos probados, puesto que Mein Kampf se ha vendido y se está vendiendo en todo el mundo. En India, por ejemplo, Hitler es un autor de culto. Su famosa obra se ha convertido en un clásico que desde hace tiempo es un éxito de ventas. Puede comprarse en tenderetes callejeros y de vez en vez se sitúa en la lista de los diez libros más vendidos. El abogado de Pedro Varela, Fernando Oriente, rechazó en su escrito de defensa que el Estado de Baviera y la República Federal de Alemania tuvieran o hubieran tenido los derechos y argumentó que el cónsul  alemán “carecía de cualquier legitimidad”. El letrado recordó que la primera edición del libro en España es de 1935 y que los derechos de autor de una persona fallecida antes del 7 de diciembre de 1987 son libres, tal y como se establece en un real decreto de 1996 sobre la Ley de Propiedad Intelectual. El abogado de Varela lamentó que la intención de Baviera fuera “actuar de censor del pensamiento, impidiendo la libre difusión de ideas que consagra la Constitución”.

Nos disponíamos a concluir, pero hemos leído en la edición de 28 de enero de 2016 de El País en Cataluña el siguiente titular: “El fiscal estudia el acto de un neonazi en la librería Europa”. En la noticia se lee: “el histórico líder ultraderechista Ernesto Milá presentará allí (en la librería Europa) su nuevo libro El tiempo del despertar, que ensalza el auge del nazismo.” Es decir, el fiscal del odio entiende que la presentación de un libro puede ser un acto criminal.

Después de haber enterrado a más de cien millones de víctimas del comunismo en todo el mundo, después de la opresión de esta ideología totalitaria en media Europa durante cincuenta años, disertar sobre los campeones comunistas sigue siendo “progresista”; pero si el conferenciante es “un neonazi”, nos hallamos frente al mal absoluto, ante la apología del nacionalsocialismo, del odio racial, del antisemitismo.

Por desgracia, el revanchismo, el rencor y el odio están hoy al orden del día en España, pero anidan en los pechos de los “antifascistas”, siempre tan democráticos. Ochenta años después de la guerra civil, amparados en una Ley de Memoria Histórica que se utliza sectariamente para recordar sólo los crímenes de uno de los bandos en la contienda fratricida, los partidos de la llamada “izquierda progresista”, que han logrado el poder en los grandes ayuntamientos gracias a pactos de todos contra uno, se dedican a destruir monumentos, a quitar placas en memoria de religiosos fusilados, a cambiar los nombres de las calles… Cargados de razón y de superioridad moral, como de costumbre, exhiben una intolerancia y un fanatismo que atentan contra la concordia y la reconciliación entre los españoles, que parecían aseguradas gracias a la Constitución de 1978. Por ello, visto el ambiente que se respira, cabe sospechar que la persecución contra Pedro Varela no cesará.

 

Post Scriptum

Lamentablemente, meses después de haber redactado la última oración, nuestra sospecha se ha hecho realidad: habiendo ya concluido esta Historia proscrita, hemos conocido que el 7 de julio de 2016 entró en el Juzgado de Guardia (Juzgado de Instrucción número 18 de Barcelona una nueva querella presentada por el Ministerio Fiscal contra la Asociación Cultural Editorial Ojeda como persona jurídica y contra su vicepresidente Pedro Varela. Asimismo, la querella iba dirigida contra C.S.A.G., A.Z.C., y las dos secretarias de Varela,. La jueza Carmen García Martínez ordenó de inmediato medidas “cautelares urgentes”, las cuales incluían: el cese de las actividades de la Editorial Ojeda, la clausura de la Librería Europa y el bloqueo de las dos páginas web de la librería. Absurdamente, la Fiscalía del Odio de Barcelona se acogía al artículo 510.1 a, de la Constitución española, que alude a Derechos Fundamentales y Libertades Públicas, para proseguir su acoso despiadado contra Varela.

El viernes 8 de julio, los Mossos d’Esquadra detuvieron a las dependientas de Librería Europa, ambas de origen rumano, en sus respectivos domicilios familiares, y a los dos miembros de la Asociación Cultural Editorial Ojeda. Pedro Varela no se hallaba en la ciudad, puesto que había viajado con su hija menor y estaba de acampada en las montañas de algún lugar de España. Por la tarde se presentaron en la Librería Europa.

