PEDRO VARELA: VÍCTIMA PRINCIPAL DE LA PERSECUCIÓN EN ESPAÑA ENTRE 1996 Y 2016 (Parte II)

LA REPRESION DE LOS PROSCRITOS 3
Portada del libro “La Represión de los Proscritos”.

En 1991, unos años antes de que España se sometiera a las presiones exteriores para modificar su legislación, Pedro Varela había abierto en el número 12 de la calle Séneca las puertas de la Librería Europa. Desde allí trató de trabajar honradamente vendiendo libros; pero el fanatismo y la intolerancia de los adalides de “libertad de expresión” no iban a permitirlo: las pintadas con insultos en las paredes y cristaleras del establecimiento han sido desde entonces una constante y el comercio ha sido asaltado en varias ocasiones. Todo comenzó cuando en mayo de 1995, el mismo mes en que el Parlamento español aprobó la modificación del Código Penal, una autodenominada “Plataforma Cívica Ana Frank” trató de cambiar el nombre de la calle Séneca por el de la infortunada niña judía fallecida enferma de tifus en Bergen-Belsen. Curiosamente, el Ayuntamiento de Bergen había denegado con anterioridad que se pusiera el nombre de Ana Frank a una escuela y posteriormente se opuso también a que la calle que conduce al monumento recordatorio del campo llevara el nombre de la niña.

Esta mal llamada plataforma cívica entre el 12 de mayo de 1995 y el otoño de 1996 se dedicó a recoger firmas y a presionar a las doscientas treinta familias que vivían en la calle Séneca con la petición de que apoyaran el cambio de nombre de la calle. Los promotores no ocultaron que el fin de la campaña era “boicotear las actividades de la librería Europa”. Todo un ejemplo de respeto a la libertad de expresión (la suya, claro). Los grupos cívicos y, por supuesto, democráticos que formaban parte de la plataforma eran los habituales de izquierda y extrema izquierda. La calle Séneca perdió su tranquilidad y el vecindario tuvo que soportar demostraciones de violencia e intolerancia democráticas, i. e. pintadas con insultos, piedras, cócteles Mólotov, etc. Pedro Varela, con objeto de ofrecer a los vecinos y a la opinión pública en general información que pudiera ser contrastada con la que facilitaban los promotores del cambio de nombre de la calle, publicó en forma de carta circular un texto que había escrito mientras cursaba estudios de Historia Contemporánea en la Universidad. Se trataba de un texto que ofrecía con exactitud rigurosa una visión de conjunto o síntesis de los trabajos de Faurisson, Verbeke, Felderer e Irving sobre la falsificación literaria más fructífera y rentable del siglo XX. En dicho texto, el único escrito por Varela entre todos los presentados contra él por los Mossos d’Esquadra y la Fiscalía, no puede hallarse ninguna prueba de odio contra nadie.

 

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El juez D.Santiago Vidal y el fiscal D.José María Mena.

El 12 de diciembre de 1996, la policía catalana irrumpió en la Librería Europa. La hermana de Pedro Varela estaba trabajando en la tienda y su hija jugaba en un patio trasero del local. Los mossos se apoderaron de unos 20.900 libros, además de publicaciones periódicas, revistas, posters, vídeos… Posteriormente, Varela fue detenido en su domicilio familiar. La operación que, según informó El País, llevaba gestándose tres meses, fue ordenada a instancias de José María Mena, que en 1996 fue nombrado fiscal jefe de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Este jurista “progresista” que había sido en los años 70 militante del PSUC (comunistas catalanes), opinó que Varela “perseguía el odio y no una ideología”.

