PEDRO VARELA: VÍCTIMA PRINCIPAL DE LA PERSECUCIÓN EN ESPAÑA ENTRE 1996 Y 2016 (Parte I)

En España, los casos más descarados de persecución política a los revisionistas y de sumisión al sionismo en los tribunales de justicia se dan en Cataluña. Allí, por ejemplo, Pilar Rahola, definida como “basura sionista” por Antonio Baños, diputado de la CUP en el Parlament de Catalunya tras las elecciones autonómicas de 2015, se exhibe de manera impúdica, con desvergüenza absoluta, en los numerosos medios de comunicación que le ofrecen un día sí y otro también sus platós y micrófonos. Dirigente durante años de Equerra Republicana de Catalunya, partido de honda tradición masónica a lo largo de su historia, Rahola admitió en una entrevista a un medio digital independentista sus contactos con Israel. Cuando el periodista le preguntó si trabajaba de enlace entre el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y el Gobierno sionista. Su contestación fue esta: “la mejor respuesta que os puedo dar es que no os la doy. Permitidme que estas cosas queden en el terreno de la confidencialidad. No enseñaremos todas las cartas.” Cuando el periodista replicó: “entiendo que sí que se trabaja”, Rahola confirmó: “Hay informaciones demasiado sensibles para darlas… Trabajamos mucho y hablamos poco”. Es, pues, incuestionable, que el sionismo tiene en Cataluña un terreno bien abonado en el que se mueve con arrogancia gracias a la aquiescencia y el servilismo bochornoso de los medios de comunicación y a la complicidad de ciertos políticos independentistas.

En España, el caso más descarnado, la injusticia más sangrante, se ha cometido contra un librero y editor barcelonés, Pedro Varela, cuya lucha digna y honesta es conocida en todos los ambientes revisionistas internacionales. Su caso, sin embargo, no es el único, otros libreros y editores radicados en Cataluña han sido también víctimas del hostigamiento. Ramón Bau, Óscar Panadero, Carlos García y Juan Antonio Llopart son otros nombres que deben aparecer en este apartado, pues han sido perseguidos por publicar libros revisionistas o por opinar sobre temas políticos prohibidos que guardan relación con el revisionismo. Así, pues, dedicaremos el primer apartado de la persecución en España a Pedro Varela y a continuación presentaremos el segundo caso.

 

Pedro Varela, un librero honrado víctima del odio y la intolerancia sectaria

Sobre Pedro Varela escribiremos adecuadamente. Puesto que nuestra obra nace en España, conocemos sus penalidades perfectamente, hemos tenido acceso a información suficiente y podemos explicar el caso como merece. Su nombre está asociado a CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa), una organización de ideología nacionalsocialista creada en Barcelona en 1966. El primer congreso de este grupo se celebró en 1969 y Jorge Mota fue su primer presidente y a la vez director de la revista CEDADE. Durante estos primeros años fue creciendo la militancia y la organización se extendió por todas las regiones españolas con cincuenta delegaciones. Las agrupaciones de Cataluña llegaron incluso a exhibir la “senyera” catalana durante los años del franquismo. Pedro Varela accedió a la presidencia de CEDADE y a la dirección de la publicación en 1978.

CEDADE 1980 VII DIA DE LA FUERZA VALENCIA002 PEDRO
Pedro Varela durante un acto de CEDADE en Valencia en 1980.

Poco a poco las ideas revisionistas fueron convirtiéndose en base fundamental del ideario de Varela y de la organización que presidía. Contactó con Robert Faurisson y propició la publicación de un extracto del libro esencial de Arthur R. Butz. Asimismo, otros autores próximos al Institute for Historical Review, así como publicaciones y textos del IHR, fueron traducidos e introducidos en España gracias a CEDADE. En 1989, por ejemplo, CEDADE publicó en España el explosivo Informe Leuchter prologado por David Irving. Uno de los últimos actos de CEDADE tuvo lugar en Madrid en 1992, a donde confluyeron algunas personalidades revisionistas para reclamar el derecho irrenunciable de la libertad de expresión. Al encuentro asistieron Gerd Honsik, Thies Christophersen y otros perseguidos en sus países por opinar libremente. Debe considerarse que a estas alturas ya se habían celebrado los dos juicios contra Ernst Zündel en Toronto y que en Alemania las cosas iban de mal en peor. Finalmente, también en España fue creándose un nuevo marco legal similar al que se iba forjando en Europa, por lo que Pedro Varela anunció su renuncia a la presidencia de CEDADE y en octubre de 1993 la organización acabó desapareciendo.