En el registo de la librería se decomisaron quince mil libros y los equipos informáticos. La Librería Europa quedó precintada. A las 7:00 de la misma mañana la policía catalana irrumpió asimismo en el domicilio de Pedro Varela. Además de los ordenadores, los agentes se apoderaron de todos los fondos en efectivo que guardaba en su casa.

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Fotografía policial en la que aparecen parte de los 15.000 libros secuestrados el 8 de julio de 2016.

Tras conocer que se había emitido una orden de busca y captura, Pedro  Varela emitió un comunicado en el que anunció que se presentaría en el juzgado, cosa que hizo el 15 de julio. Acompañado por sus abogados, el librero y editor llegó al Juzgado de Instrucción número nueve, que había emitido la orden de busca y captura. Se negó a declarar. El fiscal del odio, Miguel Ángel Aguilar, pidió su ingreso en prisión con el argumento de que existía riesgo de fuga y de que sus delitos eran reiterados. El juez dictó prisión eludible con una fianza de 30.000 euros, cantidad que Varela no pudo pagar. Luis Gómez y Javier Berzosa, los abogados, trataron de conseguir una rebaja. Argumentaron que su cliente no era un hombre rico y que no podía usar el dinero aprehendido por los Mossos d’Esquadra en su domicilio para hacer frente a la fianza. “Lo que tiene – precisó Berzosa- se lo llevaron en el registro de su casa”. De este modo, Varela ingresó en la cárcel Modelo de Barcelona.

Por fortuna, un amigo abonó el mismo día el depósito judicial y Pedro Varela pudo recobrar la libertad al anochecer.

En cuanto a las otras personas, después de pasar cuarenta y ocho horas detenidas, quedaron en libertad con cargos acusadas de promover el odio y la discriminación por participar en la “organización de conferencias en la librería donde se enaltece y justifica el genocidio nazi y se niega el Holocausto judío”. La Fiscalía pretendía encarcelar a los dos varones, el presidente y el tesorero de la Asociación Cultural Editorial Ojeda, pero el juez los dejó en libertad.

Cual es su sueño
Esteban Ibarra, ex miembro de la banda terrorista FRAP y ahora presidente de el Movimiento Contra la Intolerancia.

El 18 de julio, Esteban Ibarra, un supuesto adalid de la tolerancia que preside el Movimiento Contra la Intolerancia, una ONG que desde 1995 ha recibido cerca de siete millones de euros en subvenciones públicas (y cuantiosas ayudas del tiburón de las finanzas sionista George Soros), presentó querella contra Pedro Varela y los otros responsables de la librería y de la editorial. Ibarra anunció que iba a ejercer la acción popular y que contaba con la participación de la Federación de Comunidades Judías de España, la Liga Internacional Contra el Racismo (LICRA), la Comunidad Judía Bet Shalom de Barcelona, etc., etc.. Para acabar de rematar el linchamiento público contra un sólo hombre, el Ayuntamiento de Barcelona anunció por boca del teniente de alcalde Jaume Asens, responsable estatal de derechos humanos en Podemos, que el Ayuntamiento se personaría como acusación en la causa “por la ofensa a toda la ciudad”. Jaume Asens, un “antisistema” convertido en separatista, declaró que “la Librería Europa era el cuartel general de la extrema derecha en la ciudad”.

Durante el franquismo existía la censura, la cual servía de protección a los libreros, pues sabían qué obras no podían vender. Ahora no hay censura en España y ningún librero debería en teoría temer nada. Sin embargo, se persigue con saña a un empresario, un hombre capaz de “ofender a toda una ciudad” con la venta de libros. Mucho nos tememos que en esta ocasión los enemigos de Pedro Varela están decididos a encerrarlo para siempre en una cárcel de silencio.

Tras más de veinte años de persecución, Varela se ha convertido en un disidente legendario en España y en uno de los más tenaces de Europa.

Sus convicciones y su dignidad como persona quedan ejemplificadas en una actitud modélica de resistencia pacífica. Su lucha por la libertad de expresión y de pensamiento merece el reconocimiento no sólo de quienes compartimos sus puntos de vista revisionistas, sino de cuantos creen de veras en la libertad.

(Continuará)

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