La información que el 13 de diciembre de 1996 apareció en El País, diario próximo a los socialistas españoles, fue un ejemplo de falta de objetividad: tras echar flores a los Mossos d’Esquadra por haber tenido el honor de ser “el primer cuerpo policial en España en detener a una persona por apología del genocidio”, el periódico, decía que la Librería Europa era un “centro de venta y distribución de libros nazis editados en países suramericanos”. Después, aseguraba que los vecinos del barrio de Gracia acogieron la detención con satisfacción y que el Ayuntamiento estudiaba comparecer en la causa como acusación particular. Culminaba confirmando que la Plataforma Cívica Ana Frank, la coordinadora Gay-Lesbiana, la Asociación Amical Mauthausen y SOS Racismo estaban todos muy satisfechos porque habían desmantelado “una trama neonazi que utilizaba la librería como tapadera.”

La instrucción del proceso se demoró casi dos años porque muchos de los libros incautados estaban en inglés, alemán y francés, por lo que la Fiscalía insistió en traducirlos para averiguar qué parte de sus contenidos violaban la ley. Finalmente, el titular del Juzgado de lo Penal nº 3 de Barcelona, Santiago Vidal, fijó el viernes 16 de octubre de 1998 para el inicio del primer juicio en España por apología del genocidio e incitación al odio racial. Tan pronto se supo la fecha, los promotores de Ana Frank, convertidos ya en Plataforma Civica contra la Difusión del Odio, convocaron una concentración contra Pedro Varela ante el edificio de los juzgados. Apoyaban la manifestación la logia B’nai B’rith, la Comunidad Israelita de Barcelona, la Fundación Baruch Spinoza, la Liga Antidifamación, Maccabi Barcelona, Asociación Judía Atid de Cataluña, Asociación de Relaciones Culturales Cataluña-Israel, Amical Mauthausen, Coordinadora Gai-Lesbiana, Sos Racismo y Unión Romaní. Los participantes llevaban ataúdes de cartón y velas en recuerdo de las víctimas. Evidentemente, la finalidad de montar un espectáculo en la calle era ejercer presión social y política.

Las dos sesiones del juicio se celebraron los días 16 y 17 de octubre. Asistió en calidad de observador Shimon Samuel, presidente del Centro Wiesenthal de Europa, que iba escoltado por agentes y acompañado de cámaras de la televisión israelí. “Este proceso -declaró- es una oportunidad histórica para que España se sume a la jurisprudencia europea y condene al padrino español del neonazismo.” El fiscal citó una treintena de obras vendidas en la Librería Europa que elogiaban el Tercer Reich y sus políticas o que presentaban argumentos revisionistas sobre el tema del Holocausto. En la causa contra Varela se habían presentado para ejercer la acción popular la Comunitat Jueva Atid (futuro) de Catalunya, SOS Racismo y la Comunidad Israelí de Barcelona. Los dos abogados de Varela dejaron claro desde el principio que la ley bajo la cual se juzgaba a su cliente era inconstitucional, por lo que pidieron la suspensión y anulación del proceso. Durante más de cuatro horas se interrogó al librero, quien rechazó los cargos: “Nunca he provocado odio racial”, dijo ante la corte, y añadió que como historiador “tenía la obligación moral de decir la verdad”. En cuanto al revisionismo declaró:

“En mi opinión, la revisión de la historia es necesaria porque es un tema abierto y todo está sujeto a revisión. Los historiadores deben ser escépticos con respecto a todo y deben también revisar cuanto se ha dicho hasta ahora.”

En relación a los libros de su librería, explicó que no podía conocer los contenidos que albergaban los 232 títulos que tenía en su comercio y que no estaba obligado a ello. Señaló que en su establecimiento vendía libros de distintas ideologías y entre los autores mencionó al nacionalista vasco Sabino Arana, a Francisco de Quevedo y citó también El Capital de Marx. En cuanto al texto sobre Ana Frank, reconoció su autoría. En su declaración final dijo:

“Me ha tocado hacer el papel de malo de esta película como chivo expiatorio de una ‘alarma social’ (expresión utilizada por el fiscal) creada deliberadamente. Condeno, repruebo y ataco cualquier forma de genocidio. No soy genocida ni he asesinado a nadie. Nunca he deseado el genocidio de nadie ni el asesinato de ninguna minoría étnica o religiosa.”           