Durante la década de 1980, Pedro Varela había ido comprometiéndose más y más con el revisionismo histórico, por lo que en 1988 llegó a viajar a Canadá para asistir en Toronto al segundo juicio contra Zündel. Allí se encontró con Faurisson, Irving, Zündel y otros revisionistas y tuvo ocasión de conocer personalmente a Fred Leuchter. También por estas fechas protagonizó junto a David Irving un acto de protesta en Berlín ante la sede de la televisión alemana. Con carteles en las manos en los que rezaba la inscripción “Historiadores alemanes, mentirosos y cobardes”, Varela e Irving se pusieron al frente de un grupo reducido de manifestantes que exigían el fin de la falsificación de la historia. Eran los años en que el revisionismo había logrado el éxito decisivo que supuso el peritaje del ingeniero Leuchter en Auschwitz. Al mismo tiempo, los enemigos de los revisionistas y de la verdad histórica se estaban radicalizando: como sabemos en 1989 Robert Faurisson fue víctima del atentado cobarde perpetrado por terroristas judíos, que le propinaron una paliza de muerte.

AUSTRIA PEDRO
Pedro Varela, el miércoles 16 de diciembre de 1992, durante el juicio al que fue sometido en Austria y del que resultó absuelto. Este veredicto, sin embargo, no ha sido tenido en cuenta en ninguno de sus procesos posteriores y sigue constando como antecedente lo que permitió su ingreso en prisión en el año 2010.

En marzo de 1991 Pedro Varela habló en alemán en el “Leuchter Kongress”, un encuentro celebrado al aire libre en Múnich que había sido organizado por Ernst Zündel. El 25 de septiembre de 1992, con treinta y cinco años, ideales, firmes convicciones, y mucha ilusión en su mochila, fue arrestado en Austria, país que visitaba en el contexto de una gira por Europa. El motivo de la detención fue que en una visita anterior había pronunciado un discurso en el que elogió la política de Hitler. La policía lo puso a disposición judicial y acabó encarcelado en la prisión de Steyr, un antiguo monasterio cisterciense, por el delito de propagar el nacionalsocialismo. Su correspondencia fue controlada. Antes de entregarle las cartas, eran traducidas al alemán con el fin de adjuntarlas al dossier del juicio por si podían servir como elementos inculpatorios. Estuvo tres meses entre rejas antes de ser presentado el miércoles 16 de diciembre de 1992 ante un tribunal con tres jueces y un jurado de ocho personas. Finalmente, fue sorprendentemente absuelto, pues se llegó a la conclusión de que el acusado no conocía las leyes austríacas, razón por la cual no podía saber que estaba delinquiendo cuando expresaba su opinión sobre una figura histórica.

En comparación con Austria o Alemania, España seguía siendo un oasis de libertad de expresión en una Europa cada vez más condescendiente con los lobbies judíos. En 1995, año en que Suiza y Bélgica promulgaron leyes antirraciales que pretendían combatir el “odio” y la “negación del Holocausto”, España emprendió por fin el mismo camino. El 11 de mayo de 1995 el Parlamento aprobó una revisión del Código Penal con el fin de equiparar la legislación española a la de ciertas naciones de Europa. En el preámbulo, la ley se justificaba así: “La proliferación en varios países europeos de incidentes de violencia racista y antisemítica, llevados a cabo bajo banderas y símbolos de ideología nazi, obliga a los Estados democráticos a emprender acciones decisivas para luchar contra…” Hemos apuntado ya que las leyes contra el “odio” y la “negación del Holocausto” en Europa no eran una consecuencia de la expresión espontánea o de la indignación justificada de la gente, sino el resultado de una campaña prefabricada y bien organizada al servicio del sionismo. Tres años más tarde, en junio de 1998, la Asociación Internacional de Juristas y Abogados Judíos volvió a pedir nuevas y más severas leyes contra el revisionismo del Holocausto.

(Seguirá)

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