¿Delito de odio o delito de pensamiento?‏

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En Barcelona se ha producido un gravísimo escándalo, un gravísimo suceso que no podemos dejar pasar por alto. La denominada fiscalía del odio de Cataluña, decide clausurar una librería, detener y amedrentar a sus empleados y perseguir a su dueño.

La Librería Europa lleva 25 años funcionando. Ha sido objeto de multitud de ataques y amenazas. Su único delito, vender libros que no son del gusto de todos, libros políticamente incorrectos y libros que en algunas ocasiones, ponen en duda o revisan la historia más reciente. No quiero hacer aquí una defensa de los títulos de los libros que allí se vendían. Supongo que habría buenos, malos o regulares. Ese no es el caso que nos ocupa.

Si existen libros “prohibidos” porque las autoridades entienden que no somos lo suficiente “maduros” para su lectura, compresión o asimilación, que el ministerio de cultura o quien corresponda, elabore un catalogo de libros prohibidos cuya venta ilegaliza, la traslade a editores y libreros y directamente prohíba su venta. Supongo que entre los textos susceptibles de ser prohibidos, estarían escritos de personajes como Sabino Arana o los fundadores del independentismo catalán, por su alto contenido de racismo, menosprecio y odio al español. Eso sí, importante que luego no nos vendan eso tan manido de la libertad de expresión. Todos empezamos a tener claro el concepto que se tiene de la libertad de expresión. Esta solo es posible si coincide con lo que la izquierda decide que es aceptable, en caso contrario, no solo se prohíben los títulos de determinados libros, sino que además se precinta y se cierra el establecimiento o librería y se persigue a sus propietarios y editores.

En forma casi paralela al cierre de la Librería Europa, la Audiencia Nacional absuelve al cantante del grupo “Def con dos” de enaltecer el terrorismo en twitter, descartando el tribunal que los tuits constituyan un delito de odio. De igual forma, el ayuntamiento de Madrid protege a uno de sus ediles cuyos tuits tampoco entienden sean ofensivos, y para mayor escarnio, su portavoz Rita Maestre, ya condenada por asaltar una capilla en la Universidad Complutense en tetas y agredir e insultar a los allí presentes, es mantenida en su puesto. O por no hablar de los titiriteros contratados por este mismo ayuntamiento en cuya obra “infantil”, se asesinaban curas, se ridiculizaban monjas y se hacia un juego de palabras para mayor gloria de ETA o Al Qaeda y cuya causa ha quedado archivada. Invito a todos a que lean los tuits del cantante y del concejal Zapata, repasen la causa judicial de Rita Maestre y si todavía les queda estomago, vean la obra de los titiriteros “infantiles” y después, en un acto de sinceridad con ustedes mismos, juzguen si no es odio todo lo que destila esta banda de golfos indocumentados.

El delito de odio es una tapadera para el delito de pensamiento, que es lo que verdaderamente persigue. El delito de odio no estaba pensado para ser aplicado a la izquierda, para ser aplicado a aquellos que lo inventaron. El delito de odio es la excusa perfecta para perseguir a todo aquel que no piense como ellos creen que debemos pensar. Forma parte de la “reeducación” silenciosa a la que estamos siendo sometidos de forma sistemática.

Vender libros no puede ser un delito, no se puede encarcelar o perseguir a persona alguna por tener una librería cuyos libros nadie está obligado a leer, nadie está obligado a comprar.
 
Los amantes de la libertad no pueden permanecer impasibles ante este atropello. Hoy es Pedro Varela, mañana podría ser cualquiera de nosotros. Bastaría con estar leyendo un libro que no sea del agrado de la “fiscalía del odio” de turno para ser detenido. Hoy son libreros, mañana serán lectores. Los mismos que hace cuarenta años presumían de demócratas y decían ir a Francia a adquirir determinados títulos o ver determinadas películas, son los mismos que ahora aplauden que se prohíban libros y por ende, que se prohíba su lectura y se cierren librerías.

No entiendo nada o quizá porque lo entiendo demasiado bien, esto no solo debería preocuparme a mí, debería preocuparnos a todos. Se empieza por libros y se acaba persiguiendo a todo aquel que discrepe. Nos hablan de libertad colectiva, limitando nuestra libertad individual.

 

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