La acusación pública, que recordó que los hechos juzgados eran delito en la Unión Europea, pidió dos años de prisión por apología del genocidio y otros dos por incitación al odio racial. Ello, a pesar de que el apartado segundo del artículo 607 del nuevo Código Penal estipulaba que los delitos contemplados en dicho artículo se castigarían “con la pena de prisión de uno o dos años”. Por su parte, Jordi Galdeano, el abogado de SOS Racismo y de la Comunitat Jueva Atid de Catalunya, solicitó un condena ejemplarizante de ocho años de cárcel. “Lo que es delito y constituye un riesgo para la democracia -dijo- es la divulgación de una ideología que desprecia a ciertos colectivos.” El 16 de noviembre de 1998 el tribunal declaró a Varela culpable de incitación al odio racial y culpable asimismo por haber negado o justificado el genocidio. En consecuencia, el juez Santiago Vidal (22), que en su sentencia se refirió a Varela como “un licenciado universitario con brillante expediente académico experto en materias de revisionismo histórico”, lo sentenció a cinco años de prisión y a pagar una multa de 720.000 pesetas. Además, obligó a Varela a entregar el pasaporte y a comparecer cada més en el juzgado.

En cuanto a los 20.900 libros, se ordenó que fueran quemados, a pesar de que sólo treinta obras de las cerca de doscientas incautadas violaban la ley.

La condena, severísima, superaba lo previsto en el artículo 607.2 del Código Penal, lo que llevó a Galdeano a expresar su “íntima satisfacción”. Pedro Varela, por su parte, declaró que era “una sentencia política y una tremenda injusticia” y recordó que durante dos años, desde el registro policial a su librería hasta la celebración del juicio, se había creado una terrible presión. El 10 de diciembre de 1998, los abogados de Pedro Varela apelaron el veredicto y la sentencia, por lo que pudo evitar el ingreso en prisión en espera de la resolución de la corte de apelación.

 

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Detalle de uno de los escaparates después del asalto de Librería Europa. La utilización de huevos rellenos de pintura lanzados contra objetos y libros los dejaron inservibles.

Por si no se había ya ocasionado bastante daño al librero y a su actividad comercial durante dos años, se convocó una manifestación para el sábado 16 de enero de 1999 bajo los lemas: “Cerremos la librería Europa, jóvenes y trabajadores en lucha contra el fascismo.” “Contra el fascismo: Cerremos la librería nazi.” Dos días antes, el jueves 14 de enero, Maite Varela, la hermana de Pedro que trabajaba en el establecimiento, avisó a la Policía Nacional sobre lo que se estaba preparando y sobre el riesgo de que se produjera un ataque. El mismo día 16, sobre las 13:15 horas, se realizó una llamada a la policía autonómica y se explicó la situación al Departamento de Denuncias. A las 20:00 horas del sábado 16, amigos o conocidos de la Librería Europa denunciaron al 091 que la manifestación se dirigía hacia la calle Séneca. A las 20:30 se produjo el asalto a la librería. Para poder entrar y destrozar el comercio fue preciso reventar las dos persianas de entrada. Parte de los manifestantes se encapucharon, penetraron en el local y comenzó la destrucción: lunas, vitrinas, expositores, puertas, estanterías, fotocopiadoras, teléfono, extintor, escaleras, incluso algunas baldosas. Todo quedó arrasado. Una vez volcados los muebles, amontonaron los libros en el suelo con intención de quemarlos en el interior.

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Varios aspectos de parte de los destrozos ocasionados.

Al final, optaron por lanzar a la calle unos trescientos volúmenes y les prendieron fuego sobre el asfalto.

Lógicamente, algunos vecinos, que asistían asustados a las escenas de violencia, realizaron nuevas llamadas de auxilio, pero ningún cuerpo policial se presentó. En cuanto a la Guardia Urbana que escoltaba a los manifestantes, se retiraron cuando comenzó el asalto a la librería.

El País, adherido desde el principio al linchamiento público de un hombre que se defendía solo contra casi todos, dio la noticia con este titular: “Manifestación de 1.600 jóvenes para pedir el cierre de la librería Europa”. En el cuerpo de la noticia se decía: “La protesta discurrió pacíficamente, pero al llegar a la librería un grupo de manifestantes quemó unos libros que habían sacado del establecimiento, que sufrió pequeños destrozos.” Naturalmente, la noticia no iba ilustrada con fotografías, pues sólo una hubiera bastado para ver cómo quedó la librería tras sufrir “pequeños destrozos”. En una conocida expresión, Lenin calificó como “tontos útiles” a quienes son utilizados como instrumentos para una determinada causa o política. Parece evidente que los individuos que se encapucharon y arrasaron la librería eran terroristas políticos, probablemente pagados, que iban entre los “tontos útiles” disfrazados de “pacíficos manifestantes” al servicio del poder real.

(Continuará)

 

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5 thoughts on “PEDRO VARELA: VÍCTIMA PRINCIPAL DE LA PERSECUCIÓN EN ESPAÑA ENTRE 1996 Y 2016 (Parte II)

  1. Pedro Benabarre Graus 21 agosto, 2016 / 7:15 pm

    Acojonante. No tengo palabras.
    Lo triste del caso es que todo esto sucede ante la indiferencia general, cuándo no el silencio cómplice de la práctica totalidad de los medios de comunicación social.
    ¿Qué nos está pasando?
    Los españoles nos estamos suicidando democráticamente, se están cercenando todas nuestras libertades, y nadie se da cuenta.
    Y al que se da cuenta y lo denuncia, se le cierran todas las puertas…

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  2. Jesús 23 agosto, 2016 / 3:23 pm

    A causa de la persecución que está sufriendo Pedro Varela desde hace 25 años, muchas personas ajenas a CEDADE o al N.S, hemos llegado a concienciarnos de que la lucha de Pedro y su librería es la lucha de todos, para conservar nuestro derecho a la Libertad de Expresión.
    Personalmente opino que la acusación es muy poco consistente, sin asideros jurídicos, carente de fundamento, patética en extremo, y los acusadores, organizaciones sionistas de Catalunya, carecen de ningún otro apoyo que el de los siervos del colonialismo S.O.S RACISMO, la coordinadora LGTB, los seguidores del impostor Enric Marco, de Amical Mauthausen o el “tolerante” Esteban Ibarra.
    ¡Ánimo Pedro, esta batalla la vamos a ganar!

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    • Carlos 23 agosto, 2016 / 4:53 pm

      De acuerdo contigo.
      De cualquier forma, y visto como actúan los Mozos de Escuadra y la Fiscalía del Odio (que no contra el Odio), creo que sería mejor montar la librería en otro sitio: Zaragoza, a mitad de camino entre Madrid y Barcelona, Valencia o incluso Málaga.
      En Barcelona es evidente que le van a hacer la vida imposible, con base en cualquier pretexto.
      Y si no hay motivos para ello, los inventarán…
      ¡Ánimo Pedro, somos muchos los que estamos contigo!

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    • Frel 24 agosto, 2016 / 2:54 pm

      Así es, es un problema de todos, ya que el actual y nefasto sistema que nos gobierna está dispuesto a reprimir con la mayor contundencia a cualquier intento de auténtica disidencia, no se puede consentir que estos tiranos que dirigen esta falsa “democracia” y sus lacayos subvencionados repriman a quien piense de forma diferente, es injusto y no tiene lógica alguna.

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  3. Mª Luisa 23 agosto, 2016 / 10:05 pm

    Aún conociendo lo narrado, el solo hecho de volver a leer lo que pasó me ha revuelto las tripas porque continúa pasando. Esto requiere la unión entre todos quienes sabemos qué y quiénes se esconden tras la intolerancia buenista. Ahora es el momento de la unión, después discutiremos, porque si vamos dejando pasar esto sin hacer nada, llegará un momento en que no podremos mirarnos al espejo por sentir vergüenza de nosotros mismos.

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